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Hacendera

Día a día parece que le voy cogiendo el tranquillo a esto de estar jubilado...
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Día a día parece que le voy cogiendo el tranquillo a esto de estar jubilado, lo de cobrar por respirar que les había contado. Es lo que viene a ser un vivir sin prisa pero sin quedarse quieto. Practico, a la vez que cumplo con los mandaos y otras responsabilidades adquiridas, observando la vida mientras ejerzo el callejeo, aunque estas semanas me tienen distraído las noticias que llegan de Oriente, y no precisamente de los Reyes Magos. Reconozco que esos hilos de información en directo que muchos diarios nacionales e internacionales, de reconocido prestigio como le gusta decir al amigo de las palabras olvidadas, dedican al discurrir minuto a minuto de la nueva guerra, son adictivos. Me falta tiempo para abrirlos en cualquier lugar y a cualquier hora, ya sea en el desvelo de la madrugada o, después de una buena caminata, en el sosiego de una terraza, a la sombra en estos días engañosos de inicio de primavera, con café con leche y tortilla poco hecha.

Lo que leo, siempre dando por supuesto que la realidad debe de ser bastante más abrupta, me tiene metido el susto en el cuerpo. Más allá del que ya tenía desde que a un ruso, con el poder de los zares y ansias de eternidad, le dio por invadir un país que había sido república soviética, en el que el despertar de aspiraciones europeas entraba en conflicto con el sentir de mucha población prorusa. Con la disculpa de defender a los que consideraba compatriotas, pero quizás pensando también en la conquista de tierras fértiles y pueblos con playas y puertos con vistas al Mar Negro, nos regaló una guerra sin visos de terminar después de más de cuatro años.

Volviendo más al Oriente. Don Donald y Don Benjamín (les pongo el "Don" delante del nombre por si el fragor de la narración me lleva al insulto que éste quede más liviano), en defensa de intereses que dicen que son de todos, han iniciado otra guerra en las tierras de la antigua Persia. Territorio de oro negro, gas, fertilizantes y minerales, a la vez que candidato a entrar en el club de los atómicos con sospechas de que emplearía esos artefactos en destruir países enteros. Por no olvidar su disciplinada siembra de dinero por el mundo para financiar grupos religiosos radicales afines y su capacidad para disolver protestas contra el régimen tirando de metralleta y patíbulo para asesinar, según algunas fuentes, a más de cuarenta mil compatriotas en solo unas semanas.

Dice la niña del Bierzo que nunca se sabe lo que puede dar una mata de habas, pero que esta tiene mala pinta. El americano, cual Imperator, parece que quiere regalarnos una serie de romanos por capítulos. Ya lleva varios: aranceles, Venezuela, Cuba, Groenlandia, Canadá y ahora Irán. El israelita, al estilo de Sauron de El Señor de los Anillos, nos ha entregado dos nuevas películas: la de Gaza y la del Líbano. Y no tiene pinta de que paren ahí.

Aunque parezca que la vida siempre va para adelante, cuando menos lo esperas se tuerce y te hace agachar el lomo para calentarte los pies y poder meter algo en la barriga

En lo que nos afecta desde la distancia tanta trastornadura entre mandatarios de estados con ejércitos invencibles, audaces e indestructibles, es en el bolsillo, en lo que yo llamo la Hacendera. No lo digo solo por lo que les comenté de tapar socavones con los calderos de la cernada. La abuela centenaria , en las visitas guiadas que nos hacía por pajares, cuadras, huertos, la caseta con los aperos de labranza, el cuarto del horno del pan, lo que fue el gallinero, la cuadra de los gochos y la cocina de curar la matanza, siempre decía lo mismo: ahí os queda todo para que podáis matar el hambre porque, aunque parezca que la vida siempre va para adelante, cuando menos lo esperas se tuerce y te hace agachar el lomo para calentarte los pies y poder meter algo en la barriga. Y ahí me veo yo en los momentos de peores noticias: criando vacas, limpiando los cerdos, segando a guadaña y encalcando la hierba seca en el pajar que así queda acomodao para dormir la siesta o ver el amanecer después de una noche de borrachera. ¡Ay, si los pajares hablaran!

No acierto a imaginar qué pueden decirse mandatarios que vienen de dar órdenes para lanzar andanadas de bombas sobre viviendas habitadas, barcos o búnkeres cuando se miran a los ojos

Tampoco hay que perder la esperanza. Suenan noticias de negociaciones. No acierto a imaginar qué pueden decirse mandatarios que vienen de dar órdenes para lanzar andanadas de bombas sobre viviendas habitadas, barcos o búnkeres cuando se miran a los ojos sentados a la misma mesa. Un "buenos días" con una sonrisa hipócrita sería lo más lógico, porque no merece otro calificativo quienes en nombre de la paz o de la religión del dios que cada uno tenga en la conciencia mandan hombres a matarse a tierras yermas luchando por causas que a la mayoría de ellos les resultan ajenas.

Hablando de negociaciones. Ya puedo coger el coche para ir a tomar un café en ese bar donde lo mismo te lo ponen con pasta y rosquilla que te atizan un plato de embutido con pan de pueblo. La Comisión de Fiestas de Villamanín, ahora Asociación, ha conseguido firmar la paz después de unos cuantos meses de incertidumbres en los que han debido de hilar fino con los dineros, las envidias y otros malquereres (han aparecido dos papeletas de dudosa reputación y otras tres han emprendido el camino del juzgado de lo penal), a base de sinceridad y renuncias. Un ejemplo de buen hacer en el que pueden mirarse los negociadores sentados a las mesas de Pakistán, de Washington o dónde quiera que se reúnan para ver si de una vez por todas a estos locos de las guerras les entra la cordura y nos dejan vivir en paz, criando niños que no saben que la leche sale de las tetas de una vaca o que las patatas fritas que les ponen con las hamburguesas nacieron en la tierra.