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Cármenes abraza, con emoción, al 'Tío Ful'

La localidad de la montaña leonesa reúne a amigos y paisanos para rendir homenaje a Fulgencio Fernández, un hombre ligado a las historias, las tradiciones y las gentes de su tierra

Cármenes hizo emocionarse a última hora de este domingo a Fulgencio Fernández, el 'Tío Ful'. Periodista, médico, contador de historias, personaje singular, amante de las tradiciones y pura pasión por las gentes. Un bonachón formidable.

En esencia hay pueblos que tienen memoria y hay personas que consiguen convertirse en parte de esa memoria. Cármenes tiene a Ful, una de esas figuras difíciles de encasillar porque su trayectoria cabe en muchos oficios y, sobre todo, en muchas historias.

Observador privilegiado de las pequeñas grandes cosas de la vida, Fulgencio Fernández ha construido durante décadas una relación especial con las gentes de Cármenes y con todos aquellos que han compartido camino con él.

Por eso, la última hora de este domingo tuvo algo más que un homenaje. Fue un abrazo colectivo. Una manera de devolverle, aunque solo fuera por unas horas, una parte del cariño que el Tío Ful ha ido sembrando durante toda una vida.

Una mesa llena de recuerdos

El escenario elegido fue el Casino de Cármenes. En torno a una mesa, a modo de calecho improvisado, fueron tomando asiento y pasando diferentes representantes de colectivos, amigos y personas vinculadas de una u otra manera a la trayectoria vital y profesional de Fulgencio.

Óscar Campillo, Mauricio Peña, Miguel Ángel Castañón, Antonio Barreñada, Marina Díez, Vanesa Diez, Juanín García, Braulio, Javitín, Javitón y Laura Pastoriza, en representación de David Rubio, fueron algunos de los nombres que participaron en una reunión en la que los recuerdos terminaron convirtiéndose en protagonistas.

También estuvieron Escapa, José Antonio Llamas, Ana Isabel y muchas otras personas que forman parte de ese enorme círculo de afectos que rodea al Tío Ful.

La relación podría hacerse interminable porque también lo son las historias que Fulgencio ha ido dejando detrás.

Y así, alrededor de aquella mesa, comenzaron a florecer mil historias. Anécdotas compartidas, recuerdos de otros tiempos, favores que alguien nunca olvidó, conversaciones que permanecieron en la memoria y momentos en los que la figura de Ful aparecía siempre vinculada a una palabra: cercanía.

El hombre detrás del personaje

Quienes tomaron la palabra no hablaron únicamente del periodista o del médico. Hablaron de Fulgencio. Del hombre.

De su bondad y de su corazón. De esa capacidad casi inagotable para escuchar. De su forma de narrar, capaz de convertir una vivencia aparentemente sencilla en una historia que merece ser conservada. De su facilidad para estar cuando alguien lo necesitaba y de esa comprensión que tantos de los presentes habían experimentado alguna vez.

Porque el Tío Ful no ha sido solamente alguien que cuenta historias. Durante años ha sido también alguien que las recoge, las protege y las devuelve a los demás con la delicadeza de quien sabe que detrás de cada nombre existe una vida.

Su particular manera de mirar Cármenes y sus gentes le ha permitido convertir paisajes, costumbres, personajes y recuerdos en una especie de patrimonio sentimental compartido.

María José, emocionada

En un lateral del espacio, sentado en un banco, Fulgencio escuchó pausadamente cada una de las intervenciones. No necesitaba ocupar el centro. Le bastaba con escuchar.

María José, su mujer, no contener la emoción al contemplar cómo todo un pueblo, acompañado por amigos y compañeros de diferentes etapas de la vida de Ful, se reunía para abrazar a uno de sus paisanos más queridos.

Había algo especialmente hermoso en aquella escena: quienes durante tantos años habían escuchado las historias de Fulgencio eran ahora quienes se encargaban de contar la suya.

La emoción del Tío Ful

Fue en la parte final cuando la emoción terminó por vencer a Fulgencio.

No resulta sencillo imaginar al Tío Ful, acostumbrado a poner palabras a las emociones de los demás, quedándose sin ellas. Ni tampoco ver cómo a un hombretón como él se le escapa una lágrima.

Pero ocurrió.

Sobre el escenario, Fulgencio Fernández dejó que aparecieran los recuerdos más íntimos. Su madre. Su abuela. La nieve. Cármenes. Aquellos relatos que forman parte de su memoria y que, con el paso de los años, se han convertido también en la memoria de muchas otras personas.

Y entonces habló desde el corazón.

No necesitó grandes discursos. Ni enumerar méritos. Ni recordar una trayectoria que todos los presentes conocían. Su respuesta fue mucho más sencilla: dar las gracias.

Gracias a un pueblo que le quiere. Gracias a quienes habían compartido con él tantos momentos. Gracias a quienes habían llegado hasta allí para devolverle en forma de afecto una vida entera dedicada a los demás.

Un paisano que ya es memoria

Fulgencio Fernández es muchas cosas. Periodista y médico. Narrador y contador de historias. Defensor de las tradiciones. Conversador. Hombre de pueblo y, al mismo tiempo, personaje singular.

Pero probablemente ninguna de esas definiciones explica por sí sola lo que significa el Tío Ful para Cármenes.

Hay personas que dejan una obra y personas que dejan una enorme huella. Fulgencio pertenece a las segundas.

Su manera de querer a su tierra, de acercarse a sus gentes y de mantener vivas las historias de quienes estuvieron antes ha hecho que su propia vida termine formando parte de ese relato colectivo.

La noche del domingo, Cármenes se lo recordó.

Y quizá por una vez fueron los demás quienes le contaron a él una historia.

La de un pueblo que se siente orgulloso de su paisano. La de un grupo de amigos que quiso devolverle cariño. La de una mujer y una familia emocionada al contemplar aquel reconocimiento. Y la de un hombre, el Tío Ful, que después de toda una vida contando las historias de los demás terminó siendo, sin pretenderlo, el protagonista de una de las más hermosas.

Una historia que, esta vez, comenzó con una mesa, siguió con muchos recuerdos y terminó con una lágrima.