Espalar
Afronto estas líneas desde una cierta resaca. No es etílica, que anda uno en la procura de un primer semestre seco, buscando encoger lorza y avivar espíritu de cara a la prometida primavera, y con ganas de no abotargarse en este invierno preelectoral, que va a estar repleto de chuminadas increíbles por parte de nuestros políticos. Ya andan en ello con no sé qué de drones suicidas, corredores atlánticos, medidas antiincendios forestales y zarandaja de autobombo a cuenta del sufrido contribuyente… tiempos raros estos, donde cumplir con la obligación parece hazaña homérica.
La resaca, más bien emocional, me viene del acto organizado por Heraldo de León con motivo de su primer aniversario de existencia y de la entrega de los Premios Compromiso. Edición ésta la primera y que espero lo sea de una larga serie. Ustedes y yo que lo veamos. Y veamos este apoyo de público y su calor que es, a la postre, lo que mayor borrachera me ha producido: saberse querido por gerencia y dirección de este medio, y estimado por la concurrencia de tantos invitados que se prestaron a mostrar su apoyo. Agradecimiento infinito ante tanto parabién.
Cumplida glosa del censo de premiados con la magnífica madreña de las hermanas Macho tienen ustedes en este digital. Todos meritorios, todos insignes, yo echando de menos algo de feminidad, pero...
Cumplida glosa del censo de premiados con la magnífica madreña de las hermanas Macho tienen ustedes en este digital. Todos meritorios, todos insignes, yo echando de menos algo de feminidad, pero, importante, todos con un mensaje común: a ver qué hacemos cada uno por León, por esta tierra que amamos, a la que tanto debemos y que nos estamos dejando morir. Toca apretar dientes, abandonar el lamento plañidero de este entierro prolongado, trabajar codo con codo y derribar las barreras que nos ponen por delante, aunque sea a testarazos.
Recoge mi compañera Marta Prieto anécdota contada por Fulgencio Fernández y que describe desavenencias entre dos vecinos de su infancia resueltas por el común afán de despejar de nieve el amenazado tejado de uno de ellos. O de cómo se pueden dar “pelillos a la mar”, aunque medie diferencia irreconciliable, en aras de un bien común superior. Lo razonable entre vecinos que se pueden sentir adversarios, pero nunca enemigos y, menos, con inquina.
Mira por dónde un mal trae un bien en el acuerdo de los afectados. Pero eso era en los tiempos en que cada cual miraba por el de al lado y se alegraba de su éxito, siendo éste también parte del propio.
Lleva nevando una buena temporada y aquí no espala ni dios. Pero es que me da que la nieve tiene hoy otra forma. Hoy sobre nuestras cabezas “nievan jambos” y “jambas”, que, en esto y sin haber paridad tampoco, también hay cuota parte.
Y nievan “jambos y jambas” en forma de políticos irresolutos, incapaces o hasta malintencionados. Se me han abierto las carnes con las últimas medidas para que los alquileres no suban, para que la vivienda alcance esa condición, negada por el mercado, de derecho inalienable. Subamos las deducciones en IRPF a los propietarios que tengan a bien no subir alquileres. O, directamente, eliminemos el epígrafe y que el rendimiento sea neto para los tenedores. El chiste ya se hace solo, y lo mismo a algún fondo buitre le sale a devolver. Perdonen la “boutade”.
En fin, a hacer de una vez lo que toca… seguimos con la pamplina de construir y construir, más que nada por la fotito de la entrega de las llaves a los afortunados.
Si tal y como se acapara vivienda, se acaparasen alimentos y medicinas, imagino que ya estaríamos viviendo alguna que otra algarada. Pues de la misma naturaleza vital es el alimento que la habitación.
En vez de forzar al alquiler a precios topados; a convertir la acumulación de inmuebles en inviable, vía carga fiscal progresiva a partir de tercera o cuarta vivienda; a prohibir taxativamente a empresas mercantiles a adquirir inmuebles para su explotación; a intervenir seriamente en el uso turístico explosivo en zonas tensionadas. En fin, a hacer de una vez lo que toca… seguimos con la pamplina de construir y construir, más que nada por la fotito de la entrega de las llaves a los afortunados. Esos que han tenido que irse a vivir a “casadiós” porque su barrio está cada vez más gentrificado y lleno de viviendas de uso turístico. Y eso, la teórica izquierda, que ya sabemos que viene la derecha y le vende hasta tu felpudo de protección oficial al buitre más fondo.
Y parece que, hablando de esto de la vivienda, se nos ponen siempre por delante grandes ciudades, pero es cuestión de escala. En León no andamos mucho mejor. Rozamos en la compra los 3000 euros por metro cuadrado en obra nueva en barrios no precisamente céntricos, y alquilar algo por menos de 700 “pavos” es ciencia ficción. Cansino creo que me pongo ya si digo que, a menos de veinte minutos de la capital, debe haber cerca de 10000 viviendas vacías. Autoridades de perfil y pocas ganas de ir a la repoblación. Antes bien, concentración y economía de escala en el gasto para mantener los pocos servicios.
Este próximo domingo 18 a las 12:30 horas, manifestación y cadena humana a partir del apeadero de La Asunción, mostrando clara y enérgicamente el desacuerdo con lo que parece la final puntilla al tren de cercanías.
Arrimo ahora esta ascua a una sardina vergonzosa en la que veo también mucha inacción en esos “jambos” que se nos nievan encima. Y no es otra que la de la integración del FEVE hasta la Estación de Matallana, que sería herramienta fundamental de articulación de un norte de la provincia residencial e industrial, unido con comodidad al centro de la ciudad y que permitiría repoblar con calidad, no solo con el cacareado 5G, que tampoco llega. Lo de ADIF ya es de juzgado de guardia, con el chorro de millones tirado al pozo de la propaganda.
Este próximo domingo 18 a las 12:30 horas, manifestación y cadena humana a partir del apeadero de La Asunción, mostrando clara y enérgicamente el desacuerdo con lo que parece la final puntilla al tren de cercanías. Desvergüenza de muchos políticos tibios y desfalco de lo público después de lo invertido y de lo mucho que podría venir a solucionar en cuanto a vivienda, trabajo y bienestar.
Pero claro, a éstos, que ya los teníamos que estar espalando de nuestros tejados, poco les importamos, salvo contadas excepciones, los leoneses. Por eso nos preparan un macrovertedero en san Justo de la Vega, una planta de biogás en Vidanes, otra de biomasa en Puente Castro, otro timo, por más que digan, de hidrógeno en La Robla (un auténtico “bluf” de ineficiencia energética), y otras instalaciones poco eficientes y negacionistas del cambio climático. Vamos a tener la sensación de vivir, los pocos que vayamos quedando, en un “pedo” permanente de fétidos gases, microcarbonilla flotante y permanente riesgo de “petardazo”, que no es broma la presión de 700 atmósferas con las que habría que tratar al hidrógeno para un mínimo rentable rendimiento energético.
Para León lleva nevando cuarenta años sin tregua. Yo veo llegada la hora de la pala y el ultimátum a esta caterva política que ha venido haciendo de mangas capirotes y de la promesa, burla.
Creo llegado el momento de arrancar de sus manos esa pala con la que nos han venido enterrando y, vueltos los papeles, empezar nosotros a espalar. En la común adversidad, por favor, encontremos acuerdo.