Los supervivientes de Cerredo sostienen que la extracción de carbón era conocida: "Allí se sacaba carbón desde el primer día"
La investigación sobre el accidente registrado en la mina de Cerredo, en el concejo asturiano de Degaña, continúa sumando testimonios de quienes lograron sobrevivir a la explosión que costó la vida a cinco trabajadores leoneses: Jorge Carro, Rubén Robla, Amadeo Bernabé, Ibán Radio y David Álvarez. Los mineros que salieron con vida sostienen que la extracción de carbón formaba parte de la actividad cotidiana de la explotación y reclaman que se depuren todas las responsabilidades derivadas de lo ocurrido.
Según recoge La Nueva España, los supervivientes Rolando Prieto, David González, Abel García y David Álvarez Álvarez aseguran que el carbón se extraía de manera habitual y no como una actividad puntual o residual vinculada a los permisos existentes para la retirada de chatarra. Su versión contradice la idea de que la presencia de carbón pudiera obedecer únicamente a trabajos secundarios dentro de la explotación.
“Sacábamos carbón desde el primer día”
Abel García afirma con rotundidad que la extracción era una práctica asentada desde hacía años. “Sacábamos carbón desde el primer día”, señala el trabajador, quien asegura que esa actividad ya se desarrollaba antes del accidente mortal registrado en 2022, cuando la explotación pertenecía a Combayl, posteriormente convertida en Blue Solving, ambas vinculadas al entramado empresarial de Chus Mirantes.
El minero recuerda además la evolución de los trabajos en el interior de la mina. “En 2022 trabajábamos en el sexto piso, el año pasado en el tercero”, explica, insistiendo en que la actividad extractiva se mantuvo de forma continuada durante ese periodo.
Montañas de carbón visibles
Los supervivientes calculan que la producción alcanzaba aproximadamente las 50 toneladas diarias, lo que supondría cerca de 2.000 toneladas mensuales. Según relatan, el volumen de material acumulado era imposible de ocultar y resultaba evidente para cualquiera que visitara las instalaciones.
De acuerdo con la información publicada por La Nueva España, los trabajadores describen la existencia de grandes acopios de carbón tanto en el exterior como en otras zonas de la explotación. “Había pilas de carbón de 15 o 20 metros. ¿Cómo escondes tú esa mierda?”, afirma Rolando Prieto. El minero añade que aquellas acumulaciones alcanzaban dimensiones similares a las de un edificio y lanza una pregunta que, a su juicio, resulta determinante: “¿Pasas junto a esas pilas de carbón y no te preguntas de dónde salió?”.
Los trabajadores explican que inicialmente el material se trasladaba al exterior una vez por semana, aunque en la etapa final de actividad “se bajaba todos los días”, reflejando un ritmo de extracción cada vez más intenso.
Las inspecciones, bajo sospecha
Los supervivientes aseguran que siempre recibieron garantías de que la actividad desarrollada contaba con respaldo administrativo. “Todo estaba legal, que tenían todos los permisos. Supuestamente estaba todo en regla”, recuerdan que les trasladaban desde la empresa.
Sin embargo, también reconocen que las visitas de inspección eran conocidas con antelación. Según Abel García, la jornada previa a esas revisiones se dedicaba a acondicionar determinadas zonas de trabajo. “Eso nos hacía dudar y lo hablábamos entre nosotros, pero preguntabas y te decían que todo estaba bien”, relata.
Más allá de ello, algunos de los mineros sostienen que en determinadas ocasiones los inspectores ni siquiera accedían al interior de la explotación. “Se reunían con Casillas en el despacho y se iban a comer”, asegura Abel García en referencia a José Antonio Fernández Casillas, ingeniero de la mina.
“El que tenga que pagar, lo tiene que pagar”
Los supervivientes reclaman ahora que la investigación no se limite a la empresa explotadora y que analice también posibles responsabilidades técnicas y administrativas. Consideran que, si se acreditan fallos en las labores de supervisión o control, estos deben ser igualmente esclarecidos.
Las críticas alcanzan incluso a responsables políticos e institucionales. Aunque el presidente del Principado, Adrián Barbón, ha manifestado públicamente que se llegará hasta el final “caiga quien caiga”, algunos trabajadores muestran escepticismo sobre el resultado de ese compromiso. “No va a hacer nada, es político”, afirma Rolando Prieto.
Pese a ello, los cuatro supervivientes coinciden en una misma exigencia: que las conclusiones de la investigación determinen todas las responsabilidades que correspondan. “Tiene que haber responsables de Minas también porque ellos sabían perfectamente que no estábamos en las condiciones debidas”, sostienen. Y concluyen con una reclamación tajante: “El que tenga que pagar, lo tiene que pagar”.