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Hodio y otras 'hinseguridades'

El pasado 11 de marzo en el Foro contra el Odio, el Gobierno presentó a bombo y platillo una nueva herramienta, HODIO -Huella del Odio y la Polarización- que, según ellos, rastreará en tiempo real las redes sociales...

El pasado 11 de marzo en el Foro contra el Odio, el Gobierno presentó a bombo y platillo una nueva herramienta, HODIO -Huella del Odio y la Polarización- que, según ellos, rastreará en tiempo real las redes sociales y generará un ranking semestral de plataformas según su nivel de odio, publicando los resultados para que, en palabras del presidente Sánchez, “todo el mundo sepa quién frena el odio y quién hace negocio con él”.  Estaría muy bien, presidente, un poquito de autocrítica y alguna reflexión a mayores sobre quién ha generado tanto odio y polarización y sobre todo sobre quien se ha servido tanto de ellos. 

Y lo mejor de todo es que este “odiómetro” no es nuevo. Se trata de una ocurrencia reincidente que replica sin complejos otra anterior llamada FARO (Filtrado y Análisis de Odio en Redes Sociales) que este mismo Gobierno que sufrimos puso en marcha en marzo del año pasado y que, como fracasó de forma rotunda, ha decidido resucitar con nombre renovado. y mucho más ocurrente, desde luego- y casi seguro con renovados pagos a algún/os agraciados que ya sabemos para lo que se usa lo que se recauda con nuestros impuestos (cada día más disparados). Lo que sea para dar titulares. 

Qué manía tiene este Gobierno con capar la libertad de expresión del personal, y qué ganas de embridar lo que debemos pensar y decir porque, si no pensamos y decimos...

Pero yo me pregunto: ¿quién decide qué es odio? ¿Desde qué parámetros: ideológicos, morales, de oportunidad, de conveniencia…? ¿Cómo se diferencia una mera opinión discrepante que moleste a quien controla HODIO de esa polarización y de ese odio que dice querer frenar?  Miedo da, mucho miedo.

Qué manía tiene este Gobierno con capar la libertad de expresión del personal, y qué ganas de embridar lo que debemos pensar y decir porque, si no pensamos y decimos lo que ellos quieren que pensemos y digamos, nos convertimos en odiadores y estamos polarizados. 

No sé si a ustedes les pasa, pero a mí esto de que me disciplinen a la fuerza, y que “alguien” decida por mí cómo me debo expresar, qué debo pensar, decir o escribir, que alguien pretenda arrogarse el juicio sobre lo qué es política, moral o socialmente correcto y que no, me recuerda al “Gran Hermano” de Orwell.  

Y no me vale la excusa de que, amparado en el anonimato de las redes sociales hay mucho cafre- misóginos, racistas, homófobos…- porque si estos cabestros que abundan en redes, en el ejercicio de su libertad de expresión, sobrepasan lo razonable

Afortunadamente, la libertad de expresión a la que me refería es un derecho constitucional reconocido en nuestro Estado de Derecho, que supone que los ciudadanos podamos decir lo que muchos no quieren escuchar sin que este Gobierno pueda acotar los límites de su ejercicio. 

Y no me vale la excusa de que, amparado en el anonimato de las redes sociales hay mucho cafre- misóginos, racistas, homófobos…- porque si estos cabestros que abundan en redes, en el ejercicio de su libertad de expresión, sobrepasan lo razonable, afortunadamente para todos, el ordenamiento jurídico ya tipifica unos cuantos delitos que ayudan a corregir y castigar estas actitudes tan deleznables, sin necesidad que el “Gran Hermano” nos monitorice a todos. 

Tengo la impresión de que a medida en que la ciudadanía se aleja del pensamiento único de este Gobierno- y las últimas elecciones son un reflejo de ello- la inseguridad que le genera al Gobierno no poder convencernos y llevarnos a su terreno, le hace poner mucho más empeño en vigilarnos.