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La ULE revela el "cóctel de factores ambientales" que desató la campaña récord de incendios del pasado verano

Más del 65% de la superficie quemada registró impactos ecológicos altos o muy altos y cerca del 40% del área afectada en España se localizó en espacios con algún tipo de protección ambiental
Incendio forestal (10)
Imagen de archivo de un incendio forestal del pasado verano.

Una investigación liderada por los investigadores Leonor Calvo, José Manuel Fernández Guisuraga y David Beltrán Marcos, del grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León, referente nacional en el estudio de la ecología del fuego y la dinámica de los incendios forestales, ha identificado el “cóctel de factores ambientales” que explican el “episodio excepcional” que se produjo el pasado verano, cuando en unas semanas ardieron más de 524.000 hectáreas.

El estudio analiza un total de 66 grandes incendios forestales, aquellos que superaron las 500 hectáreas de superficie quemada, registrados en el noroeste de España y Portugal durante el verano pasado. Mediante técnicas de teledetección, análisis espacial y modelos de inteligencia artificial, los investigadores evaluaron la influencia de variables climáticas, topográficas y de vegetación sobre la extensión de los incendios y sobre su impacto ecológico.

Según explicó el investigador David Beltrán Marcos, la campaña de 2025 constituyó una “ventana única” para comprender qué factores ambientales estuvieron detrás de una temporada que presentó “una sincronía espacial y temporal sin precedentes”. A diferencia de otros años de incendios extremos registrados en Europa, los fuegos se concentraron prácticamente en exclusiva en el noroeste de la Península Ibérica.

El cóctel que alimentó a los grandes incendios

Los resultados de la investigación muestran que la magnitud de los incendios estuvo determinada por un “cóctel de factores ambientales” en el que confluyeron al mismo tiempo. Por un lado, una sequía acumulada durante los meses previos; por otro, niveles extremadamente bajos de humedad atmosférica en los días anteriores a los incendios y episodios de fuertes vientos que favorecieron una rápida propagación del fuego.

De los 66 grandes incendios analizados, una cuarta parte concentró el 75 por ciento de toda la superficie afectada. Entre ellos destacaron once Eventos Extremos de Fuego, responsables de la mayor parte del territorio quemado y caracterizados por una intensidad y velocidad de propagación que superaron ampliamente la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción debido a su sincronía espacial y temporal.

Daños en los ecosistemas

La investigación también pone el foco en la severidad de los incendios, es decir, en el impacto ecológico que el fuego provoca sobre los ecosistemas. En este caso, los investigadores comprobaron que los daños más intensos estuvieron relacionados con la acumulación y continuidad del combustible vegetal, especialmente en masas forestales densas, así como con la existencia de una topografía compleja caracterizada por fuertes pendientes y elevadas altitudes.

“Observamos que más del 65 por ciento de la superficie quemada presentó niveles de impacto altos o muy altos, lo que evidencia la enorme capacidad de estos incendios para alterar el funcionamiento de los ecosistemas”, señaló Beltrán.

Espacios protegidos, especialmente vulnerables

Otro de los aspectos más relevantes del trabajo es que cerca del 40 por ciento del área afectada en España se encontraba dentro de espacios con algún tipo de protección ambiental, como reservas de la Biosfera, monumentos naturales o parques naturales. Los investigadores advierten de que muchas de las especies presentes en estos entornos no están adaptadas a incendios de comportamiento extremo, lo que incrementa el riesgo de pérdida de biodiversidad y dificulta los procesos de recuperación ecológica.

El estudio se enmarca además en un contexto de cambio acelerado del régimen de incendios forestales. El grupo GEAT lleva más de cuatro décadas analizando la evolución del fuego en los ecosistemas mediterráneos y constató un incremento progresivo de incendios cada vez más grandes, intensos y severos en los últimos quince años. Un cambio que, según advierten los investigadores, abre interrogantes sobre la capacidad de adaptación de unos ecosistemas históricamente acostumbrados a convivir con el fuego, pero no necesariamente con incendios de esta magnitud e intensidad.

Gestión adaptativa y prevención

Ante este escenario, los investigadores consideran imprescindible avanzar hacia estrategias de gestión adaptativa del territorio que integren la ecología del fuego en la planificación forestal y en las políticas de conservación. En paralelo, insisten en la importancia de la prevención y la concienciación ciudadana.

“No podemos saber con certeza qué ocurrirá este verano, pero sí sabemos que la mayoría de los incendios forestales son evitables. Extremar la prudencia sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el riesgo”, concluyó el investigador.