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El privilegio de la pureza: sobre el leonesismo que nunca se juega el tipo

Leo siempre con atención las tribunas que se publican en el Heraldo de León y cómo no las de Jesús Ferrero, aunque no suele ocurrir que compartamos conclusiones

Leo siempre con atención las tribunas que se publican en el Heraldo de León y como no las de Jesús Ferrero, aunque no suele ocurrir que compartamos conclusiones.

Tu respuesta a mi artículo sobre el leonesismo, que, si bien no suelo replicar porque no creo en estos debates epistolares, en este caso voy a realizar una excepción por las alusiones y después de haberme dado un tiempo de reflexión. Nos separan diferencias insalvables, pero en su argumentación revela, sin pretenderlo, uno de los núcleos del problema que intentaba señalar: la comodidad moral de quienes critican sin exponerse, de quienes exigen sin arriesgar, de quienes mantienen su pureza ideológica precisamente porque nunca tienen que rendir cuentas.

Ferrero distingue entre el leonesismo institucional —encarnado fundamentalmente por la UPL— y un leonesismo civil más amplio, conformado por asociaciones, plataformas ciudadanas y personalidades diversas. La distinción es válida sociológicamente. Pero es engañosa políticamente. Porque oculta una asimetría fundamental: solo uno de estos leonesismos se somete al veredicto de las urnas. Solo uno asume el coste de fracasar públicamente. Los demás disfrutan del privilegio de la crítica sin responsabilidad.

Y no hablemos de lo que llevan a sus espaldas, desde grupos con dirigentes tan reconocidos como Nicanor Pastrana, que se hizo trásfuga al olor del poder y usó un cargo para traicionar a sus correligionarios y potenciar otros proyectos políticos. Y lo que es peor, fracasar estrepitosamente en sus labores en el gobierno municipal en el área de participación ciudadana.

Otros como Conceyu de los cuales me pasé dos años pensando que era un proyecto de adolescentes, con niveles muy deficientes en formación, luego descubrí quiénes eran realmente algunos de sus miembros y dirigentes, y comprobé que no eran adolescentes. Y qué decir de otros grupos de ese leonesismo cultural y sus campañas de boicot a empresas leonesas, de convecinos leoneses que arriesgan su capital para generar riqueza y empleo en nuestra provincia y que, por un quítame ahí esas pajas, se encontraban con una campaña de boicot de estos grupos, como verás no tengo en mucha consideración a estos grupos.

La aristocracia de la pureza

Existe una larga tradición en la política occidental de movimientos que preservan su integridad moral mediante el expediente de no gobernar nunca. Podríamos rastrearla hasta los jacobinos que censuraban a los girondinos por mancharse las manos con el poder. O hasta los comunistas occidentales que mantuvieron su prestigio intelectual precisamente porque nunca tuvieron que implementar sus programas que, por casualidad cuando preguntabas, no coincidían nunca con ninguno de los proyectos que sí estaban en marcha en los países del socialismo real. O hasta esos partidos que se definen por estar permanentemente en la oposición, donde la pureza doctrinaria no necesita enfrentarse a la vulgaridad de lo posible.

El leonesismo "puro" al que alude Ferrero pertenece a esta tradición. Asociaciones, plataformas, tertulias de café. Todos ellos pueden permitirse la coherencia absoluta porque nunca tendrán que negociar un presupuesto, firmar un decreto o explicar por qué una medida no funcionó. Pueden ser implacables con la UPL precisamente porque nunca estarán en su posición, piden el voto para ellos, pero nunca les afectan las consecuencias, salvo que las consideren dentro de sus parámetros de éxito. Es la aristocracia de la pureza: quienes mantienen sus principios inmaculados porque jamás los exponen al roce de la realidad.

Esta posición tiene indudables ventajas. Cuando UPL presenta una moción sin rigor ni sentido, ellos pueden decir: "Nosotros lo habríamos hecho mejor". Cuando UPL pacta con el PSOE, ellos pueden proclamar: "Nosotros jamás habríamos permitido tanto incumplimiento". Cuando UPL gestiona deficientemente un ayuntamiento, ellos pueden afirmar: "Nosotros habríamos sido más eficaces". Y todo ello sin el menor riesgo de que alguien les exija demostrarlo.

El teatro de las plataformas ciudadanas

Ferrero cita como ejemplos de leonesismo eficaz a Oncobierzo, la Plataforma para la Integración de Feve, Más Vuelos para León. Organizaciones respetables, integradas por personas comprometidas y la mayor parte de ellas plurales y con una base leonesista pequeña. Pero aquí surge una pregunta incómoda: ¿cuántos años llevan estas plataformas operando? ¿Y cuántos de sus objetivos han conseguido? Y te hablo con conocimiento de causa en alguna de ellas, y en alguna otra que no nombras, he participado como miembro durante mucho tiempo. Te puedo decir que si lo que se quiere crear es conciencia, amplificar las demandas a más población, todas ellas son encomiables, pero también es verdad que muchas se acaban perdiendo en la desesperanza y en algunos casos en la colonización política, a veces de los leonesistas.

No digo que su trabajo sea inútil. Digo que, medido en términos de resultados concretos, su eficacia es comparable a la de los políticos que Ferrero critica. La diferencia es que a los políticos se les puede echar del poder cada cuatro años. A las plataformas ciudadanas no hay manera de exigirles responsabilidad. Pueden perpetuarse indefinidamente gestionando el problema sin resolverlo, exactamente igual que acuso a la UPL de hacer.

Las plataformas cumplen una función cívica, pero su éxito se mide por la continuidad del problema que las justifica. ¿Son diferentes sus incentivos a los que describí para el leonesismo político? En absoluto. Ambos se benefician de la persistencia del agravio.

La última pantomima: el viaje a Madrid y el teatro de la responsabilidad

Y ya que hablamos de gestos sin sustancia, permítanme mencionar el último episodio de esta comedia: el viaje de estos días a Madrid para reunirse con el ministro. El 16 de octubre, el presidente de la Diputación, Gerardo Álvarez Courel, y el vicepresidente leonesista, Roberto Aller, se encontraron con el ministro de Transportes, Óscar Puente. ¿Resultado? Ninguno. Ni un solo compromiso concreto. Ni una fecha. Ni siquiera un calendario de próximas reuniones. Aller mismo lo reconoció días después: "No me gustaron nada" las propuestas del ministerio. UPL lanzó un comunicado propio lamentando que "el resultado de este encuentro se aleja bastante de nuestras expectativas" y aseverando que "ya no estamos en un momento en que podamos llevar a cabo actos de fe".

Pero eso sí: pueden decir que el ministro los escuchó. Que fueron recibidos. Que expusieron sus demandas. Teatro puro.

Lo verdaderamente instructivo vino después. Tres días más tarde, el 17 de octubre, Aller acudió a la manifestación en Oviedo, yo también, contra el peaje de la AP-66, el histórico agravio que estrangula a la región. Se fotografió reivindicando, exigiendo, denunciando. Junto a asturianos y leoneses, exigiendo al Gobierno central la eliminación del peaje. En palabras del propio Aller: "Es necesario mandar un mensaje de unidad institucional a ambos lados del Huerna, a pesar de que nuestro Gobierno autonómico ni está, ni se le espera". Esta frase resume la contradicción de su mensaje: aunque conoce perfectamente a los verdaderos responsables y ha guardado silencio ante ellos, involucra a la junta para diluir la responsabilidad y deja ver que el asunto del Huerna, es una excusa, pero le resulta totalmente irrelevante.

Pasado el fin de semana del espectáculo político, apenas dos días después, Aller se dirigió a esclarecer qué consecuencias traería todo esto para el pacto PSOE-UPL en la Diputación. Su respuesta fue notablemente diáfana: el pacto de gobierno seguía "sólido", era un "tema de partido que hay que valorar" pero nada más. No adelantó ninguna novedad. No hay tensión. Los peajes, aparentemente, no afectan a compartir cartera ministerial con los socialistas. La foto en Oviedo no tiene ningún reflejo en las decisiones reales de gobierno.

Esto resume perfectamente lo que critico: el leonesismo político que Aller representa puede simultáneamente denunciar los incumplimientos del Gobierno central, participar en manifestaciones de protesta, e inmediatamente después confirmar que mantiene su pacto con esos mismos gobiernos que lo traicionan. Actividad que simula progreso sin generar un solo resultado medible. Se va, se reúne, se fotografía, se emite comunicado. Luego se manifiesta, se grita, se denuncia. Y a continuación, nada. Cero consecuencias. Cero presión real. Cero precio político por los incumplimientos.

¿En qué se diferencia esto de las mociones fuera de la norma e inútiles de UPL? En nada. La moción, cuando UPL la propone, solo sirve para mantener el espejismo y asegurar sus votos. Los actos de Aller ni siquiera eso. Porque cuando llega el momento de tomar decisiones reales, prevalece la comodidad del sillón sobre la consistencia del leonesismo, o a lo mejor ese es el objetivo.

La pregunta que nadie quiere responder

Y volvamos a la cuestión fundamental que Ferrero elude: si el leonesismo civil es tan efectivo, tan puro, tan superior al institucional, ¿por qué no se presenta a elecciones? ¿Por qué no funda un partido, elabora un programa, solicita el voto ciudadano y se somete al veredicto de las urnas? La respuesta es obvia: porque entonces tendrían que rendir cuentas. Porque entonces sus gestos tendrían que transformarse en resultados. Porque entonces ya no podrían mantener esa cómoda posición desde la cual se puede criticar a todos sin asumir responsabilidad por nada y sobre todo sin que se vea cuál es realmente la representatividad que tienen.

UPL de la misma manera cuando llega el momento de ser consecuente con su propia retórica, cuando el peaje sigue existiendo después de la manifestación, cuando el pacto sigue siendo "sólido" después de criticar al ministro, se camufla en los sentimientos nacionalistas para ocultar su ineficacia y su inacción como el leonesismo de salón. ¿qué riesgo asume el leonesismo que Aller representa? ¿Qué coste paga por su ineficacia, por su doble lenguaje, por su incapacidad de transformar la protesta en política real? Ninguno. Puede seguir indefinidamente reclamando, protestando, denunciando, participando en manifestaciones, sin que nadie le exija jamás demostrar que lo haría de verdad mejor. Nadie lo responsabiliza por mantener el pacto, aunque critica los incumplimientos que este mismo perpetúa.

El sofisma del "si me dieran oncólogos"

Ferrero cierra su artículo con una frase reveladora: si Mañueco le pusiera oncólogos en Ponferrada y Sánchez le trajera el tren a León, "igual me quedo hasta calladito". Esta afirmación, presentada como concesión pragmática, en realidad delata toda la construcción argumental.

Porque si el problema se resuelve con oncólogos y trenes, entonces nunca fue un problema de estructura autonómica. Nunca fue una cuestión de identidad leonesa oprimida. Nunca fue el agravio territorial del que tanto se habla. Fue, simple y llanamente, una demanda de recursos y servicios que cualquier gobierno —autonómico, nacional o provincial— podría satisfacer.

Esto es precisamente lo que yo sostenía: el leonesismo confunde identidad cultural con solución económica. Y cuando se le presiona, admite implícitamente que lo segundo es más importante que lo primero. Que se conformaría con buenos servicios públicos, aunque no hubiera autonomía propia. Lo cual, permítanme señalarlo, desmonta todo el edificio ideológico del leonesismo político.

La conclusión incómoda

No niego que haya leonesismo más allá de UPL. Lo que niego es que ese leonesismo sea cualitativamente superior o más eficaz. Sufre exactamente los mismos problemas: confunde gesto con resultado, actividad con progreso, reivindicación con solución. La única diferencia es que no se somete al veredicto electoral, lo cual le permite mantener indefinidamente su superioridad moral.

Ferrero afirma que hay "bastante leonesismo" entre asociaciones y personalidades. Sin duda. Pero no deja de ser ese atávico sentimiento de tribu que algunos canalizan y potencian para mantener un discurso sin responsabilidad y sin resultados.

Esta es la tragedia del leonesismo: no es que UPL sea particularmente incompetente. Es que todo el movimiento sufre del mismo mal: la confusión entre identidad y gestión, entre símbolo y sustancia, entre proclama y resultado. Y el leonesismo "puro" que Ferrero defiende no es la solución a este problema. Es su expresión más refinada: la que ha conseguido mantenerse inmaculada precisamente porque nunca ha tenido que ensuciarse las manos con la realidad.

León no necesita más gestos. Necesita resultados. No más pureza, sino eficacia. No más culpables externos, sino responsabilidad interna.

Y mientras sigamos confundiendo estas cosas, mientras sigamos premiando el gesto sobre el resultado, mientras sigamos aceptando que hay un leonesismo superior que no necesita demostrar su eficacia, y sobre todo mientras leoneses sigan haciéndoles caso en diagnósticos erróneos y pensando que las soluciones vienen de fuera: León seguirá exactamente dónde está, en el declive perpetuo mientras unos y otros se disputan quién representa más auténticamente una identidad que, sin oportunidades económicas reales, acabará siendo solo un recuerdo.