Zamora y Salamanca. Dos ciudades del Oeste interior
Estas dos ciudades tienen rasgos comunes de emplazamiento en sendos puntos estratégicos de una vía meridiana milenaria, la Vía de la Plata, que circula en el borde de contacto entre la penillanura y la cuenca sedimentaria de la Meseta, que han conformado a lo largo de siglos de evolución urbana unos asentamientos que reúnen tres elementos favorables: a) un sustrato de solar de sedimentos de arenisca en un resalte bien delimitado en su punto de origen, b) en el contacto de economías agrarias complementarias y c) la proximidad a vados fluviales a través de puentes históricos y recientes. Los dos últimos rasgos han facilitado la evolución urbana y la centralidad de poblaciones que surgen en la etapa romana de colonización y que prosiguen tras la repoblación medieval, donde se asiste a su refundación y urbanización, pasando por periodos de declive en la Edad Moderna y por un crecimiento sostenido, una vez que son elegidas en 1833 como capitales provinciales.
Por su talla y funcionalidad y por la evolución y dinámica urbana, estamos ante dos ciudades diferenciadas y contrastadas: Zamora, vocacionada en ser centro de una provincia venida a menos, de radical ruralización y envejecimiento, que compite desfavorablemente en su área de influencia con las ciudades de Salamanca, Valladolid y León, donde sus habitantes se sienten ubicados en el vagón de cola del desarrollo y donde la iniciativa empresarial y la masa crítica es insuficiente, además de ser un claro exponente de espacio de frontera en el vértice del “ángulo muerto” de la Raya ibérica. Mientras que Salamanca ha jugado un papel relevante como centro universitario y de actividad comercial, que ha desarrollado cierta ventaja locacional, imagen y competitividad en la red de ciudades de la región, y en cierta medida, a escala nacional, por lo que ha alcanzado, a pesar de las limitaciones del mercado y la tardanza en modernizar sus infraestructuras viarias, un desarrollo y dinámica mayor y sobre todo un escenario tendencial más favorable como centro subregional, compitiendo en la región con las ciudades de Valladolid, León y Burgos.
Zamora: de la traza del Casco Viejo al mirador del Duero
El Casco Viejo se asienta sobre un otero que se va ensanchando progresivamente hacia el este, formando una proa rocosa privilegiada, que adopta la forma de un triángulo que ha condicionado el desarrollo de la traza de Zamora a lo largo de un eje principal de crecimiento y una estructura de calles perpendiculares, entre las que destaca la de Santa Clara, como arcos de circunferencia concéntricos, inclinados según las vertientes pluviales hacia el Duero y el Campo Valorio en la vaguada del antiguo cauce del Valderaduey. Modelo morfológico también de traza de “dedos de guante”, que se traslada más allá de los dos cinturones del este y noreste de la ciudad, hasta que llega el tercer cinturón de la autovía de la Plata en la periferia urbana.
La ciudad alcanza los 61.000 habitantes y es la séptima ciudad del subsistema urbano regional, superada recientemente por Ponferrada de semejante talla de población. En 2005 ha conectado Zamora por autovía con Tordesillas y Valladolid, y posteriormente con Benavente, León, Salamanca, a falta de completarse con Bragança, así como el eje ferroviario de alta velocidad hacia Galicia. Mientras tanto, se han dado en los últimos años ciertas dinámicas que han fortalecido la interrelación con Portugal, a través de la Fundación Rei Afonso Henriques, en un ámbito más cultural que empresarial por ahora, así como el fortalecimiento del campus universitario en el antiguo cuartel de Viriato, y trata de despegar el desarrollo turístico con recientes Museos de Bellas Artes y Etnográfico Regional, así como la valorización del patrimonio eclesiástico y civil y económico (Ferial y nueva oferta de suelo industrial, sin industria que descuelle). Mientras tanto, son los servicios educativos, administrativos y de salud (ampliación del Hospital General) los que ocupan la mayor parte del empleo.
Salamanca: de la Plaza Mayor a los barrios y el alfoz
Si partimos de la importancia del eje viario Portugal-Francia, es preciso señalar también el eje meridiano de la Vía de la Plata y el que accede por el sureste hacia Ávila y Madrid. Asimismo, el ferrocarril de alta velocidad se retrasa y se pretende, entretanto, trasladar la Estación ferroviaria a la periferia, mientras que el aeropuerto de Matacán apenas se desarrolla. En este esquema del sistema viario y nodal, Salamanca adquiere, por su talla de 146.000 habitantes más otros 40.000 de su alfoz, una dimensión de ciudad media y nodo subregional, que compite con las otras ciudades de la región, aunque se ve limitada por la cada vez menor distancia-tiempo respecto de Madrid.
La ciudad juega un papel nodal y trata de fortalecerse a partir de la modernización de las vías de gran circulación, a través de una plataforma logística y un recinto ferial polivalente, además del Palacio de Congresos, sostenido básicamente por el esfuerzo institucional, si bien se registra cada vez mayor número de turistas y de estudiantes extranjeros, donde la referencia e imagen de la ciudad (simbolizada por la Plaza Mayor y la vieja Universidad) es un atractivo destacado (ciudad-patrimonio de la Humanidad) y de su terciarización especializada en lo universitario y lo cultural (Museo de Art Deco, Domus Artis, Centro de Artes Escénicas, Museo del Comercio) y en servicios turísticos y de salud. Mientras que la actividad industrial está escasamente representada, con localizaciones planificadas en el sur y el noreste, además de los característicos desarrollos de borde, aspirando a destacar en nuevas tecnologías e innovación.
Salamanca se ha desarrollado a partir de un Casco Antiguo muy compacto en torno a la Plaza Mayor, encrucijada de todas las direcciones que acceden al mismo, principalmente por las calles Toro y Zamora y desde la plaza contigua del Mercado. Desde 1984 goza de un Plan Especial de protección, en gran medida desarrollado y que ha servido para reanimar el Centro y en el que se ha incluido la moderna Gran Vía. Como piezas urbanas más destacadas de su traza, la de mayor integración, funcionalidad, e incluso valor escénico, es la Plaza Mayor, mientras que, a diferencia de otras ciudades españolas, la Gran Vía, fruto también de una ruptura con la traza heredada, ha tenido un valor más institucional que funcional.
Pero la ciudad no se remata en este centro histórico y reformado, sino que se ensancha en mancha de aceite en todas sus direcciones, habiendo saltado ya decididamente al otro lado del río Tormes, con una aureola de barrios (Vidal, Garrido, Salas-Pombo, Pizarrales, San José…) de distinta componente y aún más allá del perímetro municipal capitalino, en los múltiples núcleos periurbanos (Santa Marta, Villamayor, Los Villares) donde se ha establecido el fenómeno de las urbanizaciones privadas (Zurguén, Valdelagua, entre otras) y los adosados del modelo de ciudad desparramada, que contrasta vivamente con el modelo de ciudad abigarrada y compacta del centro histórico y el de los barrios. La similitud con el alfoz de las ciudades de León y de Valladolid es manifiesto e igualmente se plantea aquí la necesidad de un planeamiento territorial que englobe a los municipios del área urbana salmantina.