'Esencia': Echanove y Climent en la frontera entre la realidad y la ficción
El Auditorio de León acogió este miércoles la primera de las dos funciones de ‘Esencia’, texto del guionista y dramaturgo Ignacio García May (Madrid, 1961), dirigido de manera magnífica por Eduardo Vasco. La obra, que repite este jueves en cartel, tiene como protagonistas a dos grandísimos actores: Juan Echanove, en el papel de Pierre, y Joaquín Climent, en el de Cecil.
La obra comienza con un encuentro casual en un restaurante entre ambos personajes tras más de una década sin verse. Pierre es profesor de literatura en la Universidad mientras que Cecil es escritor de best sellers.
Tras una conversación en la que hablan de literatura clásica y ofrecen sus opiniones controvertidas sobre la misma, Cecil deriva la conversación hacia un escritor de una única obra, titulada ‘Náufrago’, aparecida en el mercado hace 5 años. Nadie conoce a su autor del que Cecil confiesa, de manera sorprendente, estar esperando una llamada telefónica precisamente en ese lugar y en ese momento para hacerle una entrevista conseguida a través del redactor del periódico para el que colabora.
Puesta en escena
Comienza entonces una parte bien distinta de la obra en la que Pierre termina proponiéndole a Cecil que invente una entrevista que nunca se producirá en la realidad. Y Cecil termina aceptando a condición de que Pierre, que conoce la obra del autor anónimo, sea el entrevistado. A partir de ese momento va desarrollándose el juego en la frontera entre la realidad y la ficción.
La puesta en escena apuesta por la austeridad: una mesa, dos sillas y un espacio por el que se mueven los personajes y que se transforma únicamente mediante la iluminación. La parca escenografía y ambiente sonoro sirven para recalcar el valor de la palabra y el ingente trabajo dramático de unos magistrales actores cuyas diferencias se marcan sutilmente con recursos como la vestimenta.
Espléndidos
Ambos autores están espléndidos, aunque Echanove carga en la segunda parte con el peso de una interpretación rica y de gran densidad emocional e intelectual. Su trabajo e increíble dicción consiguen mantener la atención del espectador justo en el momento en que la complejidad de la obra empieza a resultar excesiva, convertida en un torrente de ideas que llega casi hasta aturdir momentáneamente al público. Mientras, un Joaquín Climent entre abrumado y sorprendido resulta un contrapunto perfecto de Pierre.
‘Esencia’, que explora también la manipulación del lenguaje y los dobles sentidos, tiene toques de comicidad e ironía deliciosos que sirven de compensación a la densidad de la obra y, al tiempo, ayudan a un cierre que deja al espectador más que satisfecho y, lo que es más importante, en el laberinto de la duda.