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Santovenia 1995: El último que se vaya, que apague la luz

Por qué tus representantes quieren que vivas en el siglo pasado

Imagina que hoy intentaras navegar por internet con un módem de 1995. Aquel chirrido metálico, la espera eterna para cargar una simple imagen, la desconexión constante, entonces nos parecía emocionante era el futuro. Nadie en su sano juicio aceptaría trabajar así en 2026. Sin embargo, eso es exactamente lo que la concejal socialista Natividad Lucio Calero y el gobierno UPL-PSOE pretenden que acepten los vecinos de Santovenia de la Valdoncina: un municipio que funciona con las reglas de un mundo que ya no existe.

En el último pleno municipal, Lucio —que ejerce como alcaldesa en la sombra mientras María Villagrasa mira para otro lado— pronunció una sentencia demoledora: definitivamente no renovará el Plan General de Ordenación Urbana. Tras dos años y medio de ruegos desde la oposición, su solución para un municipio que se desangra es "revisar edificios deteriorados". Es como intentar frenar una hemorragia en la yugular con una tirita usada.

Un anacronismo de treinta años

Las Normas Subsidiarias de Santovenia se aprobaron el 6 de julio de 1995. Para ponerlo en perspectiva: en aquel entonces España no conocía el euro, la Unión Europea era un proyecto a medio gas y el concepto de "sostenibilidad" era poco más que una nota al pie en los libros de texto. Ese es el marco legal que hoy decide dónde puedes construir tu casa, dónde puede abrir una empresa su nave o qué parques pueden disfrutar tus hijos.

Mantener un planeamiento de hace treinta años no es solo una decisión técnica cuestionable: es una negligencia política con consecuencias muy concretas. La legislación actual exige evaluación ambiental estratégica, reservas mínimas del 30% de edificabilidad para vivienda protegida, criterios de eficiencia energética y movilidad sostenible. Las Normas de 1995 ignoran todo esto.

Cualquier desarrollo medianamente serio en Santovenia requiere modificaciones puntuales que alargan plazos, encarecen costes y generan inseguridad jurídica. Un inversor racional elige el municipio vecino con menos fricción administrativa. Y eso es exactamente lo que está pasando.

El espejo que devuelve el fracaso

Santovenia compite en un juego de suma cero con el resto del alfoz leonés. Y mientras nosotros nos hundimos en la nostalgia de 1995, nuestros vecinos nos adelantan por la derecha:

Villaquilambre entendió el juego hace décadas. Con un PGOU aprobado en 2011, hoy supera los 20.000 habitantes. Se convirtió en un polo de atracción residencial y empresarial porque ofreció seguridad jurídica y un marco normativo del siglo XXI.

San Andrés del Rabanedo, pese a sus propios fantasmas administrativos, cuenta con 30.000 vecinos y en diciembre de 2024 inició los trabajos para modificar su PGOU, facilitando la conversión de locales comerciales en viviendas. Respondieron a una necesidad real de sus ciudadanos.

Valverde de la Virgen atrae a las familias jóvenes que Santovenia expulsa por falta de oferta habitacional. Va camino de los 8.000 habitantes mientras nuestro municipio se estanca en 2.070.

¿Qué tiene Santovenia que no tengan ellos? Una ubicación estratégica envidiable junto a la A-66 y la N-630, a solo nueve kilómetros de León. Cualquier gestor con un mínimo de visión estratégica habría convertido este municipio en el motor logístico y residencial de la periferia leonesa. Pero aquí, la coalición UPL-PSOE ha preferido la comodidad de la parálisis. Han decidido que Santovenia sea el "patio trasero" donde nada ocurre y nada cambia.

Las consecuencias tienen nombres propios

El cierre del bar San Isidro en Quintana de Raneros o el de Villanueva del Carnero no fue una decisión empresarial aislada. Fue el síntoma de una enfermedad terminal: un municipio que no genera masa crítica de población, que no ofrece expectativas de futuro, no avanza en servicios al contrario los pierde. Quintana y Villanueva tienen más de 300 habitantes cada una y se han quedado sin bar. Un pueblo sin bar es un pueblo sin alma, un lugar donde los vecinos dejan de reconocerse.

Sin vivienda nueva no hay jóvenes. Sin jóvenes no hay niños. Y además si para los niños que hay no tienen comedor en su escuela estos se van a otras escuelas. Y cuando se quede sin escuelas, Santovenia será un municipio zombi. 

La revisión de edificios que propone Natividad Lucio es actividad aparente para disimular la incapacidad de gestión: crear solares vacíos sin un plan de desarrollo que los respalde solo atraerá especulación barata o, en el mejor de los casos, más solares llenos de maleza que deteriorarán aún más la imagen del pueblo.

El precio que estamos pagando

Mantener un planeamiento obsoleto tiene costes muy concretos que los vecinos pagamos cada día:

Primero, los fondos europeos. Santovenia está perdiendo la oportunidad de captar los fondos del Programa Plurirregional 2021-2027. Estos fondos exigen que los municipios cuenten con una Estrategia de Desarrollo Integrado Local. Un plan de hace treinta años dificulta enormemente encajar en estas metodologías. Mientras San Andrés y Villaquilambre optan competitivamente a estas ayudas, Santovenia no puede participar en las asociaciones de municipios que pueden optar a estas ayudas, parte con una desventaja estructural. No por mala suerte. Por incompetencia.

Segundo, el marco legal. Sin un PGOU que cumpla la normativa actual, cualquier proyecto serio requiere modificaciones puntuales que alargan plazos y encarecen costes. Eso significa que las inversiones se van al municipio de al lado, donde hay un planeamiento previsible y moderno.

Tercero, el riesgo judicial. En toda Castilla y León se están anulando desarrollos urbanísticos por incoherencias en normas obsoletas. Miles de casos, reclamaciones colectivas e individuales. Santovenia no es inmune a este riesgo.

Y todo esto mientras la incompetencia municipal hace que el contrato de recogida de basuras lleve dos años caducado, los plenos se convocan con irregularidades y la gestión ordinaria se ha convertido en un permanente estado de emergencia. Como documenté en mi análisis de diciembre de 2024, la inoperancia se ha convertido en sistema y la incapacidad en norma.

UPL-PSOE: la coalición del estancamiento

La responsabilidad de esta situación no recae solo en Natividad Lucio, aunque ella sea la protagonista indiscutible. La UPL ha demostrado, una y otra vez, su incapacidad genética para gestionar la complejidad administrativa. Son expertos en la queja identitaria, pero se pierden en cuanto hay que redactar un pliego de condiciones o gestionar un contrato municipal.

Por su parte, el PSOE de Natividad Lucio ejerce un oscurantismo político calculado. Ella es la alcaldesa en la sombra, la que realmente gobierna mientras María Villagrasa ejerce de alcaldesa nominal. Critican al funcionario cuando la gestión falla, pero se aferran al sillón para ocultar que, bajo su mando, Santovenia está perdiendo millones de euros que nuestros hijos nunca verán invertidos en sus calles.

Esta alianza UPL-PSOE está basada más en la aritmética del poder que en un proyecto común de futuro. No hay visión estratégica. No hay planificación a largo plazo. Solo hay reparto de sillones y gestión del día a día hasta que los problemas se vuelven ingobernables.

Lo que se puede hacer

Renovar el PGOU de Santovenia no es una utopía técnica ni un capricho de urbanistas. La Junta de Castilla y León ofrece apoyo técnico, la Diputación cuenta con el Servicio de Asistencia a Municipios (SAM) y existen empresas especializadas que lo harían en un plazo razonable. El problema no es técnico ni presupuestario. Es político.

Un PGOU moderno permitiría a Santovenia competir en igualdad de condiciones con el alfoz. Podríamos clasificar suelo industrial y urbano aprovechando nuestra ubicación estratégica. Podríamos reservar suelo residencial con criterios actuales de sostenibilidad y vivienda protegida. Podríamos optar competitivamente a fondos europeos. Podríamos ofrecer seguridad jurídica a inversores. Podríamos, en definitiva, dejar de ser un municipio estancado y convertirnos en un lugar donde merezca la pena vivir.

Pero eso requeriría que Natividad Lucio y sus socios de UPL tuvieran visión estratégica, capacidad técnica y voluntad política. Y los hechos demuestran que no tienen ninguna de las tres.

Un epílogo para vecinos con memoria

Cuando dentro de diez años Santovenia sea un municipio aún más envejecido, cuando el último comercio de proximidad baje la persiana y cuando tus hijos te llamen por videollamada desde Valverde o Villaquilambre, no culpes a la "crisis" ni a la "despoblación".

Culpa a las decisiones tomadas en 2025. Culpa a una concejal que prefirió "revisar fachadas" antes que dotar a su pueblo de una herramienta de crecimiento del siglo XXI. Culpa a una alcaldesa que permitió que la ideología de la parálisis ganara la batalla al sentido común.

En 2025, con un planeamiento de 1995 caducado e inoperante, Natividad Lucio y María Villagrasa tuvieron la oportunidad de cambiar el rumbo. Y decidieron no hacerlo. Esa es su responsabilidad histórica. Porque en política, como en la vida, no decidir también es decidir. Y ellas han decidido que Santovenia muera lentamente.

Santovenia tiene futuro, pero no con estos gestores. Los vecinos merecemos un gobierno que entienda que renovar el PGOU no es un capricho técnico, sino la condición necesaria para que este municipio tenga futuro.

Y tú, vecino de Santovenia, ¿vas a permitir que tu futuro se siga gestionando con las normas de 1995? ¿Qué tiene que pasar para que exijamos a nuestros representantes que dejen de administrar el declive y empiecen a construir prosperidad?

El tiempo se agota. El último que se vaya, que apague la luz.