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El pasado 23 de abril fue, como cada 23 de abril, el Día del Libro. Debido a tal acontecimiento adquirí, entre compras y presentes, varios textos de todo tipo. Uno de ellos fue "Cuentos completos" del gran Oscar Wilde, editado hace unos años por la editorial Valdemar. En él está el célebre relato "El fantasma de Canterville", en el cual unos americanos se mudan a cierto inmueble donde reside y asusta a los inquilinos un fantasma. Estos son el embajador de Estados Unidos y su familia. Debido a su gran cultura y formación, aparte de traer la modernidad del Nuevo Mundo consigo, a los nuevos residentes el terrorífico fantasma no les genera ningún terror; es más, debido a que todo le sale mal, les da cierta lástima. Esto me hizo pensar en cierta manera en el leonesismo, ese fantasma que con sus chirriantes cadenas, en forma de masa tuitera cargando contra la Junta de Castilla y León y las injusticias que esta genera en la región leonesa, avisa de lo que está por llegar; en el caso del cuento, un espectro espeluznante y, en nuestra tierra, un movimiento telúrico que hará tambalearse los cimientos de la comunidad autónoma. Al final, en el libro llega un envejecido espíritu del cual se compadece la única hija del embajador americano, y por aquí un leonesismo que nunca acaba de crecer y que empieza a generar cierta ternura hasta en Valladolid. Los jóvenes tendrán, en nuestra provincia, que empezar a engrasar esas cadenas.