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Manzanera, Natichu, Antonio Martínez...

Manzanera
Manzanera

Hay pocas sorpresas en la Cultural. Se intuía, desde la pretemporada veraniega, el suceso permanente en el que está viviendo. Y se le esperaba, solo era cuestión de jornadas, de resultados en contra, de actuaciones lamentables y de decisiones controvertidas. Todo ello dirigido desde un lugar clave en el club; las oficinas.

Ahí ha estado el problema de salud del club, el mayúsculo error sobre el que se ha balanceado el día a día deportivo de una entidad a la que solo le está salvando de recibir más críticas el aura que Rubén de la Barrera traslada a los aficionados. 

De no ser el gallego el elegido para comandar esta reconquista con más fe que talento y calidad, no habría cuevas en León para esconder el ridículo de las decisiones de una entidad que se desangra mientras quienes deciden juegan con palitos haciendo riachuelos con la sangre.

A la Cultural no le sirve haber llegado, no la vale acariciar cada jornada la categoría, no es suficiente con lamer el caramelo sin saborearlo. El club necesita más, mucho más. Es un despropósito constante lo que lleva exponiendo desde julio y que se magnificó en el mes de enero. 

Que Manzanera ha expuesto su nivel en la toma de decisiones lo sabe hasta el taquillero, y que ha repetido el mismo papel que en el 2021 en el Sabadell, también. Lo peor de todo es la inanición del club y, por contra, el rostro opulento ante los flashes de los últimos meses. Ya no vale con asumir las culpas cuando se las veía llegar, de una en una, en una fila de disparates. No acerca el despido de Manzanera el juicio que debería asumir el club por parte de los aficionados. 

A la Cultural no le sirve haber llegado, no la vale acariciar cada jornada la categoría, no es suficiente con lamer el caramelo sin saborearlo. El club necesita más, mucho más. Es un despropósito constante lo que lleva exponiendo desde julio y que se magnificó en el mes de enero. 

Y ahora que no está el escudo, ahora que Manzanera se ha comido el marrón –más que merecido por su falta de aptitud demostrada para el cargo- y se le ha expuesto en el cadalso para gloria de quienes se esconden habría que seguir buscando en las oficinas.

Porque allí está Natichu, quien debería asumir su enorme parte de culpa e irse con la cabeza baja, con la experiencia dañada y con la cruz en la espalda, ahora que debería purgar su penitencia, algo manido en estas fechas. 

Lo de la directora general clama al cielo. Si fuera un cargo honorífico, si representara al club como parte de su historia, se podría entender, pero no, es la cabeza visible de un proyecto desmoronado a nivel deportivo, amparado en su falta de decisiones a tiempo, en la falta de firmeza para decidir cuando debe y en la falta de tacto para evitar sacar la cabeza del suelo y que sea señalada. 

Al final, la Cultural, por desgracia, es el reflejo de unos mandamases con más ínfulas que conocimientos, con sed de focos y flashes, de figurar en escenarios con papeles que no se han preparado

Ahora que se ha tirado a Manzanera al pie de los caballos –insisto, más que merecido-, la propiedad en Oriente Medio debería mirar de frente y hacer limpieza en las oficinas. Natichu no se puede marcar un Rajoy, debería ser la siguiente salida. 

Al final, la Cultural, por desgracia, es el reflejo de unos mandamases con más ínfulas que conocimientos, con sed de focos y flashes, de figurar en escenarios con papeles que no se han preparado. Sólo Rubén puede salvar la mínima esperanza de permanencia. Tratar de hacerlo pasa por un remedio que exige, además, de la virgen de mi pueblo con mil novenas primaverales. 

En fin, cuando las páginas que hablan de la Cultural son más de desastres que de deportes no hay marcha atrás. Es lo que pasa por dejar el club en manos de gente no capacitada para un cargo que le ha venido grande. Es lo que tiene no valorar un ascenso cuyo dolor en su caída es mayúsculo, es lo que sucede cuando la esperanza se perdió por decisiones controvertidas de quienes no están para decidir.

Otro día hablo de Antonio Martínez, que también tiene tela.