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El 'menú' de Ad Legionem

Una tesis doctoral de la Universidad de León revela los gustos y hábitos alimenticios de los civiles romanos asentados al calor de la Legio VI y VII con preminencia del vacuno y caprino pero con algunos gustos más refinados como las ostras
Vista aérea de la zona en la que se ubican los restos de Ad Legionem.

El estudio de los restos hallados en el yacimiento romano de Ad Legionem, en las inmediaciones de lo que hoy es el populoso barrio de Puente Castro, ha permitido conocer buena parte de la cotidianidad de la vida civil romana en la antigua victus, que creció al calor del campamento de las Legio VI y VII que dieron forma a la ciudad de León. Por ejemplo, gracias a las investigaciones sabemos en sus calles convivían artesanos, taberneros, prostitutas, comerciantes, médicos, carniceros e incluso soldados retirados. Pero, en una cultura con tanto apego por la gastronomía como la leonesa cabe preguntarse, ¿qué comía toda esa gente?

La pregunta tiene su respuesta en una tesis doctoral de la Universidad de León, realizada y presentada por Pedro Mateo Pellitero, dentro del programa de doctorado Mundo Hispánico: raíces, desarrollo y proyección, y titulada 'Estudio y análisis zooarqueológico del yacimiento de Ad Legionem (León). Gestión faunística y alimentación de origen animal en un vicus militar de época romana', en la que se revelan muchas curiosidades de una dieta basada principalmente en animales domésticos y caza, aunque con algunos 'caprichos' como ostras, que también estaban muy presentes en los platos de aquellos con mayor disponibilidad de denarios.

Un asentamiento "consumidor"

Además, el estudio del menú de Ad Legionem, a través de restos encontrados en el yacimiento, ha permitido conocer un poco más en profundidad la realidad del asentamiento. Así, entre las conclusiones de la tesis doctoral se señala que "al contrario de lo que se pensaba en un principio, Ad Legionem no practica la gestión y la actividad ganadera a gran escala, ni sirve como centro logístico para abastecer a la legión anexa". Se trata, por tanto, "de un centro predominantemente consumidor, dependiente del suministro de recursos animales para satisfacer sus necesidades de abastecimiento. No obstante, la cría de ciertas especies sí se lleva a cabo de forma limitada en la misma población".

Del vacuno y caprino a conejos, gallinas y palomas

Con esta aseveración en la cabeza, vamos a echar un ojo a la carta. Tal y como se recoge en la investigación, los romanos asentados entre las riberas del Bernesga y el Torío en las primera décadas del siglo I gustaban de "la carne de vacuno (Bos taurus) en primer lugar y seguidamente los caprinos (Ovis aries y Capra hircus), situándose el porcino (Sus domesticus) en un lugar más secundario". "Los restos de conejo (Oryctolagus cuniculus), gallina (Gallus gallus) y paloma (Columba livia) completan la secuencia de domesticados o semidomesticados destinados a la alimentación".

Gusto por la caza

Además, la caza, un recurso abundante en la época, también tenía bastante preminencia en el menú de Ad Legionem. Según se menciona en las conclusiones de la investigación "la actividad cinegética está bien atestiguada en el yacimiento". En este apartado de la carta se encontraban "el
ciervo (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus), jabalí (Sus scrofa) y perdiz (Alectoris rufa)". 

Igualmente, aunque fuera ya del menú, la investigación ha hallado resto de otras especies, sin interés alimenticio, como los équidos (Equus caballus,
Equus asinus
y otros híbridos), el perro (Canis familiaris), el gato (Felis catus) y el zorro (Vulpes vulpes) que, no obstante, se cree que eran aprovechadas para otro tipo de beneficios en el día a día de la victus o, simplemente, como mascotas.

Ostras y pescados 

Pero no solo de carne vivían los primeros 'leoneses'. También se han recuperado restos de moluscos entre los que destaca la presencia de ostras (Ostrea Edulis). Además, en lo que a restos de pescado se refiere, la tesis doctoral señala que "en Ad Legionem contamos con tres restos ícticos marinos que reflejan, en mayor o menor medida, la presencia de este tipo de alimentos en zonas alejadas de la costa; se trata de un maxilar de Sparus aurata (dorada), un ceratohial de Labrus bergylta (maragota) y una vértebra caudal de Scomber colias (caballa)".

Un "consumo de prestigio"

La aparición de ostras se explicaría por "consumo de prestigio", es decir, "la presencia de grupos sociales en este asentamiento con un alto poder adquisitivo (élites sociales) así como el buen y rápido funcionamiento del comercio romano que permitía que estos productos llegasen en buenas condiciones desde la costa". De hecho, también han aparecido resto de este molusco en yacimientos cercanos como Lancia, Astorga o el campamento de Legio. 

En definitiva, una sabrosa investigación que permite conocer un poco más en profundidad la vida cotidiana de los romanos en uno de los asentamientos que moldearon lo que hoy es León y su menú ya entonces adaptado a todos los gustos y bolsillos.