La historia de León tras las puertas de San Marcelo
En pleno centro de León, la iglesia de San Marcelo es uno de esos lugares por los que muchos leoneses pasan cada día sin detenerse demasiado. Sin embargo, tras sus puertas se conserva una historia que mezcla tradición, arte medieval y siglos de vida parroquial.
La parroquia lleva el nombre de San Marcelo, una figura que forma parte de la identidad de la ciudad desde hace siglos. Roberto da Silva, párroco del templo, recuerda que “antes de que León se convirtiera en ciudad, en cuna del parlamentarismo y en todo aquello de lo que hoy presume, ya hubo aquí un cristiano que dio su vida por su fe en Cristo”.
San Marcelo, centurión romano según la tradición, terminó siendo reconocido como patrón de León y también de la policía local. Sus restos reposan bajo el altar, en el mismo lugar donde cada día continúa la vida parroquial, como un discreto recordatorio de esos orígenes.
Pero más allá del dato histórico, la gran joya que guarda la iglesia es su retablo medieval.
Un retablo del siglo XVIII que narra una familia
La gran joya que hoy se conserva en el altar mayor es un retablo barroco del siglo XVIII, instalado en 1722, que reemplazó a un retablo medieval anterior del siglo XIV, hoy conservado en el Museo de León.
En la calle central aparecen San Marcelo y su esposa, Santa Nonia. A ambos lados se distribuyen sus doce hijos: Claudio, Lupercio, Vitorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Januario y Marcial. Cada uno de ellos tiene su nombre a los pies, en pequeñas cartelas que permiten identificar a cada miembro de esta singular familia.
Uno de los detalles que más curiosidad despierta es la figura que aparece junto Santa Nonia. Durante años se pensó que podía tratarse de una hija pequeña, “Nonita”. Sin embargo, se desconoce quién es.
La imagen de San Marcelo
La imagen de San Marcelo que preside el altar muestra una estética distinta. Don Félix Díez Alonso suele detenerse en los detalles cuando la explica: invita a fijarse en el rostro, en la barba, en las manos, en los nudillos y en las venas. También señala que la armadura no es romana, sino inspirada en la de los tercios españoles, una elección artística propia de la época en que se realizó la escultura.
En los laterales aparecen los doce hijos, seis a cada lado, también como soldados. Algunos conservan la palma que simboliza el martirio; en otros casos, el paso del tiempo ha hecho que falten dedos o pequeños fragmentos. Son huellas que hablan de siglos de historia, pero también de cuidado y atención constante.
Una parroquia viva
Más allá de la historia y del arte, San Marcelo sigue siendo una parroquia activa. Tres misas diarias entre semana y un horario ampliado los fines de semana mantienen el templo en funcionamiento constante. Además, acoge cofradías como la de Santa Marta o la de las Siete Palabras, que forman parte del tejido tradicional de la ciudad.
La iglesia no es solo un edificio histórico; es un espacio donde se han bautizado generaciones de leoneses, se celebran encuentros y el patrimonio convive con la vida cotidiana.
Entrar en San Marcelo es, en el fondo, asomarse a varios siglos de León condensados en madera policromada y dorado. Una historia de familia convertida en arte y una parroquia que sigue formando parte del día a día de quienes pasan por el centro sin imaginar todo lo que se esconde tras sus puertas.