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365 leoneses | Manolo Fernández, comercial

"Hay que viajar a Gambia para poder entender por qué le dicen la 'sonrisa' de África"

Manolo viaja cada año al sur de Gambia con un puñado de amigos y vecinos de Velilla de la Reina en una doble misión que reparte su tiempo entre la solidaridad y el disfrute personal
Manolo Fernández en Sanyang (Gambia) durante uno de sus últimos viajes.
Manolo Fernández en Sanyang (Gambia) durante uno de sus últimos viajes.

"Hay que viajar a Gambia para saber por qué llaman a este pequeño país 'la sonrisa de África". Manolo Fernández tiene un idilio con Gambia. Este leonés de Velilla de la Reina, comercial de día y viajero solidario de noche, conoció el alargado país que 'sostiene' a Senegal cuando hace más de diez años se enroló en una ONG. Repitió la experiencia "tres o cuatro años" tras lo que decidió dar un giro a sus viajes, se desvinculó de la organización que le acompañaba y comenzó "a ir por mi cuenta".

Claro que Manolo no lleva desplazándose a Gambia los últimos años en solitario; en sus viajes, le acompañan amigos y vecinos de Velilla de la Reina. "No somos una ONG", advierte, "ni lo pretendemos". "Vamos a Gambia a disfrutar de un país maravilloso y poco conocido y, además, intentamos ayudar un poco a la gente de allí", explica. El plan es algo así: Manolo cuadra fechas con sus ya buenos amigos de Gambia, se lo dice a la gente del pueblo, se apuntan, cargan las maletas de material escolar y ropa de niños ("dejan llevar tres por cabeza, lo que son mucho kilos") y se embarcan hacia Banjul vía Casablanca. Desde la capital, ya en vehículos terrestres, viajan hacía el sur, a la pequeña comunidad de Sanyang, donde son recibidos por las familias que cada año esperan con impaciencia la llegada de 'Manolo y los de Velilla'.

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Manolo y los de Velilla comprando arroz en una tienda local de Sanyang.

Compras locales

Una vez allí, dividen su estancia entre el disfrute personal --Sanyang es famoso por sus preciosas "y desiertas" playas-- y el "echar una mano". La ayuda que prestan, de manera totalmente desinteresada, se fundamenta en el reparto del material que llevan desde León pero, especialmente, en comprar en mercados y tiendas locales alimentos como arroz o aceite, "cargarlos en el land rover" y recorrer las carreteras de la zona en busca de pequeñas comunidades y familias que lo puedan necesitar. "Donde ves las casas de los que menos tienen y más pueden necesitar; ahí paramos", explica.

La idea es sencilla de 'Manolo y los de Velilla' es simple: "Comprar allí todo lo posible para no llevarlo todo de aquí y joderle la vida al tendero local que ya bastante hace. Llevamos efectivo y lo dejamos allí en las economías locales que es donde más hace falta". Este leonés pide no 'romantizar' este tipo de acciones solidarias: "Es muy duro y hay un choque cultural muy fuerte cuando llegas allí por primera vez, así que hay que ir preparado y con la mente muy abierta, porque pueden pasar muchas cosas", indica.

300 bocadillos de Nocilla

En cada viaje, que suele durar diez días, hay un día especial. La jornada en la que acuden a la escuela de Sanyang cargados con botes de Nocilla (que es lo único perecedero que embarcan desde España dado que en Gambia no hay o es extremadamente caro. "Compramos barras de pan y nos pasamos el día con los chavales haciendo bocadillos para 300 o 400. Ese día, en lugar de clases, hay Nocilla", explica Manolo, que asentó su extraordinaria relación con la comunidad local en sus años con la ONG y la ha mantenido y consolidado a lo largo de los años.

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El día más especial de los viajes es el que visitan el colegio, hacen actividades con los alumnos y reparten bocadillo de Nocilla.

"No somos profesores ni sabemos de Educación, cuando vamos a ver a los chavales a la escuela tratamos de hacer alguna actividad con ellos como manualidades o pintacaras, cosas muy básicas pero que les sacan de la rutina y lo agradecen mucho".

Sin hablar inglés

"Ninguno de los que vamos hablamos inglés, así que es bastante divertido y complicado a veces, el entendernos. Pero gracias al turismo que poco a poco va llegando que algunos chicos ya empiezan a hablar español, así que nos juntamos con ellos y nos hacen de guías", prosigue Manolo quien reconoce que debido a toda esta no siempre sencilla logística "es mejor viajar en grupos pequeños, de tres o cuatro, aunque hemos llegado a ir hasta once algún año".

El resto del tiempo, los solidarios viajeros leoneses lo dedican a "pasarlo estupendamente". "Intentamos viajar todo lo que podemos por Gambia y también por Senegal. “La magia y el encanto de Gambia lo encontrarás en sus paisajes, sus playas, sus atardeceres, pero sobre todo lo encontrarás en el cariño de sus gentes, en sus miradas y sonrisas que no te dejarán indiferente y harán que tu espíritu y tú mente cambien para siempre”, asegura Manolo quien finaliza animando a todo el mundo a conocer África y, sobre todo, a sus gentes.

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Manolo y los de Velilla en la playa de Sanyang, en Gambia.