La victoria de Campillo
El leonés Óscar Campillo enseñó a toda una generación de periodistas a ejercer con orgullo algo que hoy parece casi revolucionario: su propia profesión.
“Hagamos periodismo”, repetía siempre. Y detrás de aquella frase había una manera de entender el oficio. Con sus aciertos y con los inevitables errores del día a día, pero haciendo periodismo. Sin disfraces, sin consignas y sin necesidad de pedir permiso.
Aquello significaba contar lo que sucedía, sin ambages ni aditivos. La realidad y punto.
Eran los tiempos de la vieja Crónica, aquella escuela de periodistas donde la información todavía se defendía como una trinchera. Esa misma filosofía la trasladó después a El Mundo y más tarde a Marca, donde ejerció una dirección poco habitual para un medio deportivo: convertir un periódico especializado en un periódico que, antes que deportivo, quería ser periodístico.
Y ahí nació el choque inevitable con Florentino Pérez.
Porque Campillo siempre creyó en la información. Florentino, en cambio, siempre ha parecido pensar que el buen periodista es el que lleva lazo, collar y bozal.
“Presiona mucho, pero nosotros a lo nuestro. A contar lo que ocurre”, decía Óscar en aquellas redacciones donde todavía se creía que el poder debía ser fiscalizado y no acompañado.
Y Marca contó entonces lo que muy pocos se atrevían a contar sobre Florentino: básicamente, que no era dios. Que podía equivocarse. Que sus decisiones podían discutirse. Que el presidente del Real Madrid también debía convivir con preguntas incómodas.
Y aquello tuvo consecuencias.
Florentino acabó apartando a Campillo, como antes o después hizo con tantos otros periodistas incómodos, y el leonés recaló en Vocento, esa imperfecta casa de periódicos que durante años sobrevivió gracias precisamente a perfiles como el suyo: periodistas enamorados de su oficio pese a todas las contradicciones empresariales.
De esa convicción nació más tarde Relevo, probablemente uno de los proyectos más innovadores que ha alumbrado una redacción española en los últimos años. Un medio pensado para otro lenguaje, otra audiencia y otra manera de consumir información deportiva, pero construido desde una idea clásica: el periodismo sigue importando.
Relevo volvió a irritar profundamente a Florentino Pérez.
El presidente del Real Madrid convirtió a Relevo en una obsesión recurrente. Incluso cuando el propio medio ya había cerrado. Porque a determinados dirigentes no les enfada tanto una crítica concreta como la existencia misma de periodistas que no aceptan tutela.
“Es una campaña organizada. Me atacan personalmente. Me voy a dar de baja de ABC. Mi padre lo leía y me suscribió hace muchísimos años. Quería honrar a mi padre, pero ahora he tomado la decisión de darme de baja. Mi padre me lo agradecerá. En las asambleas de LaLiga preguntamos cuánto dinero dan a los periódicos para que se metan con nosotros. ¿Por qué tienen ese interés si el Madrid es lo más grande que hay en el mundo? Es una orquestación de los malos periodistas contra el Real Madrid y yo tengo que salir. Han sacado hasta un diario, Relevo, pagado por LaLiga y que le han hecho perder a Vocento 25 millones. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”.
Eso dijo Florentino Pérez, mencionando a Relevo hasta en 16 ocasiones durante su intervención en la rueda de prensa de este martes.
Y quizá ahí estuvo la verdadera clave de todo. Porque cuando alguien dedica tanta energía a desacreditar a periodistas y medios, normalmente no está demostrando poder, sino incomodidad.
Con el auditorio cargado de cólera y bilis, Florentino terminó evidenciando algo que muchos intuían desde hace años: que en esta vieja batalla entre el poder y quienes intentan contarlo, Óscar Campillo dejó una huella mucho más profunda de lo que algunos quisieron admitir.
Si alguna vez hubiera que buscar vencedores y vencidos, probablemente la rueda de prensa de ayer dejó bastante clara la conclusión: aquella fue, por encima de todo, la victoria de Campillo. La victoria del periodismo.
“Hala Madrid”, que diría un clásico.