Casi el 30% de la superficie quemada en España este año afecta a espacios protegidos

Un estudio de la Universidad de León revela que en lo que va de campaña ya se ha superado la superficie protegida quemada en 2025 que fue del 25%

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Casi el 30% de la superficie quemada en España este año afecta a espacios protegidos.

Los espacios naturales protegidos, una de las principales herramientas para conservar la biodiversidad y el patrimonio natural, no quedan al margen de los grandes incendios forestales. Así lo pone de manifiesto un análisis realizado por investigadores de la Universidad de León, que arroja que 88.801 de las aproximadamente 297.633 hectáreas quemadas en España hasta el 24 de agosto de 2026 se localizan dentro de algún espacio natural protegido, el 29,84 por ciento del total.

El estudio, realizado por Leonor Calvo y José Manuel Fernández Guisuraga, del Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT) de la ULE, se llevó a cabo mediante la superposición de los perímetros de los incendios registrados durante la temporada con la cartografía de espacios naturales protegidos, muestra diferencias entre las distintas figuras de protección.

Espacios protegidos y Red Natura 2000

Concretamente, los parques naturales concentran cerca de 40.000 hectáreas quemadas, alrededor del 45 por ciento de toda la superficie afectada dentro de espacios protegidos y al 14,6 por ciento de la superficie total quemada en España. Por su parte, los espacios de la Red Natura 2000 acumulan unas 25.560 hectáreas, cerca del 29 por ciento de la superficie quemada dentro de espacios protegidos y del 9,3 por ciento de toda la superficie quemada durante 2026.

Fernández Guisuraga recuerda que el fuego no entiende de límites administrativos y un espacio natural protegido no está exento de sufrir un incendio de comportamiento extremo. “Cuando coinciden condiciones meteorológicas extremas, una elevada disponibilidad de combustible y una fuerte continuidad de la vegetación, el fuego puede superar con facilidad los límites establecidos sobre el territorio”, apunta.

Incendio de Navaluega

Uno de los casos que mejor refleja esta vulnerabilidad es el incendio de Navaluenga, iniciado en julio en la provincia de Ávila. Según los perímetros del sistema de información europeo EFFIS, el fuego alcanzó unas 42.458 hectáreas y penetró en la Reserva Natural del Valle de Iruelas, uno de los enclaves de mayor valor ecológico del Sistema Central. Las estimaciones realizadas tras el incendio sitúan en torno al 80 por ciento la superficie de la reserva afectada por las llamas.

La situación no es aislada. Los investigadores recuerdan que, en 2025, el 25,63 por ciento de la superficie quemada en España se localizó dentro de algún espacio natural protegido, frente al 29,84 por ciento registrado hasta el 24 de agosto de 2026. Durante la pasada temporada, los grandes incendios afectaron también a numerosos espacios protegidos del noroeste peninsular y alcanzaron el Parque Nacional de los Picos de Europa, donde el incendio originado en Barniedo de la Reina penetró en su vertiente leonesa.

La figura jurídica de protección, por sí sola, no determina la intensidad o severidad de un incendio. Su comportamiento está condicionado principalmente por factores como la meteorología, la cantidad y continuidad del combustible, el tipo y estado de la vegetación y la configuración del terreno.

Gestión adaptada a cada territorio

Por ello, señalan los investigadores, la conservación de estos espacios debe incorporar también la prevención de los grandes incendios y una gestión adaptada a las características de cada territorio. Entre las medidas posibles se encuentran la gestión de la biomasa y de la continuidad del combustible, el mantenimiento o recuperación de la ganadería extensiva y otros aprovechamientos tradicionales, las quemas prescritas cuando sean ecológicamente adecuadas y la conservación de paisajes heterogéneos en los que se alternen bosques, matorrales, pastizales y áreas agrícolas.

Actuaciones que, según recuerda Fernández Guisuraga, profesor del Campus de Ponferrada, deben complementarse con la coordinación entre administraciones, la participación de la población local, los planes de autoprotección y el seguimiento científico de la respuesta de los ecosistemas.

Regeneración de ecosistemas

También recuerdan que la superficie quemada no puede interpretarse automáticamente como superficie ecológicamente destruida. El fuego forma parte de la dinámica natural de numerosos ecosistemas mediterráneos y muchas especies vegetales cuentan con mecanismos para sobrevivir o regenerarse después de un incendio, mediante el rebrote o la germinación de semillas.

El problema aparece cuando se altera el régimen de incendios al que estos ecosistemas están adaptados. Incendios demasiado frecuentes o severos pueden superar su capacidad de recuperación, afectar a los bancos de semillas y a la materia orgánica del suelo o eliminar áreas refugio necesarias para la recolonización. Por este motivo, apuntan, además de cuantificar las hectáreas afectadas, resulta necesario analizar cómo han ardido, qué ecosistemas han resultado afectados y cuál es su capacidad de recuperación.

IA para anticipar comportamientos

Estudiosos de la ULE, en colaboración con investigadores de la Universidad de Valladolid y la empresa tecnológica leonesa Vexiza, han desarrollado Ceownfire-AI, una herramienta que permite estimar dónde existen condiciones favorables para que, si se inicia un incendio, el fuego alcance las copas de los árboles y se propague a través del dosel forestal.

El sistema integra información sobre la vegetación, el terreno y las condiciones meteorológicas a partir de imágenes de satélite para generar mapas que pueden contribuir a anticipar escenarios de mayor riesgo, orientar la vigilancia y apoyar la planificación preventiva.

Lecciones aprendidas

Para Fernández Guisuraga, este tipo de herramientas pone de manifiesto que “el riesgo no depende únicamente de la vegetación, sino también de las condiciones meteorológicas bajo las que se produce el incendio”, que pueden hacer que el potencial de comportamiento extremo cambie significativamente en un mismo territorio en cuestión de días.

La experiencia de las temporadas de 2025 y 2026 evidencia así la necesidad de integrar la prevención de incendios, la gestión del territorio y el conocimiento científico en la conservación de los espacios naturales protegidos.