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365 leoneses | Marina Redondo, biotecnóloga

"Tengo tantas ganas de vivir experiencias que me da miedo dejar alguna sin probar"

Investigadora, viajera y siempre abierta a nuevos caminos, la joven leonesa Marina Redondo Cadenas repasa una trayectoria marcada por las ganas de descubrir, aprender y aprovechar cada oportunidad que se cruza en su vida
Marina Redondo
La leonesa Marina Redondo.

Marina Redondo Cadenas reconoce que es una “duda con patas”. Lo dice entre risas, pero también como una declaración de intenciones. A sus 24 años, la joven leonesa ha aprendido que no necesita tener todas las respuestas para seguir avanzando. Al contrario. Si algo ha marcado su trayectoria ha sido precisamente la curiosidad, esa necesidad constante de descubrir, aprender y lanzarse a nuevas experiencias.

Nacida en León y criada en una familia numerosa de primos, tíos y reuniones interminables, conserva un vínculo especial con Conforcos, un pequeño pueblo leonés donde pasó gran parte de su infancia. “Tiene apenas diez casas, está sin asfaltar y nos llegó antes la fibra óptica que el agua corriente”, cuenta. Lejos de verlo como una anécdota, considera que este lugar forma parte de su identidad y de su manera de entender la vida.

Su camino académico tampoco ha sido lineal. Estudió Biotecnología en la Universidad de León atraída por la genética, la investigación y la necesidad de entender cómo funcionan las cosas. Sin embargo, nunca fue una estudiante encerrada únicamente entre apuntes.

Curiosidad sin freno

Durante la universidad descubrió que tenía una inquietud que hasta entonces desconocía. Se apuntaba a cursos, talleres, asociaciones y actividades de todo tipo. “Curso que veía, curso que hacía; taller que veía, taller que hacía”, resume.

Aquellos años le permitieron explorar intereses muy diferentes. Desde actividades científicas hasta proyectos con niños, iniciativas internacionales o experiencias de voluntariado. También continuó vinculada a Marcha, un movimiento educativo y social que considera fundamental en su desarrollo personal. “Creo que no sería la misma persona sin esa experiencia”, asegura. Allí aprendió a relacionarse con los demás, a perder la vergüenza y a descubrir una faceta social que sigue marcando su día a día.

El Erasmus que lo cambió todo

Si hay un punto de inflexión en su historia, ese fue su Erasmus en la ciudad polaca de Wroclaw.

Lo que comenzó como una experiencia académica terminó convirtiéndose en una revolución personal. Viajó más que nunca, conoció personas de distintos países y descubrió una versión de sí misma mucho más abierta de lo que imaginaba.

“Volví con pájaros en la cabeza”, admite. Aquella experiencia le hizo darse cuenta de que quería incorporar esa forma de vivir a su futuro. No tanto por los viajes en sí, sino por la libertad, la convivencia y la posibilidad de aprender constantemente de otras personas y culturas.

De Grecia al laboratorio

Tras regresar a León completó el Máster de Profesorado y realizó prácticas en Maristas, el mismo centro donde había estudiado. Poco después llegó otra aventura internacional: un proyecto Erasmus+ en Grecia en el que convivió durante diez días, sin móviles, con jóvenes de distintos países para intercambiar tradiciones y reflexionar sobre la importancia de las raíces culturales. “Llevé cecina, chorizo de León, hablé de la ciudad y hasta me inventé como se bailaban las jotas para enseñar al resto”, confiesa.

Cuando parecía que su siguiente paso sería un voluntariado de larga duración fuera de España, recibió una llamada inesperada. Había sido seleccionada para incorporarse al Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca.

Actualmente trabaja allí en laboratorio, rodeada de investigadores que desarrollan nuevas terapias oncológicas. Una experiencia que le ha permitido reencontrarse con la ciencia y comprobar que sigue sintiendo fascinación por la investigación.

Un futuro abierto

Su contrato termina en agosto y, fiel a su manera de entender la vida, todavía no tiene decidido qué ocurrirá después.

Quizá continúe formándose en investigación. Quizá retome la idea de marcharse al extranjero para realizar un voluntariado. Lo único seguro es que seguirá explorando caminos. “No veo malas decisiones en mi vida”, reflexiona. “Todo me ha aportado algo”.

Y quizá esa sea la mejor definición de Marina Redondo. Una joven leonesa que ha hecho de la curiosidad su principal motor y que sigue convencida de que todavía quedan muchas cosas por descubrir.