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¿El rearme es desarrollo?

En los últimos meses estamos asistiendo a una ofensiva pro-armamentística a favor del incremento del gasto militar, relacionada con las presiones de Trump para que la UE se haga cargo de su propia defensa...

En los últimos meses estamos asistiendo a una ofensiva pro-armamentística a favor del incremento del gasto militar, relacionada con las presiones de Trump para que la UE se haga cargo de su propia defensa, fuera del paraguas americano, y los estados de la OTAN destinen el 5% de su PIB a gasto militar.

El gobierno español ha tomado buena nota, siendo el país que más ha aumentado ese gasto en 2025 (un 50%),con una falta total de transparencia, sin debate parlamentario ni aprobación por parte del Congreso y, lo que es peor, sin muestras de rechazo de la ciudadanía, convencida mayoritariamente de que el rearme es necesario para defendernos de peligrosos enemigos de los que los medios de comunicación y las redes sociales nos alertan constantemente: terrorismo, inmigración ilegal, islamismo, Rusia, China, etc., eludiendo interesadamente la evidencia de que los enemigos reales de la mayor parte del pueblo son la vivienda inaccesible, la precariedad laboral, el caos climático y el deterioro de los servicios públicos. Pero, claro, para combatir estos males no alcanza el presupuesto, porque el dinero se gasta prioritariamente en la industria de la guerra, que sólo beneficia a una pequeñísima minoría privilegiada. Las guerras se hacen por dinero y responden a poderosos intereses, pero las sufren los pueblos.

Se pretende presentar esta enorme inversión como una oportunidad para el desarrollo económico y tecnológico de zonas decadentes como la provincia de León, cuyas fuerzas vivas ya están compitiendo con regiones vecinas para asentar aquí actividades industriales militares que revitalizarían nuestra economía y frenarían la despoblación. Pues bien, aparte de la inseguridad inherente a este tipo de instalaciones, que podrían ser objetivo militar en caso de conflicto, está demostrado que la inversión en armamento genera menos puestos de trabajo que si se hace en energías alternativas, infraestructuras públicas, salud o educación.

León no necesita industrializarse a base de fabricar instrumentos cuya finalidad es provocar muerte y destrucción, sino aprovechar las potencialidades que presenta nuestro rico y diverso medio natural y cultural para la implantación de actividades agroalimentarias transformadoras de productos agropecuarios, empresas madereras respetuosas del medio ambiente, plantas autogestionadas de energías renovables e incluso un turismo no depredador atraído por la riqueza patrimonial de nuestras ciudades y áreas rurales, sin olvidar las posibilidades que para el transporte y la logística derivan de su posición estratégica entre la Meseta, Asturias y Galicia.

Armarse hasta los dientes no proporciona seguridad, sino todo lo contrario: contribuye a una carrera armamentística que siempre acaba en guerras devastadoras, como demuestran las dos guerras mundiales del siglo XX.  No volvamos a caer en los mismos errores del pasado. Invirtamos en vida y desarrollo solidario, no en muerte y destrucción.