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Un hombre en chándal

Nuestro hombre en chándal en esta realidad de hoy es Nicolás Maduro, de facto ya ex presidente de Venezuela, por obra de la invasión de su país por parte de ese potente garante de la Democracia y el Derecho Internacional, no otro que la potente nación de “Disparos Unidos de América”. Mucha gente se ha alegrado, probablemente con razón, del derrocamiento de este conductor de autobús venido a más.
Nicolás Maduro
Nicolás Maduro

Aprovecho el título de esta columna para recomendarles el libro-cómic de mi querido compañero Jaime Gutiérrez, “Los tejemanejes de un hombre en chándal”. Les aseguro que empatizarán con el personaje protagonista al instante, en sus idas y venidas por lo cotidiano, poniéndose a prueba a cada momento en las rutinas de las pequeñas cosas y jugando, sobre todo, con la santa paciencia de su pareja, reencarnación de Job, pero sin lamentaciones.

Nuestro hombre en chándal en esta realidad de hoy es Nicolás Maduro, de facto ya ex presidente de Venezuela, por obra de la invasión de su país por parte de ese potente garante de la Democracia y el Derecho Internacional, no otro que la potente nación de “Disparos Unidos de América”. Mucha gente se ha alegrado, probablemente con razón, del derrocamiento de este conductor de autobús venido a más. No voy a ser yo el que intente blanquear la figura de este dictador, cuya acción de mal gobierno ha llevado a muchos de sus compatriotas al exilio. Abusos, corrupción y violencia hacia el contrario ideológico han sido marca de la casa en estos más de doce años en el poder, tras haber heredado el cargo de su “padre” político, Hugo Chávez, otro del que poco bueno podemos decir. Ambos han sido muy aficionados a lucir la prenda deportiva, incorporando además la bandera nacional a su diseño, en una suerte de homenaje hortera y de afirmación identitaria. Envolverse en la bandera o vestirse con ella yo creo que les hacía pensar de sí mismos que eran algo así como super héroes de cómic bolivariano. Poderes sí han tenido y bastante omnímodos en su país. Acabo con el chándal: el que lucía Maduro en las imágenes de su detención se ha agotado rápidamente. La tontada viral, cada día más en boga.

Derecho Internacional

Pero lo que ha cometido Trump es un completo atropello al Derecho Internacional. Se ha pasado por ese forro suyo, que esconde tantas vergüenzas, el respeto a la soberanía nacional de Venezuela, bombardeando su territorio y secuestrando a su presidente, al que acusa de narco terrorismo y de haber robado a Estados Unidos su legítimo derecho sobre la explotación de un recurso nacional. Ya digo que no me da pena de Maduro, pero sí de los venezolanos. Sobre todo, de aquellos que ven en este movimiento de “Trumperator” un intento de que la auténtica Democracia y el estado de derecho lleguen a Venezuela. No tal será la cosa, que ya se ha apresurado a decir Trump que ha venido a por el petróleo, a por la mayor reserva mundial del preciado oro negro. Hay más riquezas en el país, que sufre la habitual maldición del recurso: gas natural, oro, coltán, bauxita, hierro, diamantes y níquel. Demasiada riqueza para que las multinacionales y los estados vampiro mundiales pasen de largo. Con una gestión “modelo noruego” probablemente los venezolanos no tendrían que preocuparse por trabajar, pero hasta hoy no han dejado de ser, en el fondo, una colonia.

Hablando de colonialismo, eso que Estados Unidos dice que va a hacer por “bocachancla” de su presidente, es una vuelta atrás clara y evidente al siglo XVI. Una potencia, de aquella europea, desembarcaba en una región con el ánimo claro de expolio, sin que sus habitantes importaran demasiado, si acaso como forzosa mano de obra. Se repite el esquema con la aplicación de expeditivo método moderno. Una conquista territorial duraba años. Ahora, una industrial y comercial se hace en pocos meses. No es esto más que extender MAGA (Make America Great Again) a otras partes del continente siguiendo la “doctrina Monroe”, por la que Estados Unidos tiene derecho a la injerencia en todo su “patio trasero”. Toda América para los americanos, a condición de que sean estadounidenses.

A Trump el país se la cae, literalmente, a trozos. Debería estar ya en recesión, pero un pequeño milagro, burbuja más que probablemente, en forma de Inteligencia Artificial (a falta de natural) ha venido al rescate. Las empresas de estos nuevos oligarcas tecnológicos, tales como Nvidia, Open AI o Meta, han conseguido capitalizaciones récord, a pesar de que todavía no están en beneficios y los niveles de facturación son bajos. Cosas de la economía virtual y seguro “castañazo” a medio plazo. Ni que decir tiene que un buen bocado de “economía real” en forma de petróleo y materias primas, a Trump le viene de perilla.

Otra derivada del asunto es la sensación de indefensión que puede producir a cualquier ciudadano de cualquier parte del mundo esta acción de Trump. Si usted no le cae muy simpático al “agente naranja”, puede hacerse acreedor a una fulminante “razzia” de “seals” que caerán sobre usted desde un helicóptero indetectable, y camino de Guantánamo o a saber. Puede que piense que exagero, que nunca van a ir a por un ciudadano extranjero. Probablemente contra un particular no, pero contra alguno en particular sí. Y pienso en Francesca Albanese, los jueces de La Haya o en cualquier periodista que hable mal de Netanyahu, que más de uno ha sido detenido, multado y encarcelado por sus propios países de origen. No piensen que el estado que les representa haya movido un dedo por sus derechos. Otra vez miramos por la “ventana de Overton” para ver que está hecha añicos y que damos por buenas situaciones completamente intragables hace pocos años.

La escalada

Por lo que respecta a geopolítica veo aquí algunos efectos colaterales. La actuación de Estados Unidos sobre Venezuela “legitima” lo que Rusia pueda hacer con Ucrania, China con Taiwán o hasta lo de Israel en Gaza. La escalada seguirá y a Trump no le va a temblar el pulso cuando decida atacar Irán o Nigeria. Habrá dejado hacer “de mangas capirotes” a sus teóricos enemigos en sus territorios de expolio y conquista, y nadie se meterá con él. Europa y la ONU, admitámoslo, ya no existen. Se nos ha venido un nuevo orden y los europeos nos hemos estado negando a verlo. No sé si iremos a tiempo de enmendarlo, porque en Europa también se están extendiendo ideas supremacistas en el que un norte más desarrollado, pero en decadencia moral y económica clara, quiere hacer cloaca de los países del sur. De eso sabemos algo en León por las pretendidas plantas de biogás, como la de Vidanes, que tendrán que acabar procesando purines importados. Caca alemana no es caca cualquiera.

Y en nuestro país, el engaño. Observemos quiénes son los amigos de Trump y nos daremos cuenta inmediatamente de por dónde van los tiros que nos pueden acabar dando. Vox, por ejemplo, está a partir un piñón, o eso nos venden estos oportunistas, con gente de la cuerda de Trump. De hecho, hacen una política anticomunitaria, afeando lo mucho que Unión Europea nos “guinda” y perjudica, sin reconocer algo que está a ojos vista: nuestro progreso gracias a los fondos europeos, aun mal gestionados. Una España extracomunitaria sería un juguete en manos de Estados Unidos, nuevo granero recién encontrado y con una alta capacidad para la producción de energía eléctrica fotovoltaica y de otras renovables. Eso, cuando ya el aliado natural de EEUU no es otro que Marruecos.

La derecha tirada al monte juega esa carta, probablemente pagada por intereses oscuros, al modo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, al que alguna propinilla se le habrá escapado entre los fieles a Maduro para que su captura haya sido tan fácil.

Urge un reforzamiento del europeísmo dentro del continente, una apuesta por una defensa común y por un sistema económico que ahonde en lo que nos une y nos blinde ante la más que segura agresión de nuestros antiguos aliados. Del enemigo interno, acuérdese al acercarse a la urna y levante la voz, aun cuando tema verse, como Maduro, en chándal y de viaje a vaya usted a saber dónde.

Estos días, y para entender a fondo los problemas energéticos mundiales, de obligada lectura la entrevista realizada a Antonio Turiel, ese crack, por mi compañero de espacio Jesús Veci.