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REPORTAJE

El hombre al que nadie quiso enterrar

La vida de Laurentino Tejerina Marcos, anarquista leonés, resume un siglo de persecuciones: militante de la CNT, amigo de Durruti, combatiente republicano y muerto en la clandestinidad, la Iglesia se negó a darle sepultura por “hereje”
Laurentino
La historia de Laurentino Tejerina Marcos (Villamartín de Don Sancho, León, 1893 – Viloria de la Jurisdicción, 1944) es la de un hombre que nunca se resignó.

La historia de Laurentino Tejerina Marcos (Villamartín de Don Sancho, León, 1893 – Viloria de la Jurisdicción, 1944) es la de un hombre que nunca se resignó. Anarquista, anarcosindicalista y militante incansable, vivió marcado por la represión política, la guerra y el exilio interior. Su vida fue tan incómoda para el poder que, incluso muerto, nadie quiso enterrarlo.

Conocido también por el sobrenombre de Peñaubiña, Tejerina fue uno de los referentes del anarquismo leonés durante el primer tercio del siglo XX, una figura hoy casi olvidada cuya biografía atraviesa algunos de los episodios más convulsos de la historia contemporánea de España.

Infancia sin padre y trabajo en la mina

Laurentino Tejerina nació el 1 de febrero de 1893 sin padre reconocido y creció bajo la tutela de un abuelo severo que le obligó a abandonar la escuela. Con apenas 14 años, comenzó a trabajar como dinamitero en las minas de Santa Lucía de Gordón, en La Pola de Gordón, uno de los principales focos de conflictividad obrera de la provincia de León.

Ese contacto temprano con la dureza del trabajo minero marcó su conciencia social. Pronto se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y participó activamente en huelgas y protestas obreras.

Amistad con Durruti y rechazo al servicio militar

Hacia 1915 trabó amistad con Buenaventura Durruti, relación que continuó de forma epistolar entre 1917 y 1919. Su compromiso político le llevó a negarse a realizar el servicio militar, una decisión que pagó caro: fue detenido y enviado durante tres años a un batallón disciplinario en el Protectorado español de Marruecos.

Allí coincidió con el entonces teniente Ramón Franco Bahamonde, hermano del futuro dictador, a quien facilitó lecturas de carácter revolucionario. Enfermo de paludismo, dolencia que arrastraría el resto de su vida, regresó a León para enfrentarse a nuevas detenciones y encarcelamientos.

Militancia, cárcel y vida familiar

De vuelta en la provincia, fue encarcelado en varias ocasiones y se unió sentimentalmente a la maestra Rosina García, con la que tuvo cuatro hijos. Autodidacta, adquirió conocimientos de arquitectura y construcción, lo que le permitió ganarse la vida y cierto prestigio profesional.

En 1918 fundó un grupo anarquista en León y, entre 1919 y 1920, impulsó junto a otros militantes un Sindicato de Oficios Varios de la CNT, actividad que le llevó a las cárceles de Oviedo y Burgos. Colaboró además en publicaciones como La Revista Blanca y Solidaridad Obrera.

En mayo de 1923 fue detenido junto a Santiago Durruti tras el atentado contra el exgobernador de Vizcaya Fernando González Regueral, aunque fue liberado por falta de pruebas.

Huida a Francia y represión sobre su familia

Tras nuevas detenciones por propaganda ilegal, y ante una petición fiscal de cinco años de cárcel por un delito de imprenta, huyó en 1926 a Francia junto a Julián Floristán Urrecho, aprovechando su libertad condicional. La huida tuvo consecuencias dramáticas: su compañera Rosina García fue detenida y enviada al penal de Burgos, con una hija de tres años y embarazada de su segundo hijo, Valentín Castillo.

En estos años, Tejerina se declaró vegetariano y anarconaturista. En Francia militó en grupos anarquistas y en la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y fue detenido en 1927 durante las protestas por la ejecución de Sacco y Vanzetti.

Regreso con la República y liderazgo obrero

En 1931, pese a tener la vida resuelta en Francia, regresó a España acogido a la amnistía republicana. En León desplegó una intensa actividad política y sindical. En diciembre de 1931 presidió un mitin de Buenaventura Durruti y fue procesado en 1933 por su papel en una huelga en Astorga.

Fue nombrado en varias ocasiones secretario de la Federación Local de la CNT de León y, tras la huelga de diciembre de 1933, ingresó en prisión el 4 de enero de 1934.

Guerra, resistencia y el Batallón Tejerina

Tras el golpe militar del 18 de julio de 1936, huyó inicialmente a Viloria de la Jurisdicción, aunque acabó marchando al norte. En La Pola de Gordón fue nombrado delegado de Hacienda y Abastos y, desde el comité de Villamanín, pasó a comandar el Batallón de Cazadores 206, conocido como Batallón Tejerina, integrado por anarquistas leoneses.

La unidad fue reconocida por la toma de la fortaleza de Peña Ubiña, en Asturias, origen de su apodo Peñaubiña. En febrero de 1937 fue nombrado subdelegado de Trabajo para León y secretario del Frente Popular.

Cuatro años oculto bajo tierra

Tras la caída del frente norte en el otoño de 1937, defendió organizar la guerrilla, pero acabó escondido en Viloria, en la bodega de Ángela, hermana de Rosina. Gravemente enfermo —paludismo, secuelas de guerra y cáncer de hígado—, pasó cuatro años oculto en un agujero excavado en el suelo, soportando registros policiales y el odio de parte de su entorno familiar.

A finales de 1941, su hijo Antonio lo trasladó en taxi al Sanatorio Miranda. Tras once días hospitalizado, volvió a casa para morir con los suyos.

La muerte sin sepultura

Laurentino Tejerina Marcos falleció el 17 de febrero de 1944 y fue enterrado en el mismo escondite que le había salvado la vida. En 1945, su hijo Antonio fue detenido y obligado a desenterrar el cadáver. El secreto había sido revelado bajo tortura.

Cuando los restos llegaron al cementerio, el cura de Onzonilla se negó a darle sepultura en terreno sagrado por considerarlo “hereje”. Finalmente fue enterrado en una sacristía en ruinas, posteriormente incorporada al camposanto.

Su compañera, Rosina García, murió en el exilio en octubre de 1963. La de Laurentino Tejerina fue una vida de resistencia llevada hasta el extremo: perseguido en vida, incómodo en la muerte y fiel a unas ideas por las que nunca quiso rendirse.