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Crónicas desde la Berlinale I

Wenders siembra la polémica en una jornada viajera entre humo y jazz

Grant Gee presenta su candidatura al Oso de oro con 'Everybody digs Bill Evans' y Michelle Yeoh (Tigre y Dragón) recibe el premio honorífico del gran Festival de Cine de Berlín

Antes de ir a "la cosa esta del cine", como decía el gran Carlos Pumares, no me resisto a hablar del tiempo aprovechando este espacio de cultura que me prestan los amigos del Heraldo de León. ¿Se acuerdan del momento en que Superman se suspende más allá de la atmósfera, abre los brazos y se sitúa frente al sol para recuperar y alimentar todo su poder? Pues lo mismo sentí yo cuando el avión que nos traía a Berlín superó la manta de nubes que cubría España y durante un ratito los rayos dorados, cálidos e inéditos —desde ni se sabe cuánto tiempo— emitidos por el astro rey atravesaron las ventanillas y explotaron en mi cara. Por momentos sentí lo mismo que el superhéroe de Krypton. Poco duró el gozo. La manta de nubes alcanza también Europa central. Llueve, nieva y las temperaturas bajan por debajo de cero en cuanto cae la tarde. Menos mal que durante un festival de cine pasas la mayor parte del día dentro de una confortable sala de proyección, que por cierto, todas las de aquí lo son. Concretamente, las de los cines CinemaxX, una de las sedes Berlinale, ahí, te atrapan en butacones de piel reclinables que convertidos en gigantes que parecieran cobrar vida te abrazan sin remisión, para lo que tienes que empeñarte en luchar contra ellos y no dormirte, o sucumbir claro, depende de la película, que peligro. 

Cine afgano para empezar

La cinta inaugural "No good men" enmarcada dentro de la sección “Proyecciones especiales Berlinale” y digirida por Shahrbanoo Sadat, que además es su protagonista, ha dejado el primer rastro de polémica en su contexto. Aunque es una producción alemana, la película puede considerarse cine afgano. Sadat es de origen Iraní, pero empezó a hacer cine en Kabul, y la historia se desarrolla es esta ciudad. En un amago de comedia romántica, y dentro del convulso Afganistán de principios de la década actual asediado por los talibanes, la directora relata una historia de amor. En este contexto, y con el fondo de los medios de comunicación, se desarrolla una trama que pretende visibilizar el impulso de cambio experimentado por la mujer en aquel país. Son testigos simbólicos un consolador y el primer beso de esta cinematografía, de ahí esa cierta controversia. Aún con todo el empeño de Sabat por reflejar este amago liberador, la cinta se queda mecánicamente en lo convencional y lo tibio. Valga el reconocimiento y la dulce sensación que producen los empujones hacia la libertad.  

La lucha por el 'Oso de oro'

En la competición por el gran premio de la Berlinale, el ‘Oso de oro’, cabe destacar la producción irlandesa “Everybody digs Bill Evans”, dirigida por Grant Gee y protagonizada por el destacado actor noruego Anders Danielsen Líe y el gran Bill Pullman. La cinta condensa el retrato del dolor en la figura de uno de los músicos de Jazz más influyentes de la historia, Bill Evans. Encuadra los saltos temporales con el uso del color, el blanco y negro y el humo del tabaco (eran otros tiempos), que suma una textura imprescindible a la decadencia, la tristeza y el abismo de la heroína. Se echa de menos más música de Evans como recurso y manto de conocimiento para los que somos neófitos en la materia. Los minutos iniciales que mimetizan los créditos y que evocan la grabación de uno de los discos del artista son deliciosos. La película es elegante y afinada pero peca de lineal y redundante. La magnífica actuación del Danielsen Lie poseyendo la figura del músico y la presencia del aura de Hollywood con Bill Pullman, que por cierto está estupendo en su papel como padre del protagonista, aportan motivos suficientes para no dejar de ver esta película. 

La alfombra roja de la Berlinale. Foto: Berlinale.
La alfombra roja de la Berlinale. Foto: Berlinale.

¿Ideales o pragmatismo?

Otra de las opciones destacadas en la sección competitiva es “Yellow letters”, película alemana de Ilker Çatak en la que se reflexiona sobre el choque entre cultura y política. Cuando los artistas molestan al poder —en este caso a través del teatro y el entorno universitario— y cómo éste, toma represalias sibilinas para apartar lo que incomoda. Aquí también es relevante el lugar, Ankara. La Turquía actual no se presta a la libertad cultural y la cinta responde a ello con sutileza y una perspectiva activa pero sosegada del asunto. Los protagonistas, y a través de su mirada, también los espectadores, deben, en un momento vital determinado decidir entre la lealtad de los ideales y la pragmática de la supervivencia, aunque implique la perdida de estatus social. Adaptarse y resignarse o acomodar el tiro crítico para salvar la censura y la revancha del estado. Por momentos, la película me recuerda al primer Farhadi, pero sin llegar a los extremos dramáticos a los que el director iraní nos tiene acostumbrados. 

La postura de Wenders (y el festival)

Entre el rigor del cine de autor y las polémicas andamos, aliñadas por la postura del presidente del jurado oficial, Wim Wenders, que al ser preguntado en la rueda de prensa inaugural por la postura del festival sobre el conflicto y la guerra en Gaza, declaró: "Tenemos que mantenernos al margen de la política". Y la actual dirección del festival comandada por Tricia Tuttle parece que apoya la postura de Wenders.  

Oso de oro de Honor

Les dejo de momento con el sabor y la salsa de los premios y las estrellas que también son parte fundamental de la industria cinematográfica. La actriz de origen chino Michelle Yeoh ha sido galardonada con el Oso de Oro de Honor de esta 76 edición por una carrera de cuatro décadas plagada de importantes papeles y películas. Desde sus comienzos en el cine de acción de Hong Kong al Óscar por aquella locura de “Todo a la vez en todas partes”. Yo me quedo con su papel en la maravillosa “Tigre y dragón” de Ang Lee.