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Carolina Marín, "medalla de cariño" en León

La onubense, una de las mejores deportistas españolas de todos los tiempos, ofreció una charla motivacional a los trabajadores de mAbxience donde desgranó las claves de su éxito y recordó qué sintió al romperse la rodilla en París 2024 

Hace casi diez años, en una calurosa jornada de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, una joven onubense saltaba a una pista abarrotada para disputar la final de Badminton ante la jugadora india Sindhu V. Pusarla. El partido, al mejor de tres set, no comenzó bien para la española, que cedió el primer set. "Sin embargo, en mi cabeza lo único que quise pensar es, ¡puedo!". Y claro que pudo. La española remontó, ganó los dos set siguientes y se subió a lo más alto del podio para recibir la mayor gloria deportiva: el oro olímpico.

Este lunes, la gran referencia del bádminton mundial Carolina Marín, querida y admirada a partes iguales por su espectacular trayectoria dentro y fuera de las canchas pero, sobre todo, por su sobresaliente fortaleza mental, recordó esta y otras muchas anécdotas de su carrera deportiva en León. Lo hizo ante un auditorio entregado pese a no tener nada que ver con el mundo de los volantes, ni siquiera del deporte: los empleados de la farmacéutica mAbxience, a quienes recordó que la motivación, la perseverancia, el esfuerzo y el trabajo en equipo son "clave" para lograr el éxito, incluso si este resulta esquivo. 

Siempre hacia delante

"No importa todo lo que haya que trabajar, sacrificar o renunciar, porque lo verdaderamente importante es que al final de ese camino que estáis recorriendo, podáis echar la vista atrás y os deis cuenta de que habéis dado vuestro cien por cien y de que no os podéis reprochar nada; porque lo más importante no es caer ni frenarse, sino seguir hacia delante, se consiga o no se consiga el resultado", inspiró Marín al auditorio leonés.

"Esta charla con Carolina Marín ha sido una oportunidad para reforzar nuestra cultura mAbxience y la manera en que conectamos estrategia e innovación en entornos altamente exigentes. Su ejemplo de disciplina, resiliencia y fortaleza mental refleja cómo trabajamos cada día: con visión a largo plazo, mejora continua y un fuerte sentido de equipo como base de la excelencia", sintetizó a Heraldo de León Silvia Uzuriaga, directora de Recursos Humanos de mAbxience.

Dos momentos

En la charla motivacional, Martín destacó dos momentos de su carrera. El primero, el campeonato del mundo en agosto de 2014. Contra todo pronóstico, Carolina se metió en la gran final. El día del partido, recordó, "me levanté y me dolía absolutamente todo mi cuerpo y yo decía, me voy a tener que conformar con la plata, porque no me puedo ni mover". Carolina jugó, y perdió el primer set. Tampoco le fue bien en el segundo, siempre a remolque de su rival, hasta que su entrenador --"que me conoce como si me hubiera parido-- le dijo: "Sé que estás muy cansada, pero quiero que sepas que dentro de un rato va a sonar un himno. De ti depende que suene el himno de China o el himno de España". 

"Ahora me río pero os podéis imaginar el papelón que yo tenía en aquel momento y os podéis imaginar todo lo que se me pasaba por la cabeza. Era todo menos bonito, la verdad", se sinceró Marín mientras contaba la anécdota. "Sin embargo", prosiguió, "algo tocó mi cerebro; iba perdiendo 11-7 y a esa jugadora le quedaban 10 puntos. Pensé, por lo menos voy a hacer que sude y, poquito a poco, me fui olvidando del cansancio". Ni que decir tiene que poco después de aquello, sonó el himno español.

Un crujido en París 2024

La segunda, también un mes de agosto, pero de 2024, en plenos Juegos Olímpicos de París. La onubense llegaba a la cita olímpica tras el fiasco de Pekín cuatro años antes, cuando su rodilla se rompió dos meses antes de iniciar la competición. Marín llegó hasta las semifinales sin pestañear, enfocada en su gran objetivo de ser la primera deportista en ganar dos oros olímpicos y tres mundiales. Ganó el primer set. "Todo estaba funcionando perfectamente", recordó en León con emoción. De repente, en un salto, "pasa lo peor que te puede pasar en la vida, que es que escuchas un crujido... y sabes perfectamente lo que es, porque ya te ha pasado antes".

No es necesario describir la imagen porque habría que haber estado en Marte para no haberlo visto el que seguramente es un de los instantes más duros y crueles de la historia del deporte español. Ese día Carolina perdió una medalla olímpica, seguramente de oro, y la oportunidad de convertirse en la jugadora más laureada de la historia. Pero ganó algo más importante, "algo mejor", dice con la perspectiva que da el tiempo: "Una medalla en forma de cariño, de amor y de mucho apoyo; una medalla que no se entrena y que la gente, sobre todo los españoles, me habéis dado a lo largo de todos estos años". "Es de lo que más agradecida estoy porque esa medalla no se pone en la vitrina, esa medalla se la guarda una en el corazón".