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365 leoneses | Agustín Tuñón, profesor jubilado

"Durante años el Franquismo no se ha enseñado en las aulas: el temario nunca llegaba"

No solo ha dado clase de Historia, sino que el leonés Agustín Tuñón ha estado allí donde se escribía: recibiendo porrazos de los grises en Madrid en los 70, en la mili con Milans del Bosch cuando la legalización del PCE, en la Cataluña profunda de los 80 y en una de las barriadas más pobres de Sevilla hasta su prejubilación
El profesor jubilado leonés Agustín Tuñón.
El profesor jubilado leonés Agustín Tuñón.

Cuando hace 12 años Agustín Tuñón se prejubiló tenía claro que su tierra natal, León, tendría un lugar preminente en su vida. Por suerte, explica, no tuvo siquiera que convencer a su mujer, que tiempo atrás ya se había confesado enamorada de esta tierra, así que se compraron un piso en la ciudad que con el tiempo se ha convertido no solo en hogar, sino también en refugio climático: "Pasamos ocho meses en Sevilla y cuatro en León, adivina cuáles".

Aquí es donde siempre vuelve Agustín, y donde repasa una vida dedicada a la enseñanza y la labor social por media geografía española en la que no solo ha impartido lecciones de Historia, sino que él mismo ha protagonizado muchos de esos capítulos. 

La 'caja de cerillas'

Agustín dio sus primeros pasos y estudió en León en tiempos del franquismo. De la ciudad marchó a Oviedo, primero, y a Madrid, después, para la carrera, lo que involuntariamente le situó en el convulso campus universitario de Madrid de los años 70, aquel que apodaban la “caja de cerillas”. El leonés reconoce que nunca estuvo implicado “al 100 por cien” en la lucha, aunque no esconde su simpatía por la causa de acabar con el régimen y alumbrar la democracia, lo que ya era suficiente para levantar suspicacias en la dirección general. 

“Recuerdo perfectamente que cuando salíamos de clase nos estaban esperando los grises en la puerta para darnos con la porra en las rodillas”, asegura el leonés, que fue compañero de pupitre de un jesuita “que vivía en el edificio donde cayó el coche de Carrero Blanco” tras el atentando que acabó con la vida del presidente del Gobierno franquista en diciembre del 73.

Tras las aulas, no pudo evitar su paso por la mili, obligatoria en aquellos tiempos, y dio con sus huesos en un cuartel de caballería desde de Figueres, en Cataluña. “Fue raro”, asegura: “Algo sospechaban de mí, pero nunca nadie me dijo nada, simplemente me mandaron un año a un batallón en el que no me ascendieron ni a cabo”.

El 'sábado santo rojo'

Y ojo que no era un batallón cualquiera. Al mando se encontraba Jaime Milans del Bosch, tristemente famoso por su participación en el golpe de Estado de Tejero del 81 sacando los tanques en Valencia, pero que ya apuntaba maneras cuando Agustín vestía el uniforme. “Cuando la legalización del PCE (el ‘sábado santo rojo’ del 9 de abril del 77), yo estaba subido a un camión con una ametralladora en la mano y la orden de salir a plaza Cataluña ‘por si los comunistas se desmandaban’”. “Tenía claro que no iba a disparar a nadie, pero por suerte, al final, no pasó nada y los militares tragaron con aquello”, explica.

Haber estado y vivido con esa intensidad una época tan crítica en la historia de España, sin duda le ha servido al Tuñón profesor para explicar a sus estudiantes lo sucedido muchos años después. Algo que el leonés reivindica porque “los alumnos alucinan”. “Durante muchos años, y ahora sigue pasando aunque un poco menos, el franquismo no se ha enseñado en las aulas: curiosamente, nunca se llegaba a esa parte del temario, ni aunque entrara en Selectividad. Éramos muy pocos los que lo hacíamos”, dice.
Por eso a Agustín no le extraña lo más mínimo que los jóvenes viren hacia posiciones de extrema derecha. Tiene claro que “en España no hemos tenido formación sobre nuestro pasado como lo han tenido en Francia o Alemania, aquí ha habido mucha ocultación, incluso los libros de texto están muy sesgados”, denuncia. 

La Cataluña profunda

El recorrido vital y profesional de Agustín le llevó tras la carrera a sacar oposiciones en Oviedo. Su primer destino fue la Cataluña de 1980: “Dos años en un pueblo donde nadie hablaba castellano, era la época fuerte de Pujol. Ibas al mercado y tenías que entenderte como un turista. Pero yo me integré mucho, aprendí catalán y disfruté mucho aquellos años”, recuerda.

En aquel entonces ya había comenzado a dar forma a otra de sus grandes pasiones, la literatura, formando junto con amigos y compañeros el grupo Yeldo. "Nos llegó a publicar Vicente Aleixandre antes de ganar el Nobel", asevera. 

Labor social en Torreblanca

Tras eso, se trasladó a Sevilla, a un instituto del barrio de Torreblanca, “uno de los que hoy sigue estando entre los diez más pobres de España” y donde Agustín pronto comenzó a ser conocido como ‘el catalán’. “Aquello me impresionó mucho. Nos juntamos un grupo de profesores que éramos todos de fuera y comenzamos a hacer labores sociales. Estuvimos varios años haciendo lo que podíamos por sacar adelante aquel barrio, hasta íbamos casa por casa para que las familias matricularan a sus hijos”. 

Fueron 27 años los que Agustín pasó en la barriada sevillana que, como recuerda, “tiene su origen en el franquismo”, dado que sus raíces se hunden en los primeros asentamientos que levantaron familiares de los presos políticos que eran enviados a construir el cercano canal del Bajo Guadalquivir, conocido popularmente como ‘canal de los presos’. “Cuando se lo explicabas a los chicos en clase les costaba entenderlo”, apostilla recuperando la idea de lo alejada que está la educación de la realidad político social del franquismo.