'Concilium vecinorum'
Los seres humanos biológicamente no nacen con los recursos biológicos necesarios. La herencia biológica resulta insuficiente; de ahí que se han visto obligados a dar respuesta a necesidades y retos. Estas respuestas son culturales. Se crean diacrónicamente desde el barro cultural macerado socialmente y siglo a siglo. Estas creaciones culturales no nacen de la nada como las divinas, son humanas, pues suponen una herencia, un barro acumulado generacionalmente que se aprende, aprehende y transmite. Al tiempo que la vida fluye, unas respuestas perviven y otras desaparecen, depende de los usuarios su duración y del grado de satisfacción que aportan. Todos los pueblos necesariamente disponen de una cultura que les caracteriza, define e identifica. Los logros culturales, con frecuencia, no solo dan respuesta a sus mentores, sino que se expanden y difunden; este efecto en antropología se denomina `contagio cultural´.
En el Noroeste ibérico, concretamente en el territorio leonés, se ha desarrollado y conservado un modelo de organización, de respuesta a los retos del medio que se transformaron en un modus vivendi singularizado y que ha pervivido secularmente. Un modo de autogestionarse localmente, con ciertos caracteres autárquicos, que alcanzaba la vida de los habitantes de núcleos rurales. Se denomina concejo (lat.: concilium). El concejo ya fue una respuesta a la vida comunitaria medieval, casi siempre rural, que va más allá de ser una organización administrativa. Es, pues, un modelo de organización social y administrativa de carácter local que pierde sus raíces entre las tribus astures prerromanas, habitantes del río Ástura (Esla), sobrevive el período visigodo y el resto de edades convencionalmente divididas de la historia hasta el presente. Se ha modelado entre éxitos y fracasos, entre desarrollos y restricciones, entre absolutismo y dictaduras, pero ha pervivido. Concretamente, en el siglo XIV, se conformaron en Hermandades para defenderse de los ataques de los potentiores o magnates, eclesiásticos o nobiliarios, al igual que de los caciques pasados y actuales, que de continuo han intentado modelar y manejar este modelo de administración local, toda vez que es poseedora de gran superficie territorial en régimen comunal.
Fuerte fue el acoso en tiempos de los reyes Alfonso X y XI. Los Reyes Católicos, siglo XV, actuaron contra los nobles levantiscos y favorecieron los concejos al punto que se considera que solo un 5% de la actual provincia de León se hallaba en régimen señorial. Una rareza a la sazón. En siglos posteriores, en concreto con la desamortización que pretendió vender y privatizar bienes no solo religiosos sino también comunales, los concejos se activaron para defender sus propiedades e invirtieron recursos económicos en su defensa para defenderse de la privatización e incluso lograr, en algunos casos, bienes eclesiásticos en subasta para ampliar el territorio comunal ya disponible.
Estos colectivos, envejecidos -casi todos pensionados y con baja productividad económica- siguen teniendo necesidades, vida en común, encuentros y convivencia y, también, siguen siendo propietarios de grandes espacios naturales -en el caso de León cerca del 50% en una provincia con 15000 kilómetros cuadrados-...
Resultado: la provincia de León, actualmente, la conforman 1406 pueblos de los que 1226 son entidades menores al municipio; es decir, juntas vecinales más concejo. El modelo supone el 33% del total de España; a modo de ejemplo, en El Bierzo existen 286 frente a 9 en toda Galicia. Este modelo, tan leonés, abraca el 87% de los núcleos rurales y el 77% de la superficie, cerca de 800 000 hectáreas; a modo de ejemplo, más superficie que EL País Vasco (723.000 ha). No obstante, más allá de estos datos cuantitativos, nos hallamos ante un modelo que se manifiesta materialmente en el aprovechamiento de tierras comunales, prados bosques y aguas; en el diseño y la conservación de ordenanzas diseñadas por los propios afectados; en la rotación y distribución de los terrenos, arreglo de caminos o tránsito o de rebaños y cuidado de veceras. Es como materialmente se expresan, más debajo de esta organización subyace una materialidad que simboliza un modo de convivencia.
Con frecuencia, los diversos teóricos o desarrollos históricos vinculan el concejo sólo con tareas económicas y, en algún momento, judiciales, más van más allá, pues ofrecen una idiosincrasia, un modo de ser propio. Son una herencia histórica que refleja colectivismo y participación ciudadana. Un ejemplo de protección frente a poderosos y centralismos. Un fósil histórico, mas los fósiles son lo único que permanece.
Actualmente, dada la evolución demográfica y económica de las aldeas leonesas, caracterizadas por la baja natalidad y envejecimiento, se despueblan y la vida concejil, si solo se desea atender desde esa visión economicista y administrativa caminaría a su finalización; pero, la gente sigue viviendo en miles de núcleos rurales que, en la actualidad no gozan de su mejor momento. Estos colectivos, envejecidos -casi todos pensionados y con baja productividad económica- siguen teniendo necesidades, vida en común, encuentros y convivencia y, también, siguen siendo propietarios de grandes espacios naturales -en el caso de León cerca del 50% en una provincia con 15000 kilómetros cuadrados-; en definitiva, la actividad material histórica característica de estas aldeas, agropecuaria, ha decaído, pero no las necesidades. Incluso el ritual de “llamar a concejo a campana tañida” ha desaparecido y `las facenderas´se realizan, cuando sucede, más como rito festivo veraniego que por su eficacia.
Los concejos, ordenados desde las juntas vecinales, son un patrimonio comunal, un modelo de convivencia que ha de activarse a fin de recepcionar y atender las necesidades de los habitantes de cada núcleo. Sería un error grave la pérdida de un modelo de valor cultural incalculable. Los concejos con sus ordenanzas son un modelo de participación directa y comunitaria que aportan riqueza democrática y engrandece, junto a los fueros y curiales y decreta el ordenamiento jurídico leonés que, por otro, dada su expansión -en el caso de los fueros- se han convertirlo en un legado español y desde el punto de vista del logro de libertades -la democracia- son ejemplarizantes. Con mirada retrospectiva y a fin de entender que este suceso histórico no es una casualidad en las tierras del noroeste ibérico ya los citados pueblos astures, según señalan historiadores grecolatinos, se ordenaban en asambleas en las que también participaban las mujeres. Al efecto utilizan la palabra ginecocracia (gr.: gyne=mujer, kratos=poder; poder de la mujer), suceso que para ellos, a la sazón, consideraban ejemplo de barbarismo; pero, este modelo es ejemplo del lugar hasta donde se hunden sus raíces y hacen que perviva el árbol, en el caso leonés el roble, y que, recientemente, se reconoce internacionalmente tras la declaración de “León, cuna del parlamentarismo” por parte de la UNESCO en 2013 a propósito de las Cortes leonesas de 1188. A tal declaración se han de agregar los cientos de ordenanzas concejiles y fueros. Son reflejo de la existencia en el territorio leones, ciertamente entre avatares, pero con resistencia, de una democracia temprana y extemporánea respecto al resto de Europa en numerosos momentos.
Los concejos, pues, han superado siglos de absolutismos o totalitarismos, períodos entre espadones y golpes de estado, y alcanzan el periodo constitucional con escasa atención institucional. Sería grave error...
Llegados a la actualidad asistimos a grave contradicción. Siendo la democracia el hábitat más natural del ser humano, a la vez el menos permanente, mas nunca en la historia hispana se ha disfrutado tanto tiempo -cuatro décadas largas- y dada la continua presión de los potentores sobre los humillores, esta sufre constantes agravios. Es frágil. La fragilidad se demuestra en que se mantiene en la historia como anhelo, como eutopía, pero cuantitativamente se presencia escasa y se logra que la mayor parte de los seres humanos se hallen fuera de tan deseados topos: la democracia. De este modo, si bien actualmente asistimos al disfrute del periodo democrático más largo de la historia de España, irónicamente, también a uno de los momentos de mayor debilidad de la vida concejil por las razones antes expuestas que se resumen en la escasa vitalidad de las aldeas y en la desatención de las instituciones que, si se definen y son democráticas, se exponen a la incredibilidad de su defensa de los valores democráticos que propalan. Una ironía. El modelo de democracia de participación directa y activa -quizá el más perfecto- se debilita en el momento de mayores libertades y derechos ciudadanos.
Los concejos, pues, han superado siglos de absolutismos o totalitarismos, períodos entre espadones y golpes de estado, y alcanzan el periodo constitucional con escasa atención institucional. Sería grave error que este modelo de democracia feneciera a durante el periodo democracia constitucional y tras superar el de `democracia orgánica franquista´, es decir una dictadura. Resta una pregunta: ¿dónde se hallan, en este caso, los defensores de la democracia? Las gentes leonesas defensoras de este modelo político estamos convocados y obligados a defender y practicar, difundir los valores de los concejos. A modo de ejemplo, además de exigir allí donde es posible su vigencia y convocatoria, solicitar su reconocimiento ante organismos internacionales como patrimonio a preservar. Se expone que, en los presentes momentos de ascenso y acoso totalitarista, urge exponer y validar este modelo democrático de larga tradición y de efectos altamente positivos contrastados para las gentes que los han disfrutado. Los concejos son un caso de pedagogía aplicada indubitable; al menos por la experiencia sostenida responden a una aplicación democrática ejemplarizante y, en el caso leonés, permitiendo que las leonesas y leoneses puedan elegir su futuro y situación en el contexto y ordenamiento autonómico vigente, toda vez que por mayoría abundantemente contrastada demandan disponer de autonomía apropia. Nada justifica que “La tierra de las libertades “sufra tal déficit democrático.