El tiempo

Ya nevará

No he madrugado esta mañana...
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No he madrugado esta mañana. Para entonces, se había metido una niebla espesa y húmeda de esas que a mí me parecen inquietantes. Si en vez de niebla hubiera sido la nieve la que hubiera cubierto los tejados del barrio, yo habría pensado que se trataba de una premonición.

Anoche, coincidiendo con su primer año de existencia, Heraldo de León entregó sus Premios Compromiso. Todos los premiados merecían su premio. Todos acudieron a recogerlo, salvo Alex Cooper que se encontraba fuera de España. Todos hicieron uso de la palabra con más o menos respeto al tiempo que se les había concedido, demostrando que todo lo que es mensurable es subjetivo e interpretable: hay que ver lo que da de sí un minuto dependiendo de quien hable. Todos agradecieron su premio, porque dice el refrán, uno de esos que tanto gustan en Heraldo de León y nos regalan camuflado bajo la cabecera, que de bien nacidos es ser agradecidos. El refrán me recuerda siempre, porque mi madre la citaba a menudo, la parábola contenida en el Evangelio de Lucas de los diez leprosos que son curados por Jesús pero solamente uno, el samaritano, el raro, aquel del que no se espera nada, regresa a dar las gracias. 

Como todos, Fulgencio tomó la palabra (Mauri, el paciente, allí a su lado escucha, asiente, cede su tiempo al compañero) y nos contó una historia. Casi una parábola, aunque las de Ful contienen algún taco. Recordó que en el origen de todo lo que sabe estaba su abuela Josefa, viuda con una hijo aún sin nacer. Quien, ante un enfrentamiento de dos vecinos del pueblo, que a Ful le parecía que iba a tener mal final, se limitó a decir al nieto algo que parecía incomprensible: ya nevará. Y nevó. Tanto, que el tejado de la cuadra de uno de ellos se cargó de nieve hasta el punto de comprometerlo. Y allá subió el otro a jugarse el tipo por el enemigo. 

Ful, me parece a mí, es el depositario de una herencia de valor incalculable que hunde sus raíces en el mundo rural del que nunca se ha separado. Una herencia intemporal que lleva toda la vida tratando delegar a los demás entre tacos, risas y anécdotas. Si el valor de la herencia hubiera sido tangible, a estas alturas ya estaba más que forrado. Pero ahí está Ful, subiendo y bajando a Cármenes sin prisa, con su gorra y su largo pelo revuelto, apoyando sus palabras en las imágenes de Mauri, el colega fiel. 

Mauri y Ful, los complementarios. El minuto de Mauri duró un minuto. Del minuto de Ful, cuajado de referencias que son casi metáforas, espero que todos hayamos entendido lo fundamental: ya nevará.

Mi enhorabuena a todos los premiados y también a Noemí Sabugal por ese Premio Internacional Julio Camba. Ella entiende perfectamente la historia de Ful.