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Yo quiero ser 'manola'

La joven Mencía Blanco Redondo debuta esta Semana Santa mientras el manual de estilo de Sonia Alonso sigue marcando el protocolo

La imagen de la ‘manola’ continúa siendo uno de los símbolos más reconocibles de la Semana Santa. Lejos de diluirse con el paso del tiempo, esta figura tradicional se mantiene viva gracias a la incorporación anual de nuevas participantes. Cada año, alrededor de una decena de mujeres se suman a los actos procesionales, garantizando así la continuidad de una estampa cargada de solemnidad y significado.

Entre los nuevos rostros de este año destaca el de Mencía Blanco Redondo, una joven que está viviendo su primera experiencia como ‘manola’.

El debut de Mencía, entre ilusión y responsabilidad

Para Mencía, este estreno supone mucho más que vestir el tradicional atuendo negro. Representa la asunción de un papel que combina tradición, estética y respeto por unas normas estrictas. Su incorporación refleja el relevo generacional que mantiene viva esta figura, en la que conviven juventud y legado.

Su presencia en tres actos procesionales distintos evidencia también el compromiso de las nuevas ‘manolas’, que no solo participan, sino que lo hacen con plena implicación en el desarrollo de la Semana Santa.

Un protocolo que no admite improvisaciones

La figura de la ‘manola’ no solo se define por su presencia, sino también por el cumplimiento riguroso de un protocolo. Estas normas están recogidas en el manual publicado en 2015 por la Cámara de Comercio, que sigue plenamente vigente.

El referente principal es la obra ‘Manolas, manual de estilo’, elaborada por la periodista Sonia Alonso, profundamente vinculada a la Semana Santa. Este documento detalla con precisión cada aspecto del atuendo y la conducta que deben seguir las participantes.

Vestimenta: elegancia sobria y uniforme

El manual establece que la ‘manola’ debe vestir un traje negro liso, de manga larga o francesa y con un largo por debajo de la rodilla. Se prohíben elementos como minifaldas, pantalones, transparencias o lentejuelas. El escote debe ser discreto, evitando hombros descubiertos o tirantes.

El corte del vestido ha de ser recto y ajustado, sin excesos, y en caso de frío únicamente se permite un abrigo de paño, quedando excluidas las pieles.

El calzado también responde a criterios concretos: zapatos negros cerrados, tipo salón, con tacón medio y sin adornos. Las medias, igualmente negras y lisas, completan una imagen uniforme.

La mantilla y los detalles marcan la diferencia

Uno de los elementos más característicos es la mantilla, que debe ir sujeta a los hombros y a la peineta de forma discreta. El broche, en tonos plateados o de bisutería, asegura su fijación en la nuca.

El peinado exige recogido en moño, sin excepciones, mientras que el maquillaje debe ser sobrio. En cuanto a las joyas, se prioriza la sencillez: perlas, piezas blancas o azabache, evitando elementos llamativos como los corales.

Tradición viva gracias al relevo generacional

La incorporación de jóvenes como Mencía Blanco Redondo confirma que la figura de la ‘manola’ no solo se conserva, sino que se proyecta hacia el futuro. Bajo la guía de normas estrictas pero asumidas con respeto, cada nueva participante contribuye a mantener intacta una de las imágenes más icónicas de la Semana Santa.

Así, entre tradición y renovación, las ‘manolas’ siguen desfilando año tras año, sosteniendo una herencia cultural que se transmite generación tras generación.