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365 leoneses | Ignacio Rodríguez, futbolista

"El día del ascenso nos fueron a ver casi 3.000 personas, más del doble de las que viven en el pueblo"

Ignacio Rodríguez de los Santos regresó al equipo de su pueblo tras su paso por la Cultural y encontró en el Atlético Mansillés un club donde la unión, la humildad y el fútbol han convertido a La Caldera en el corazón de la villa
El leonés Ignacio Gutiérrez.
El leonés Ignacio Gutiérrez.

La vida de Ignacio Rodríguez de los Santos transcurre entre Mansilla de las Mulas, León y un balón en los pies. Tiene 23 años, está terminando un grado superior de Dietética y lleva más de tres lustros sin entender sus días lejos de un terreno de juego. “Si me quitan el fútbol, no sé lo que haría”, reconoce.

Aunque nació en una familia con raíces leonesas y dominicanas, su historia está estrechamente ligada a la villa. Allí pasó buena parte de su infancia y allí siguen estando sus amigos, sus rutinas y gran parte de su tiempo libre. “Tuve que irme a vivir a León para estudiar Bachillerato, pero mi día a día sigue estando en el pueblo. Mis amistades son las de siempre y paso allí prácticamente toda la semana”, cuenta.

Describe el municipio como un lugar especial. “Es un lugar multicultural, hay una cantidad de nacionalidades increíble, y eso lo enriquece mucho. Nos conocemos casi todos y la gente suele llevarse muy bien”.

Pero si hay algo que une a los vecinos es el fútbol.

El motor de Mansilla

Para Ignacio, jugador del Atlético Mansillés, el club es mucho más que un equipo. Es el punto de encuentro de varias generaciones y el principal elemento vertebrador del pueblo. “Es el motor principal de Mansilla. Todos los fines de semana nos juntamos allí la mayoría y también viene mucha gente de fuera”, explica.

La prueba llegó durante la temporada del ascenso a Tercera Federación. En el partido decisivo acudieron cerca de 3.000 espectadores. “Éramos más del doble de la población de la villa. Fue algo increíble”.

El regreso a casa

Ignacio comenzó a jugar con siete años en el Puente Castro. Más tarde pasó por la Cultural y Deportiva Leonesa, donde completó toda su etapa formativa hasta terminar en División de Honor juvenil.

Sin embargo, fue el regreso a casa el que cambió su trayectoria. “Después de juveniles no estaba en mi mejor momento. Había perdido un poco la confianza en mí mismo”, reconoce. Entonces llegó la llamada del Atlético Mansillés. “Me vine aquí y recuperé todo. La confianza, las ganas... hasta me pasé, creo yo”, dice entre risas.

Desde entonces ha sido protagonista del crecimiento de una entidad que parece desafiar cualquier lógica económica. En apenas tres temporadas, el club pasó de ascender a Tercera Federación a rozar los puestos de promoción a Segunda Federación.

Todo ello desde La Caldera, nombre con el que se conoce al campo del equipo y que se ha convertido en uno de los símbolos del fútbol en la comarca.

Un club diferente

Habla del Atlético Mansillés con una mezcla de orgullo y asombro. “Somos el presupuesto más bajo de la categoría y competimos contra equipos prácticamente profesionales”, afirma.

Lo que distingue al conjunto, explica, no son las instalaciones ni los recursos, sino las personas que lo sostienen. Durante los últimos años, el crecimiento deportivo ha ido acompañado de pequeñas mejoras en las infraestructuras, muchas de ellas impulsadas por la propia gente del club. “No teníamos gimnasio y nos hicimos una pequeña sala con unas pesas y una bicicleta”.

Esa filosofía se refleja también en el día a día. En el campo las funciones no siempre terminan cuando acaba el entrenamiento. El cuidado de las instalaciones, la organización o el mantenimiento del césped forman parte de una cadena de colaboración en la que participan directivos, voluntarios y jugadores. “El que cuida y siega el verde es el 'seis' del equipo. El presidente es el 'diez' y además nuestro capitán”, confiesa.

Detrás de cada partido hay muchas horas de trabajo silencioso. Personas que dedican tiempo a preparar el terreno de juego, acondicionar las instalaciones o ayudar en cualquier tarea necesaria para que la historia siga creciendo. “Hay gente que ayuda porque quiere. No tiene obligación de hacerlo. Lo hace porque siente el Mansillés”. Quizá ahí resida una de las claves de una entidad que, con recursos muy limitados, ha conseguido competir de tú a tú con proyectos mucho más potentes. 

Un sueño con acento dominicano

Más allá del presente en La Caldera, Ignacio mira también hacia el otro lado del Atlántico. Su madre es dominicana y recientemente ha mantenido contactos con la selección del país caribeño. “Me haría muchísima ilusión. Muchísima. Poder jugar allí, representar a República Dominicana y ver a mi familia sería algo muy especial”, dice.

Más allá del fútbol

Fuera del campo, Ignacio combina las prácticas del grado superior de Dietética con un proyecto profesional al que se acaba de unir junto a un amigo.

Interesado desde hace años por el mundo de las finanzas y el ahorro, trabaja ayudando a personas que buscan organizar mejor su futuro económico y conocer las herramientas que tienen a su alcance para planificarlo. “A mí es un tema que me preocupa. Creo que muchas veces no conocemos las opciones que tenemos para organizarnos mejor de cara al futuro. Por eso me involucré en este proyecto”, explica.

Mirar al futuro

Fuera de los entrenamientos y del trabajo, Ignacio aprovecha cualquier oportunidad para viajar. Hace apenas un año recorrió Europa en caravana junto a varios amigos para visitar a una compañera que estaba de Erasmus en Polonia. Atravesaron Francia, Bélgica, República Checa, Suiza y las Dolomitas italianas antes de llegar a destino. “Me encanta conocer el mundo y las distintas culturas que hay”, cuenta.

Entre sus raíces familiares, los viajes, los estudios y el fútbol, Ignacio representa una generación que mira al futuro sin perder el vínculo con su origen. Quizá por eso se siente tan cómodo en Mansilla, un lugar pequeño donde conviven personas de muchos lugares distintos y donde el sentido de pertenencia sigue teniendo un valor especial.

Y mientras el Atlético Mansillés continúa rompiendo pronósticos temporada tras temporada, él mantiene intacta la ilusión de quien todavía siente que lo mejor está por llegar.