Ausencias
Hoy les escribo con el corazón aún encogido por la triste e inesperada noticia del fallecimiento de Rogelio Ordóñez, compañero en estos oficios de opinión en Heraldo de León, conmilitón y yo esperaba que, finalmente, buen amigo, tantas conversaciones tenidas sobre el futuro de León y sobre el esquema territorial necesario para una adecuada representatividad en lo que deberá acabar siendo nueva autonomía para la provincia. Y tanta coincidencia en el planteamiento, que parecía salido de un único y común pensamiento.
Era Ordóñez un convencido, como yo mismo, de la necesidad de que el territorio, aparte de la población, esté representado en donde se deciden los destinos. Para ello el esquema comarcal, de concejos mayores y democracia directa, es la piedra angular donde debe descansar el sistema de elección de unas futuras Cortes Leonesas. Si se quiere vincular la gobernanza a la defensa del territorio, éste tiene que estar por fuerza representado, más allá de su significancia demográfica. No se trata de desdeñar el poder de las ciudades y de la presencia en los órganos de gobierno de la ciudadanía, pero hacer bascular el poder en los núcleos urbanos haría que el sistema se tornase centralista y avasallador del territorio. Justo como pasa ahora con la “metrópoli” vallisoletana, que absorbe, por obra y gracia del desgobierno de la Junta, una cantidad de recursos que no le son propios, vampirizando no solo a León, sino a buena parte del resto de la doliente autonomía.
Era Ordóñez un convencido, como yo mismo, de la necesidad de que el territorio, aparte de la población, esté representado en donde se deciden los destinos.
Y otra pata del asunto, la descentralización, el reparto de sedes institucionales a lo largo y ancho del territorio. Dar juego de esta manera a las comarcas que así encontrarían en los propios centros de gobierno motor de actividad económica y fijación de población. Estamos muy mal acostumbrados en la provincia a que todo dependa de la capital legionense y, subsidiariamente y en menor medida, de Ponferrada. Cambiar el esquema y acercar el gobierno y sus órganos a la ciudadanía y al rural contribuiría a la más que deseable cohesión territorial, la necesaria repoblación y a esa imprescindible cercanía de la que los ciudadanos, que se sienten solo administrados y contribuyentes, están huérfanos.
Todo esto, como esquema general, lo tenía Rogelio Ordóñez en la cabeza. Y espero que también en esa libreta que siempre le acompañaba. Pendientes, lo sé, han quedado artículos de opinión para este digital, en el que tuve el honor de introducirle, tras breve conversación con nuestro director, al que no dejo de agradecer su paciencia y complicidad.
Rogelio, amigo al fin, descansa en paz. Esa paz eterna de dejación y obligatorio asueto. Esa paz que hoy se ve en peligro por culpa de cabezas rectoras mal escogidas. En la memoria, resiliente, te tendremos como referente.
Forzosa era la elegía al amigo ausente, enjugar la pena del luto y buscar consuelo ante lo perdido, haciendo contraste con lo mucho ganado en conversaciones cómplices e intereses en común. Pero, a pocas horas ya de estas muy próximas elecciones autonómicas, toca hacer repaso de otras ausencias, que las ha habido clamorosas. Hablaré de los partidos de implantación nacional que se supone obtendrán representación holgada y “tocarán pelo”.
Forzosa era la elegía al amigo ausente, enjugar la pena del luto y buscar consuelo ante lo perdido, haciendo contraste con lo mucho ganado en conversaciones cómplices e intereses en común.
De entrada, ausencia de candidatos potentes. De acuerdo que Mañueco viene de ser presidente en minoría y dependiente del ala ultraderecha. Ha mejorado el estilo, habla de problemas con soltura y se cuida el cuerpo de todo lo que no sea “teleprompter”. Pero esa es su gran paradoja: oírle hablar de problemas que no ha dado un paso en solucionar su partido en el gobierno desde hace casi cuarenta años, un “Franco” de años. Esa maldita apariencia de candidez y asombro que hace entonar a los candidatos gobernantes el “ahora sí”. Poco le ha ayudado el “Ciego de Génova”, el “oscilobatiente” Feijóo, diciendo que a León hay que tomárselo en serio… lo único que se colige de semejante aserto es que hasta ahora se han tomado a León a pitorreo puro en do sostenido. Con el PP vamos a votar continuidad de ninguneo y unos incendios de Dios te ampare.
De Mínguez me da un poco de pereza hablar porque ni siquiera su partido se lo cree. Cuesta imaginar peor acierto de estrategia electoral que elegir al candidato de la circunscripción más pequeña. Aunque nadie es profeta en su tierra, tal parece, el “factor campo” ayuda siempre, y un “elegible” de un territorio más representativo parece que habría sido opción más ventajosa. Pero bueno, le habremos dado la batuta a Zapatero en esto también y así nos luce el pelo. Si Martínez obtiene un resultado como para salvar los muebles, será más bien por el efecto “burn out” (nunca mejor dicho) de Mañueco. En León se espera papirotazo, y merecido, que se ha metido en jardines “castellanoleoneses” absurdos, tantos charcos y los pisa todos.
Antes de seguir, y ya que hablo de un expresidente, considero urgente legislar sobre la conducta de los presidentes salientes. Soy bastante partidario de darles una pildorita de invisibilidad y que forzosamente desaparezcan del panorama. De los cuatro supervivientes, solo se libra de estar liándola “M. Rajoy”. Claro que ya “en vida” era especialista en marcarse “don tancredos” a diestro y siniestro, con que, ya felizmente jubilado, se limita a hacer el ridículo muy esporádicamente, actividad que casi le agradezco, que es bueno reírse de algo de vez en cuando. A González, Aznar y Zapatero los mandaba yo muy a gusto a cualquier isla desierta debajo de un cocotero, a ver si había suerte y alguno maduraba (ellos). Me parece que prefieren las puertas giratorias, la tenencia de viviendas y un nivel de influencia enfermizo del que tienen mala cura. Qué poca humildad y, encima, tan mal repartida.
Tras la grisura de los candidatos, la falta de talento en el “marketing”, carne de “meme”. Las “certezas” de Mañueco se convierten en “cenizas” o “cervezas”, cuando, además, la única certeza es un “más de lo mismo”.
Del cabeza de Vox, no es pereza. Es lástima por sus votantes. Estela de torpeza en sus actividades por León ha dejado. Candidato flojo, muy flojo, en un partido que ni siquiera debería presentarse a estos comicios, teniendo en cuenta que no cree en las autonomías. Colocarse fuera sería lo digno y no aprovechar los asideros del sistema. Aparte de que para esta gente la culpa de la subida del precio de los combustibles, del pan o de la lavandería es de la inmigración y no los sacamos de ahí. Tendrán la suerte de negociar el paquete completo, junto a Aragón y Extremadura, y pronto los veremos de nuevo incómodos teniendo que gobernar desde su pretendida esencia antisistema.
Tras la grisura de los candidatos, la falta de talento en el “marketing”, carne de “meme”. Las “certezas” de Mañueco se convierten en “cenizas” o “cervezas”, cuando, además, la única certeza es un “más de lo mismo”. Al “que no te estafen” de Vox le falta un “ellos”, así: “Que no te estafen ellos, déjanos a nosotros”. Y el “cambiemos el futuro” del PSOE, teniendo en cuenta que se empeñan en que no tengamos presente, pues es un poco duro de oír, la verdad.
En estos tres grandes partidos veo muy poca defensa del territorio, solo ganas de medrar a cuenta de los de siempre. Si aplicamos las mismas fórmulas, obtendremos los mismos resultados. En León podemos optar por cercanía, por proyecto de autonomía y por recuperar tradición en nuestra forma de gobernanza de lo próximo e inmediato. Cabe probar, siquiera por nuestra memoria, antes de que se nos olvide.
Y el domingo a votar, que no me entere yo.