Gustavo Vega lleva la esencia de la Maragatería al corazón histórico de Barcelona
La cultura leonesa ha tendido un nuevo puente con Barcelona de la mano del poeta Gustavo Vega Mansilla. El escritor leonés ha llevado la identidad y la memoria de la Maragatería hasta la Plaça de Sant Felip Neri, uno de los espacios con mayor carga histórica de la capital catalana, dentro del proyecto cultural 'Poesia a cop d'ull' (Poesía a simple vista), una iniciativa que fusiona literatura e imagen.
En este encuentro artístico, Vega Mansilla presentó un poema dedicado a los maragatos que dialoga con las fotografías de Maite Jou, poeta y aficionada a la fotografía, en una propuesta que convierte la palabra y la imagen en un único lenguaje creativo.
"La obra no se concibe de forma aislada, sino estrechamente entrelazada con la expresión visual", destaca la organización, que subraya cómo el recital demuestra que "la poesía y la fotografía pueden fundirse en un solo latido emocional".
Un poema sobre la identidad maragata
El eje de la propuesta es el poema Los maragatos: en la frontera del tiempo, en el que Gustavo Vega Mansilla recorre el legado de los antiguos arrieros y la singular identidad de esta comarca leonesa. A través de imágenes cargadas de simbolismo, el autor evoca el paisaje del Teleno, las rutas comerciales, la arquitectura tradicional y las costumbres de un territorio que define como un espacio donde "los relojes no miden el tiempo, miden la terquedad, la pura lealtad y los milagros".
El texto reivindica la memoria de la Maragatería y reflexiona sobre la transformación de un patrimonio que, según el poeta, sigue conservando intacta su esencia pese al paso de las generaciones.
Arte y memoria en Sant Felip Neri
La lectura del poema tuvo como escenario la Plaça de Sant Felip Neri, un enclave del Barrio Gótico barcelonés cuya historia está marcada por el bombardeo del 30 de enero de 1938 durante la Guerra Civil.
La organización recuerda que las cicatrices visibles en la fachada de la iglesia "constituyen el impacto directo de la metralla" de aquel ataque, en el que murieron 42 personas, la mayoría niños refugiados en el templo. El Ayuntamiento de Barcelona ha conservado esas huellas como símbolo permanente de la memoria histórica y de rechazo a la violencia.
El recuerdo de Gaudí
El acto también enlaza con otro de los episodios más conocidos de la historia de Barcelona. La plaza está vinculada a los últimos días de Antoni Gaudí, quien acudía con frecuencia a la iglesia de Sant Felip Neri para rezar y confesarse. Fue precisamente cuando se dirigía hacia este templo, el 7 de junio de 1926, cuando sufrió el atropello de un tranvía que acabaría causándole la muerte.
En este escenario cargado de simbolismo, los versos de Gustavo Vega Mansilla y las imágenes de Maite Jou establecieron un diálogo entre la memoria leonesa y la catalana. "Un hilo invisible pero indestructible ha quedado tendido entre León y Barcelona", señala la organización, que considera que esta iniciativa demuestra que las raíces culturales "no solo se leen, sino que también se contemplan y se sienten a simple vista".