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Madrid, camino de metrópoli global

En octubre de 1964, viajé en el tren Correo de Astorga a Madrid...

En octubre de 1964, viajé en el tren Correo de Astorga a Madrid, descubriendo la gran ciudad de entonces y pronto me situé en ella, en el deambular diario hasta la Universidad y en fines de semana en paseos a la deriva por el centro y su oferta cultural. Durante una década, residí en ella y fui testigo de su crecimiento periférico tentacular. Las cinco décadas siguientes han sido las de su transformación en una ciudad-región, que ha tenido cronistas en este tránsito como el arquitecto urbanista Fernando de Terán (1992), el escritor leonés Andrés Trapiello (2020) y el arquitecto Fernando Caballero (2024).

Destaca Madrid en la primera posición del sistema territorial español e ibérico, residiendo en 2025 en el municipio capital 3.416.000 habitantes y en la Comunidad Autónoma 7.179.000 habitantes, con un crecimiento demográfico rápido y con una dinámica metropolitana caracterizada también por un extraordinario crecimiento físico y de actividades, que la convierten en una destacada metrópoli a la vez que “ciudad global emergente”, bien posicionada y conectada como puente euroamericano y nodo de comunicaciones, primer centro de empresas innovadoras y de penetración en la nueva economía, resultado de ser sede principal de la Banca, instituciones administrativas y grandes empresas. 

Una metrópoli sin pausa

En el último tiempo, se han sucedido en la ciudad de Madrid importantes operaciones de transformación a partir de los Planes Generales de Ordenación Urbana de 1983 y 1997 en el sector inmobiliario, como la reforma del corredor ferroviario Atocha-Chamartín, nuevos ensanches residenciales (PAU) y recuperación de áreas degradadas, además de los sistemas generales de infraestructuras (el metro o el soterramiento del cinturón M-30 del Manzanares), así como las dotaciones de cultura y los servicios avanzados. Sin embargo, no se caracteriza Madrid por apoyarse en un modelo metropolitano estratégico, salvo algún documento de ámbito regional que trata de controlar los desarrollos y ejes de crecimiento, ni haber disfrutado de macro-eventos.

Madrid es sobre todo una ciudad atractiva e innovadora en los campos de la cultura y el arte (concentración museística del Paseo del Prado), de los negocios (Azca y Madrid Norte), de exposiciones y congresos (más de 50 ferias internacionales anuales), de la logística y el transporte (favorecido por ser centro radial de carreteras y ferrocarriles y el aeropuerto de Barajas), del ocio y el deporte, pero también en actividades de la nueva economía (parques empresariales e industriales de innovación + conocimiento) como consecuencia del “efecto sede” de grandes empresas que potencia y atrae la innovación. 

Fortalezas y desequilibrios

Las fortalezas de Madrid se encuentran  en el transporte, las actividades económicas, las dotaciones de universidades y centros de investigación en campos innovadores y creativos. De otro lado, la situación actual refleja déficits en la red ferroviaria de Cercanías, los efectos destructivos de empleo y desarrollo por el declive inmobiliario de años anteriores que han conducido a la crisis actual de vivienda. 

En la red de ciudades, Madrid se posiciona en varios frentes a la vez: como capital europea y española, con una nueva accesibilidad por la alta velocidad ferroviaria que le permite apoyarse en ciudades próximas a un radio de 150 km y respecto de ciudades-puerta en dependencia con Madrid –Guadalajara, Toledo, Talavera, Segovia, Ávila- a una distancia de 50 a 100 kilómetros y con las que forma en realidad una región metropolitana; y respecto de las ciudades-dormitorio ubicadas en los corredores del área metropolitana, aunque sin una coordinación supramunicipal de la gestión, no disponiendo de un modelo propio de crecimiento y centralidad las localidades urbanas periféricas madrileñas más destacadas, salvo Alcalá de Henares.

A partir del crecimiento demográfico, alimentado por la inmigración, y económico, tanto industrial como de servicios, de las últimas décadas, Madrid se consolida como Región metropolitana, gestionada por la Comunidad Autónoma más allá de las competencias municipales, como metrópoli atractiva del suroeste de Europa. Se perfilaba como tal en los años 1960 el Área metropolitana de Madrid, fruto de la llegada masiva de poblaciones rurales procedentes de España, y en la década actual se encamina a una Metrópoli global, como resultado de la llegada de extranjeros, mayoritariamente suramericanos, y de un desarrollo económico fomentado por inversiones y por servir de puente entre Europa y Suramérica, que ha superado a otras metrópolis próximas como Barcelona o Milán y va camino de los 10 millones de habitante para medados de siglo, una cifra próxima a la de París o Londres. 

Este es el reto de Madrid DF, según Fernando Caballero, “una plataforma para una economía de plataformas”, donde su posición geográfica ha sido clave así como ser “una ciudad formada por gentes de fuera y amable para los que llegan a ella” y para ello necesita articularse con el resto de España, porque es la principal baza para que el país despunte en el siglo XXI. Madrid, “una ciudad Estado que, a lo largo de las últimas cuatro décadas, está despertando de su letargo” para convertirse en ciudad global y oportunidad para el sistema urbano español e ibérico, si se acierta a impulsar un territorio a la misma velocidad.