Pedagogía
Vuelvo con la burra al trigo de la unidad de la izquierda, a petición de algún lector, y, sin embargo, aún amigo, tras haber dejado bastante claro que a mí Rufián, más allá del fajado cuerpo a cuerpo parlamentario, no me parece llamado a encabezar movimiento alguno de concentración. Por historial y por su objetivo independentista, de natural nacionalista y supremacista, no creo que sea catalizador de ánimos. Impulsor ha sido, lo que le agradezco, pero hasta ahí.
Tras escucharlo en la Sala Galileo Galilei, secundado por Delgado, me quedo, a mi pesar, reforzado en mi argumentario. No “salimos de la patada”. Lo primero, desde mi punto de vista, cansina y desfasada, la apelación al miedo. Mal vamos si nos queremos organizar, y poner en marcha un movimiento, con semejante detonante. Claro que tocar las campanas a rebato ante el riesgo inminente del acceso de la ultraderecha al poder puede parecer buena táctica. Perdido el reflejo natural del grupo de protegerse de los que le van a perjudicar, es obligado hacer saltar las alarmas. Pero en esto me parece más oportuno que operemos como los bancos de sardinas o las bandadas de estorninos, que con instinto natural “saben” que, unidos, imponen respeto y hasta dan algo de miedo a depredadores que acechan. Con esto quiero decir que lo que tenemos que conseguir es no actuar por miedo, sino que el miedo cambie de bando. Con esto quiero decir que la calle debe de volver a ser nuestra, de los que creemos merecer mejor suerte con un poco de mejora de autoestima. Otro 15M, esta vez sin que nos roben la cartera los mismos listos, no estaría mal. Sobre eso vuelvo luego.
A ver si los dejamos de llamar “fachapobres”, que, insultando, rara vez se hacen amigos. Siempre será más oportuno hacerle ver que confía su futuro de obrero sin reconocimiento a alguien que no ha dado un palo al agua
En el escenario de la sala madrileña vi también demasiada testosterona. Tanta, que la apelación al miedo me sonó hasta un poco hueca. Creo que hay más miedo en esas mujeres obligadas a usar el “burka” y el “niqab”, esas prendas de la polémica a las que Rufián se refirió como “salvajada”. Poco dudoso soy de estar a favor de nada que coarte las libertades individuales recogidas en el ordenamiento jurídico, pero empezar “faltando” a lo que para muchos es un precepto religioso no es muy amable de entrada. La regulación de esas prendas debe ceñirse a los espacios públicos donde todos deberíamos ser fácilmente identificados. A legislar y a no meterse en jardines, que ejemplos alrededor bastantes tenemos ya.
Y a este respecto de “empezar faltando”, un consejillo comercial si queremos llegar a ese ciudadano engañado y desorientado que va a votar equivocadamente en contra de sus propios intereses, siendo clase trabajadora y escogiendo al que le acabará poniendo la soga al cuello como Trump o Milei. A ver si los dejamos de llamar “fachapobres”, que, insultando, rara vez se hacen amigos. Siempre será más oportuno hacerle ver que confía su futuro de obrero sin reconocimiento a alguien que no ha dado un palo al agua en su vida. Enseñarle unas colas kilométricas de personas en Argentina para conseguir un trabajo precario podría valer de ilustración.
Veo más miedo e incertidumbre en los jóvenes que tienen cada vez más difícil el acceso a la vivienda a causa de una política, consentida también por la izquierda del PSOE, que ha resultado ser neoliberal, pero “con carrancas”. O en esas mujeres maltratadas, desatendidas e ignoradas. O en ese migrante explotado a la espera de su regularización. O en ese agricultor o ganadero que se ve extinguido por obra y gracia del acuerdo Mercosur, también consentido… podría seguir.
Aquí también temo que entren los personalismos, que es algo que no sé si la formación morada tiene del todo asumido: al real movimiento que podría ser hoy Podemos le lastra su propio pasado, hasta su sigla.
Son muchas, demasiadas, las personas que viven con real miedo. Escalofrío auténtico cada mañana al pensar en el día que tienen por delante. Ver a estos dos señores hablar de miedo me ha parecido teatral. Y Delgado, incauto, metiéndose en el jardín de la seguridad ciudadana en los “barrios chungos”, argumento de ultraderecha que le recordaron y hasta jalearon desde la bancada de Vox al día siguiente del acto. No templó Delgado, acostumbrado como está al “rodillo” en la Asamblea Madrileña, y fue expulsado.
Quiero dejar claro que no valoro intenciones, que me parecen loables y, desde luego, necesaria esta unión pregonada. Lo que sí valoro son métodos y estrategias. Lo que queda por delante es un larguísimo camino de pedagogía, pero creo que los movimientos sociales tienen mayor fuste cuando se organizan de abajo a arriba. Esto lo vimos con Podemos, esa formación que parece no entrar, de momento, al trapo tendido por esta parte de la izquierda, que les debe de parecer algo más “cuqui” y acomodaticia de lo que su proyecto pretende. Aquí también temo que entren los personalismos, que es algo que no sé si la formación morada tiene del todo asumido: al real movimiento que podría ser hoy Podemos le lastra su propio pasado, hasta su sigla. Y también el recuerdo de unos dirigentes que, desde mi punto de vista, monopolizaron la autoridad de lo que debería ser una estructura asamblearia y horizontal. Galapagar y esa extraña concepción de “gineceo” por parte de Iglesias hicieron el resto. No obstante, los considero parte imprescindible de la ecuación.
De lo que ha pasado este sábado con la llamada “Izquierda Confederal”, integrada por IU, Sumar, Más Madrid y “Comúns”, me quedo con las complicidades y saludo en la distancia de ERC y EH Bildu, pero también con las omisiones, con lo no tratado, como la “Ley Mordaza”. Lo mismo que hubiera ministros entre los protagonistas de la “quedada” ha pesado algo. Y que no fuera Yolanda Díaz, revelador. Por cierto, mucha menos testosterona, que se agradece, con la presencia de Rita Maestre, Lara Hernández y Mónica García… más feminismo en los enfoques y menos “jardines”. De todo se aprende.
Y, hablando de aprender, lo que la izquierda pretende lo ha obtenido en Euskadi y Navarra EH Bildu. Esta federación ha conseguido en catorce años de historia aglutinar el voto de buena parte del nacionalismo vasco fuera del PNV. No simpatizo en absoluto con los fines, que del nacionalismo huyo como del reguetón, pero lo mismo esta reunión de partidos podría ser un ejemplo para esta izquierda voluntariosa, pero, creo, llena de ombligos. Unos cursillos a módico precio por parte de Oskar Matute le vendrían de perilla a esta no tan “famélica legión”. Modestia, objetivo y trabajo. Pedagogía para ellos mismos. Que educación falta, y mucha.