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Se nos echa encima otra "celebración" este 23 de abril, pretendido "Día de la Comunidad de Castilla y León"...
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Se nos echa encima otra “celebración” este 23 de abril, pretendido “Día de la Comunidad de Castilla y León”, en el que, hay que estar muy tontos, conmemoramos una derrota, la de la Batalla de Villalar, en la que las huestes de Carlos I, un rey sentido como extranjero (como todos los que después han sido), les dieron “pa’l pelo” a los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado. Lo del pelo me ha quedado muy castizo y hasta metafórico, que en esa misma fecha de la derrota fueron ajusticiados separando cabeza de tronco.

El caso es que este mito castellanista ha hecho fortuna a lo largo de la Historia, y aunque había más comunidades implicadas en el movimiento repartidas por nuestra geografía, la que ha acabado tomando protagonismo ha sido la causa castellana, calificada por algunos como “último suspiro de libertad”, como si antes la Corona de Castilla no se hubiese tomado la molestia de sojuzgar al Reino de León. El siglo XVIII y los movimientos “antiborbónico” y “antiilustración”, de afirmación nacional y búsqueda de representación de la sociedad civil, con autores como León de Arroyal, también contribuyeron bastante a la construcción del discurso liberador que se supone al movimiento de las Comunidades. La guinda del pastel, el mismísimo “Empecinado” buscando los restos de los héroes en la campa de Villalar. 

Los símbolos, los héroes, las mismas banderas, los mismos pendones pueden ser aireados y defendidos sucesivamente por ideologías adversarias

No seguiré con este discurso porque tiene uno a gala entender la Historia como algo orgánico. Los símbolos, los héroes, las mismas banderas, los mismos pendones pueden ser aireados y defendidos sucesivamente por ideologías adversarias. Hasta qué punto se ha hecho esto en el caso de los Comuneros da buena muestra el que bajo su espíritu se hayan concitado los ardores de voluntarios izquierdistas durante la Guerra Civil, el Batallón Comuneros de Castilla, y que hoy sea una figura potenciada por un gobierno autonómico que pasa olímpicamente de la identidad de buena parte de sus administrados, y que, desde una postura de derechas y monárquica, pretende representar valores similares a los de los malogrados, llamémosles así, héroes castellanos. Comprendan que el descreimiento no me quepa en el cuerpo. Y eso, con un Pollán diciendo que no va a Villalar porque es una fiesta colonizada por la izquierda, con esa idea que tiene la ultraderecha de que todo lo que huela a autogobierno e identidad, que no sea la españolísima, no es digno de respeto. 

Así que felicito a los castellanos en su día, pero yo aprovecharé para darme una vuelta y celebrar lo que, de verdad, merece la pena: Día del Libro, fiesta de la Cultura con mayúsculas. 

Más suerte van a tener en Ponferrada, al poder disfrutar con “Mägo de Oz”, que gustará o no, pero que es una banda de calidad contrastada y espectáculo solvente

Porque hablando de cultura, y con minúscula “caja ultrabaja”, nos trae Mañueco a actuar a León a un tal Omar Montes, trasunto de cantante, de “autotune” rampante, al que no deseo ningún mal, pero al que me habría gustado se hubiera dedicado al “kebab”, como su hábil progenitor, para dejar en paz a nuestros sangrantes oídos. Más suerte van a tener en Ponferrada, al poder disfrutar con “Mägo de Oz”, que gustará o no, pero que es una banda de calidad contrastada y espectáculo solvente. Queda claro que a la legionense le caben las más crueles venganzas por parte de la Junta. El año pasado ya “disfrutamos” con Juan Magán, cuyo “electrolatino” comparo sin ambages con maullido de gato escaldado. Para gustos, pero calidad: cero.

Matar al mensajero, mala praxis. Bastante para el músico que lo contraten y le paguen. Ahora, a sufrir la apisonadora sonora de un espectáculo bastante mediocre

Y siempre se me va la cabeza al año 2024, cuando la Junta de nuestros dolores comenzó con estos conciertos y actos festivos para el “Día de la Descomunidad”. Por aquel entonces los promotores del evento decidieron contar con un grupo local, brillante pero modesto, al que, seguramente, no le iban a pagar tan generosamente como a Magán o Montes, que nos salen estas bromas por casi doscientos mil pavos, con su moco y lo que cuelgue. Desde muy buena parte del leonesismo se presionó a aquella buena gente, “Prieto Picado” (calidad donde la haya), de modo y manera, con tales formas, que se vieron obligados, coaccionados, a renunciar al evento. Hay algo de “karma” aquí, con una buena dosis de dos o tres tazas para el que no quiso apurar una. Matar al mensajero, mala praxis. Bastante para el músico que lo contraten y le paguen. Ahora, a sufrir la apisonadora sonora de un espectáculo bastante mediocre.

Esta derecha retrógrada y que desprecia las manifestaciones culturales de calidad debe de considerar que poner nuestra música, valiosa, ya sea la de raíz o no, ni vende ni es popular

Porque esta Junta se gasta un buen pellizco del presupuesto en una, y entrecomillo, “Fundación para la Promoción de los Valores de Castilla y León”. En oportunidades como esta supuesta fiesta se podían gastar los cuartos en algo que sí fuera identitario o, por lo menos, de valor. Los máximos valores, ética y libertades aparte, son los culturales. Trabajar en favor de mantener vivo nuestro acervo sería una fantástica manera de reunir cultura, música, literatura y tradiciones, pero esto, claro, desde las altas esferas de nuestro gobierno autonómico se considera del género plúmbeo. Esta derecha retrógrada y que desprecia las manifestaciones culturales de calidad debe de considerar que poner nuestra música, valiosa, ya sea la de raíz o no, ni vende ni es popular. Prefiere colocarnos un estándar ramplón y sin sustancia, un producto caducado, aunque tenga millones de reproducciones en plataformas.

Y a mí esto me parece de un profundo simbolismo. Se nos vende un género adocenado, que se supone tendrá respuesta positiva, y aun masiva, por parte de la ciudadanía, sobre todo la más joven. El afán no es, desde luego, pedagógico. Antes bien, se trata de amodorrarnos colectivamente y que, encima, disfrutemos, o eso dicen, de un espectáculo con el que poco tenemos que ver como pueblo.

Si ese día, como yo, como muchos, usted no se siente identificado ni con los intérpretes ni con quien los ponen en solfa, acérquese a los libros

Si ese día, como yo, como muchos, usted no se siente identificado ni con los intérpretes ni con quien los ponen en solfa, acérquese a los libros. A títulos como “El mundo desde abajo: La odisea australiana de Rosendo Salvado”, Premio Altaïr de Literatura de Viajes, semblanza de un hombre adelantado claramente a su tiempo, del berciano Valentín Carrera. O a “El invierno siempre vuelve a la Montaña”, de Noemí Suárez, que debería servirnos cada mañana de reflexión para sacudirnos nuestro mortal y dañino pesimismo sobre el futuro que nos espera a los leoneses.

Y con esto último me quedo. El futuro no existe. Es algo que se construye. Si seguimos anclados en viejos esquemas, si damos por bueno que nos traigan payasos sin gracia para vendernos lo que no queremos, si sentimos indiferencia por lo que acabaremos siendo, entonces, sí… entonces nos quedaremos con lo mismo.

Dedicado, con cariño, a:

Marta Fierro, Sofía Miguélez, María Quiroga, Pilar Cañas, Juanjo Alonso y Guille Alonso, las personas detrás de “Prieto Picado”. Unas y unos que no se conforman.