"Más de un centenar de niños han muerto en Gaza desde el alto el fuego del pasado octubre"
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) es el mayor organismo a nivel mundial en velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes. Con presencia en más de 190 países y territorios de todo el planeta, su ayuda es vital para la supervivencia de millones de niños y su red de profesionales humanitarios son los primeros en llegar y los últimos en irse cuando se produce una emergencia humanitaria en cualquier parte del mundo. José María Vera es la cabeza visible del Comité Español de UNICEF y su director ejecutivo. Licenciado en Química Industrial y Máster en Cooperación Internacional, ha sido profesor visitante en las universidades de Georgetown y Loyola Andalucía, así como director ejecutivo de Oxfam Internacional. Nadie mejor que él para repasar en Heraldo de León la situación de la infancia en el mundo, desde Gaza hasta Haití o Venezuela pasando por crisis olvidadas como la de República Democrática del Congo, o para analizar cómo está afectando a la acción humanitaria los recortes del Gobierno de Trump a organizaciones internacionales o ONGs.
La situación de la infancia en el mundo continúa marcada por múltiples crisis simultáneas. Desde la perspectiva de UNICEF, ¿cuáles diría que son hoy las emergencias que más amenazan los derechos, el bienestar y el futuro de los niños y niñas a nivel global?
Sudán, Gaza, Ucrania, República Democrática del Congo, Haití, Afganistán, Líbano, Myanmar, Yemen, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, Somalia… La lista es muy larga y la situación extremadamente preocupante. La magnitud de las necesidades humanitarias de los niños y niñas ha alcanzado máximos históricos. Más de 200 millones de niños en 133 países y territorios necesitarán asistencia humanitaria durante 2026. Desde UNICEF estamos reforzando nuestra labor para centrarnos en las necesidades más críticas de los niños en mayor riesgo, incluyendo a quienes viven en emergencias crónicamente desatendidas y con financiación insuficiente.
Gaza está viviendo una crisis humanitaria especialmente grave, incluso tras el anuncio del endeble acuerdo de paz. ¿Qué puede decirnos sobre la situación actual de niños, niñas y sus familias en la Franja y sobre las dificultades para la entrada y distribución de ayuda humanitaria?
La vida en Gaza sigue siendo asfixiante. Más de un centenar de niños han muerto desde el alto el fuego de principios de octubre. Esto equivale aproximadamente a una niña o un niño muerto cada día. Dos años de guerra y destrucción masiva han dejado la vida de los niños en una situación que es complicado tan siquiera imaginar. El bloqueo a la entrada de productos y mercancías básicas sigue siendo dramático, con severas restricciones sobre muchos productos esenciales, desde suministros médicos esenciales hasta gas para cocinar, combustible, equipo pesado para desescombro o piezas para sistemas vitales de agua y saneamiento. Los niños siguen sin volver a la escuela porque han sido destruidas, viven con miedo, su daño psicológico sigue sin ser tratado, volviéndose cada vez más profundo y difícil de sanar cuanto más se prolonga esta situación. En estos meses se ha visto agravada la situación aún más por las inundaciones y el frío. Incluso en estas circunstancias, UNICEF y sus socios han ampliado sus servicios de atención primaria, incluida la vacunación; se están retirando mil toneladas de residuos sólidos al mes para mejorar la higiene y el saneamiento; hemos suministrado casi un millón de mantas térmicas y cientos de miles de kits de ropa de invierno para niños; hemos realizado reparaciones urgentes y vitales en tuberías de agua, estaciones de bombeo y redes de alcantarillado; y, en materia de nutrición, hemos añadido más de 70 centros de nutrición en toda Gaza. En estos momentos hay que convertir la reducción de la violencia en seguridad real: abrir el acceso a la ayuda, aumentar masivamente la evacuación médica y hacer de este el momento en que realmente termine la matanza de niños en la zona.
La República Democrática del Congo, una crisis olvidada, arrastra conflictos prolongados, desplazamientos masivos y brotes epidémicos. ¿Qué impacto están teniendo estos factores en la infancia y qué tipo de ayuda están desplegando sobre el terreno?
El drástico deterioro de la situación humanitaria en la República Democrática del Congo está poniendo en riesgo desde hace tiempo a millones de niños. Es una de las emergencias olvidadas que no aparecen en los medios. El país se encuentra sumido en una de las crisis más complejas y prolongadas del mundo. Más de 26 millones de personas, incluidos 15 millones de niños, necesitan asistencia humanitaria. Actualmente hay más de 6 millones de personas desplazadas, una de las cifras más alta del mundo. La violencia contra civiles, campamentos de desplazados, hospitales y escuelas es una constante. Los niños y niñas son asesinados, mutilados, secuestrados y reclutados por grupos armados, y las tasas de violencia sexual y de género, especialmente contra niñas y adolescentes son alarmantes. El hambre, las epidemias, el colapso de los servicios sanitarios y educativos dibujan un panorama desolador. Pero incluso en estas situaciones UNICEF está trabajando con intensidad en el país proporcionando asistencia vital mediante sus programas de agua e higiene, salud y nutrición, protección infantil, educación y asistencia en efectivo. Y lo hacemos vinculando nuestras intervenciones humanitarias con programas de desarrollo a largo plazo, para que las comunidades se beneficien no solo de inmediato, sino a lo largo del tiempo.
Otro de los puntos calientes del planeta es Haití, donde la violencia de las bandas y el colapso de los servicios básicos siguen poniendo en riesgo a miles de menores y sus familias. ¿Cómo se está trabajando para garantizar su protección y acceso a educación, salud y agua potable en un contexto tan inestable?
Haití, el país más pobre de América, sufre desde hace décadas una profunda crisis humanitaria. La agitación política y social, la intensificación de la violencia armada, la extrema pobreza y los desastres naturales forman una combinación mortífera de amenazas que sigue poniendo en peligro la supervivencia, la seguridad y el bienestar de los niños y niñas haitianos. A pesar de la extrema inseguridad y de la inestabilidad del país, UNICEF trabaja en Haití para proteger a los niños y a sus familias y ofrecerles el apoyo vital que tanto necesitan. Nuestra labor incluye el apoyo a los servicios de nutrición y salud, la respuesta a los brotes epidémicos que aparecen de forma recurrente, la promoción de entornos de aprendizaje seguros, el suministro de apoyo psicosocial o la ayuda para la recuperación y preparación para los casos de desastres.
Venezuela arrastra desde hace años una crisis humanitaria compleja, con oleadas de migración, limitaciones en el acceso a servicios básicos y vulnerabilidad social, al que ahora se suma la amenaza de invasión de Estados Unidos. ¿Qué necesidades detecta UNICEF entre los niños y niñas venezolanos —tanto dentro del país como en comunidades migrantes— y qué esfuerzos se están realizando para atenderlas?
La situación de la infancia en Venezuela es crítica y profundamente preocupante. La grave y prolongada crisis económica que asola el país está empujando a millones de niñas y niños a una situación límite, exponiéndolos a un mayor riesgo de explotación y afectando gravemente a su salud, su nutrición, su educación y su protección. Sus derechos más básicos – y su futuro – están en juego. A esta realidad se suma una grave falta de financiación humanitaria, que dificulta cada vez más que UNICEF y otras organizaciones puedan llegar a quienes más lo necesitan, en el momento en que más lo necesitan. A comienzos de este año, 3,9 millones son niñas y niños ya se enfrentaban a múltiples privaciones en su vida diaria. En total, casi 8 millones de personas –más de un cuarto de la población venezolana– necesita ayuda humanitaria. UNICEF está presente en Venezuela desde 1967 trabajando para mejorar la situación de las niñas y los niños y lograr avanzar en el cumplimiento de sus derechos. Nuestra labor en el país se centra en áreas clave como salud maternoinfantil y vacunación, nutrición, educación, protección de la infancia y prevención de la violencia de género, agua, saneamiento e higiene y preparación ante emergencias y desastres. Para este 2026, además, está prevista una respuesta multisectorial centrada en la infancia, que combine asistencia vital inmediata con el fortalecimiento de los sistemas básicos, para ayudar a las comunidades a resistir futuros impactos. Pero, para ello, necesitamos una financiación adecuada y oportuna, sin la que millones de niñas y niños corren el riesgo de sufrir daños irreversibles.
En un momento en el que los desafíos son crecientes, muchas organizaciones humanitarias denuncian recortes o insuficiencia de financiación internacional. ¿Cómo están afectando estos recortes a UNICEF y a su capacidad para responder a las emergencias de la infancia?
Los severos recortes en la ayuda internacional están afectando drásticamente a los programas que sustentan a la infancia, al provocar el cierre de hospitales, el agotamiento de las reservas de emergencia y la paralización de las campañas de vacunación. Ningún niño ni ninguna niña debería morir por causas que se pueden evitar. Sin embargo, mientras aumentan las necesidades y se multiplican las amenazas, muchos países están dando la espalda a la asistencia humanitaria y a la ayuda al desarrollo. Se estima que 4,5 millones de niños y niñas menores de cinco años pueden perder la vida debido a unos recortes sin precedentes en los servicios esenciales. Además, es probable que, hacia finales de 2026, otros 6 millones se vean en la obligación de abandonar la escuela. La financiación hoy es más necesaria que nunca porque durante las crisis, prestar ayuda y dar esperanza a la infancia es un principio esencial de la ética y de la humanidad y, además, aporta beneficios a toda la sociedad.
La desinformación y la fatiga social ante las crisis prolongadas parecen reducir el apoyo social. ¿Qué mensaje trasladaría a la ciudadanía sobre por qué es vital mantener la atención y la solidaridad con los niños y niñas que viven en contextos de emergencia?
Cuando distribuimos vacunas, evitamos que las enfermedades se propaguen. Cuando ofrecemos educación, fomentamos las oportunidades y no la desesperación. Por cada euro que invertimos en la infancia los países obtienen un rendimiento diez veces mayor. Esto genera a su vez unos beneficios sociales y económicos que trascienden fronteras. Por esta razón, invertir en el bienestar de la infancia no es algo que se deba hacer por unos pocos: es lo que ha de hacerse para el conjunto de la sociedad.
Finalmente, muchas personas quieren ayudar pero no siempre saben cómo hacerlo de forma eficaz y segura. ¿Qué vías concretas recomienda UNICEF para colaborar —ya sea como individuos, empresas o instituciones— y asegurar que esa ayuda tiene un impacto real en la vida de los niños y niñas que más lo necesitan?
UNICEF, que en España lleva trabajando desde hace 65 años, cuenta con 475.000 socios y donantes, y con casi 500 empresas y fundaciones que colaboran de forma estable con nosotros para lograr cambios reales en la vida de los niños. La ayuda siempre es necesaria y más en tiempos complicados como los que ahora está sufriendo la infancia. Las formas de colaborar van desde la donación puntual a través de nuestra web, hasta hacerse socio de la organización a partir de 6 euros al mes (que es una forma de colaborar que nos asegura una financiación estable y mantenida en el tiempo para los programas integrales que desarrollamos en todo el mundo), pasando por hacer un Regalo Azul o con el testamento solidario; además tenemos programas de colaboración con grandes, medianas y pequeñas empresas. De esa forma podemos hacer frente a los programas y las respuestas humanitarias que lidera UNICEF, y que aseguran resultados tangibles para la infancia, suponen un antes y un después, sostienen la vida de millones de niños y niñas y apuntalan sus sueños de futuro. Y todo con absoluta transparencia, rindiendo cuentas de forma permanente ante nuestros socios y aliados.
