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365 LEONESES | Hermenegildo López, Catedrático

"Se ocultan la historia y la identidad para convertir León en un muñón estúpido"

Una de las voces imprescindibles del leonesismo social y político, primer secretario general de UPL, filólogo por culpa de Balzac, impulsor de la expansión internacional de la ULE, Honoris Causa por dos universidades rusas... este martes ha sido reconocido como 'Aconceyau d'Honor 2026'

Hermenegildo López este lunes durante su nombramiento como 'Aconceyau d'Honor 2026'.
Hermenegildo López este lunes durante su nombramiento como 'Aconceyau d'Honor 2026'.

“Lo agradezco enormemente pero no le quiero dar mucha importancia, seguro que había muchos candidatos mejores que yo”. Desde una mezcla de sencillez y lucidez, Hermenegildo López fue nombrado este lunes ‘Aconceyau d'Honor 2026’ por parte de la asociación Conceyu País Llionés durante la celebración del Día de la Indentidá Llionesa. Un galardón que reconoce a quienes, como él, han “luchado por libertad de los leoneses”.

Méritos, sin duda, no le faltan a este leonés de San Cipriano del Condado en 1946, hijo, como él mismo explica de “familia humilde”: su padre fue albañil y llegó a tener una pequeña empresa de construcción; su madre, “trabajadora de las de antes”. Y él, un niño que a los 10 años salió del pueblo y entró en el seminario, sin tener muy claro por qué. 

De Balzac a las Carmelitas

Buena parte de la juventud se la pasó en París, lo que sería determinante en su trayectoria vital y profesional, y donde cayó rendido a los pies de Honoré de Balzac, cuya obra escudriñó mientras comenzaba a sus primeros sueldos. “A mi regreso, ya con un título de Francia comencé como profesor de francés en León, primero en las Carmelitas, de donde guardo un gran recuerdo, y luego en otros colegios privados de la ciudad”, explica. Fue entonces cuando, un día, “surgió una oportunidad en la antigua Normal de Magisterio, nada menos que una sustitución para alguien como Waldo Merino, y ahí comenzó mi carrera académica”.

La Universidad, que poco a poco se iba consolidando en León, pasó por Hermenegildo y Hermenegildo pasó por la Universidad. De Magisterio saltó a Empresariales “cuando estaba donde San Francisco”. Fue subdirector de la Facultad y también Jefe de Estudios. Hasta que el rector Julio César Santoyo Mediavilla se fijó en él y le llamó para que impulsara la incipiente sección de Relaciones Internacionales: “Cuando llegué solo había una oficina con una secretaria y un técnico que gestionaban siete convenios. Cuando me fui, 17 años después, teníamos a más de 700 estudiantes embarcados en proyectos internacionales”. 

Cooperación con universidades rusas

“Me especialicé en trabajar con universidades de Asia y sobre todo de Europa del Este”, relata el filólogo y catedrático de Filología Moderna, destacando su amplia labor en un país como la convulsa Rusia postsoviética. Gracias a un trabajo “bien hecho” en torno a la lingüística y la cooperación, Hermenegildo fue distinguido con dos Honoris Causa por la Universidad Estatal de Vorónezh y por la Universidad Internacional de Moscú.

Pero sin duda, fue su estancia juvenil en Francia la que vinculó definitivamente a Hermenegildo con su tierra. Antes de los proyectos internacionales y los reconocimientos, fue un simple estudiante “que estaba bastante solo y sin raíces debajo de los pies” en una época, además, en la que, como un triste reflejo de la actualidad “los inmigrantes no eran demasiado bien recibidos”. El rápido dominio del idioma hizo que el leonés se integrara “bastante mejor que la mayoría”, aunque la soledad era demasiado grande como para no rellenarla. “Empecé a leer cosas de León, a interesarme por lo nuestro y ahí comencé a juntar una pequeña biblioteca de temas de León que luego no ha dejado de crecer”.
De esas lecturas leonesas a orillas del Sena comenzó a sacar conclusiones. La primera, y más evidente: “Hubo una decisión caciquil de integrarnos en una entidad superior que nadie entendía y que rechinaba bastante cuando has buceado en la historia”.

Las trincheras del leonesismo

Quizá esa visión fue la que llevó a Hermenegildo López a pasar a la acción y, siendo todavía un joven profesor universitario, se convirtió en el primer secretario general de la Unión del Pueblo Leonés. Desde entonces, ya nunca abandonaría la lucha, aunque no siempre desde la primera línea política, sino desde la trinchera de la agitación cultural. 
Conocida es, por ejemplo, su pasión por las representaciones históricas, especialmente en torno a la figura de la reina Urraca I de León. “Hubo un tiempo en que parecíamos La Barraca”, recuerda aludiendo al grupo de teatro con el que Federico García Lorca recorría los pueblos de la España republicana sembrando cultura a través del teatro y el arte. “Acabé un poco saturado, pero seguiremos”, explica.

También sigue en la brecha denunciado injusticias desde el tejido asociativo de la ciudad, con especial vinculación al barrio de Santa Marina, donde es un referente social, ético y, siempre, leonesista. Desde allí mira al futuro con incertidumbre pero también con esperanza en que León consiga quitarse en yugo de su fallida autonomía en unión con Castilla en la que “se oculta nuestra historia y nuestra identidad para convertirnos en un muñón estupido”.

"El futuro es hoy"

“El futuro es hoy”, reflexiona el padre y abuelo. “A los que tenemos más de 70 y peinamos bastantes canas, lo que nos preocupa es lo que viene detrás”, arguye antes de lanzar un mensaje a los que vienen: “Si no te consideras parte de un todo, si no te das cuenta de que todo lo que somos lo compartimos, y que necesitamos estar unidos, perderemos el norte y también el futuro”. “Cuando alguien te gobiernan desde lugares que no entienden lo que pasa aquí, ocurren cosas como los incendios del verano pasado: tragedias”, remarca para apostillar que aunque ve “bastante negro” el futuro, “no está escrito y tenemos la obligación de cambiarlo”.