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Pita Pinta: la gallina que sobrevivió gracias a León y a la pasión de un veterinario

De los valles leoneses a los gallineros de todo el mundo, la historia de la Pita Pinta Asturiana es un relato de preservación y dedicación
Pita Pinta, la raza que se salvó en las montañas leonesas.
Pita Pinta, la raza que se salvó en las montañas leonesas.

A finales de los años ochenta, en los parajes más remotos del norte de León, entre Pola de Gordón y la cordillera que une León con Asturias, un veterinario y biólogo recorría pueblos y aldeas en busca de ejemplares de gallinas que habían sobrevivido a la modernización de la avicultura. 

Allí encontró aves diferentes a las habituales, identificadas por los ganaderos como les pites d’enantes, con plumajes, carácter y rusticidad singulares. Fue el inicio de la historia de la Pita Pinta Asturiana, una raza que hoy simboliza el patrimonio vivo de Asturias.

De esos ejemplares surgieron cuatro variedades: pinta negra, roxa, abedul y blanca, destacando la variedad pinta por su coloración infrecuente y ancestral. Cada gallina portaba consigo siglos de historia, ligada al Arco Atlántico y al tronco atlántico de razas europeas, desde la Eusko-Oiloa vasca hasta las británicas del norte. Lo que parecía un hallazgo menor se convertiría en la piedra angular de un proyecto de conservación pionero.

De León a Asturias, un puente de preservación

Gracias a la iniciativa de Rafael Eguiño Marcos, los ejemplares leoneses viajaron a Asturias, donde comenzaron a difundirse entre ganaderos y criadores. La labor no se limitó a la reproducción: Eguiño documentó los fenotipos, estudió la genética y promovió la identidad de la raza, sentando las bases para la creación de la Asociación de Criadores de la Pita Pinta Asturiana (ACPPA) en 2003.

En 2004, el reconocimiento oficial llegó con la inclusión de la Pita Pinta en el Catálogo Oficial de Razas Españolas como autóctona y en peligro de extinción. Desde entonces, la gallina asturiana ha ido recuperando su presencia, no solo en la región, sino también en Europa, Estados Unidos y México. La rusticidad, la fertilidad y el carácter maternal de estas aves se convirtieron en un ejemplo de biodiversidad preservada.

La Pita Pinta, símbolo de identidad y tradición

Expuestas en certámenes avícolas desde 1997 y con su primera presentación internacional en 2000 en Nuremberg, estas gallinas se han convertido en mucho más que un recurso ganadero: son un emblema cultural, un vínculo entre la tradición rural y la conservación moderna. La raza no solo alimenta mesas y mercados; representa la memoria de un territorio que supo rescatar su riqueza natural a tiempo.

El hombre detrás de la historia

El descubrimiento y la conservación de la Pita Pinta tienen rostro propio: Rafael Eguiño Marcos. Su pasión, conocimiento y constancia permitieron que una especie que corría peligro de desaparecer encontrara un refugio y una segunda vida. Hoy, cada ejemplar de Pita Pinta que se cría en Asturias o más allá lleva consigo su legado.

El miércoles pasado, a los 70 años, Eguiño falleció en Gijón, dejando un profundo vacío en la comunidad avícola y científica. Amigos y colegas lo recuerdan como “el artífice del descubrimiento y recuperación de la Pita Pinta”, un hombre que combinó vocación, amor por la biodiversidad y entrega total a la preservación de un patrimonio vivo que perdurará más allá de su memoria.