A por uvas
La suerte de vivir en León. Tenemos un mercado de la fruta, de tradición secular, que, en un entorno tan impresionante como nuestra Plaza Mayor, nos regala un festival de aromas y colores, especialmente, en primavera. Procuro disfrutarlo. Esta semana no pudo ser y fui a comprar al supermercado que hay cerca de mi casa. Uvas, concretamente. Uva blanca de mesa, de-las-de-toda-la-vida. Al menos, eso suponía.
¿Es rentable traerla hasta España? Parece que sí. ¿A pesar de los más de once mil kilómetros que nos separan?
Ya en casa, me doy cuenta de que en la etiqueta dice que el origen es Sudáfrica… Sentí confusión. La uva blanca que como, desde niño, venía de Alicante, Almería, Málaga; desde Italia, últimamente. No sabía que en Sudáfrica se producía uva blanca. Inevitable reflexión: ¿Es rentable traerla hasta España? Parece que sí. ¿A pesar de los más de once mil kilómetros que nos separan? Averiguar las razones está, fácilmente, a nuestro alcance. No hay que consultar páginas especializadas sobre el particular. Tan fácil como preguntarle a la aplicación de inteligencia artificial de tu teléfono móvil que, inmediatamente, te da una respuesta con varias opciones. Una de ellas tiene que ver con lo que se les paga a las personas que trabajan en la agricultura. En Sudáfrica el coste empresarial de un trabajador agrícola es de unos quinientos euros; en España, de unos dos mil euros mensuales.
Déjà vu. Hace años la industria de autopartes “se deslocalizó” de una orilla a otra del río Bravo. El salario de un trabajador de este sector, en México, era varias veces menor que el de un trabajador en Estados Unidos. De aquellos polvos, estos lodos (Trump).
No es justo (justo, no legal, que no es lo mismo), que un agricultor malagueño, almeriense, alicantino se quede fuera de mercado no por la calidad de su producto sino por factores ajenos a su ámbito de responsabilidad empresarial
Pero volvamos a las uvas. No es justo (justo, no legal, que no es lo mismo), que un agricultor malagueño, almeriense, alicantino se quede fuera de mercado no por la calidad de su producto sino por factores ajenos a su ámbito de responsabilidad empresarial. No, lógicamente, no es justo. Otra reflexión: el precio de la uva no sólo no ha bajado si no que no para de aumentar. Por tanto, no se observan ventajas para los consumidores españoles por consumir uvas sudafricanas; y, por el contrario, sí hay claras ventajas para quienes están detrás de estos negocios, cuyos beneficios económicos son multimillonarios. Pregúntale a la aplicación de inteligencia artificial de tu teléfono móvil y te dará datos concretos. Seguro que, también, como yo, alucinarás.
Poco a poco, nuestra industria, nuestra agricultura, nuestra ganadería se está debilitando en favor de otros intereses no siempre legítimos y pocas veces conocidos
En fin, esto no es razonable. Y, lamentablemente, ocurre cada vez más con más productos. Poco a poco, nuestra industria, nuestra agricultura, nuestra ganadería se está debilitando en favor de otros intereses no siempre legítimos y pocas veces conocidos. Tiene muchas consecuencias, y no solo económicas. También sociales y políticas. Uno es que la gente se harta, se enfada, deja de producir y se marcha: La-España-vaciada-y-tal…Otro, que es el terreno abonado para la irrupción de grupos a los que, comprensiblemente, se adhieren los damnificados por el fabuloso negocio de la globalización. Fabuloso para algunos, solo para algunos…
Esta semana, en misa, escuchando el salmo 2 me acordé de este asunto; el salmista se pregunta por qué los pueblos se pierden en proyectos vanos. Buena lectura, para pensar. El salmo 2 fue escrito, aproximadamente, diez mil años antes del nacimiento de Cristo. Órale: hoy como ayer. Efectivamente, hay demasiada hojarasca, demasiado humo, demasiado “proyecto vacío”...
Primero lo primero. Las buenas prácticas de administración de empresas y de comercio internacional ya ofrecen a nuestros responsables políticos y/o económicos herramientas probadas y suficientes para la defensa de nuestros intereses, de nuestra gente. No hacerlo es estar a por uvas.