El tiempo

Bajona

Dedico esta columna a mi compañero Jorge Díez, con cierto sentimiento de pérdida por no poder leerle ciertos fecundos razonamientos, en la esperanza de no causarle desasosiego en el día de hoy
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Y digo “bajona”, porque me supondrán algunos entusiasmado ante la perspectiva de la esperada unión de la izquierda. Uno, que anda tan preocupado por el acceso al poder de una derecha a punto de traspasar la borda del estribor ideológico y precipitarse al abismo insondable de lo que ya creíamos haber podido olvidar, ahora que surge el mesiánico Rufián… va uno, digo, y no se lo cree. “Bajona”.

No me voy a desdecir de mis alabanzas al personaje como ágil púgil parlamentario, fajador y de lengua afilada. Decir lo que dice y donde lo dice tiene su mérito, aunque entenderán que tampoco lo considere precisamente un “Demóstenes”. Entre sus pares es fácil destacar, tan yerma anda la bancada de cerebros grises destacables y, desde luego, de oradores que no parezcan párvulos en salmodia de la tabla del uno. Pocas excepciones, honrosas y, sí, en grupos minoritarios. La corta representatividad hace que el ingenio se agudice y el corto tiempo disponible se aproveche.

Y con Gabriel Rufián hasta ahí, que creo sea donde se fija la mayor parte de su audiencia y admiradores: en el “zasca” a diestro, que es donde está buena parte de este parlamento neoliberal de partidos mayoritarios, incluido PSOE, no se confunda nadie. Porque ahora cabe preguntarse, y de ahí la “bajona” de la incredulidad, dónde está Rufián, dónde está “Esquerra Republicana de Catalunya”. Vaya por delante una confesión de parte, y es que viví tangencialmente los prolegómenos del “Procés” con prolongadas estancias en Catalunya, y, durante el mismo, efectué visitas asiduas a amigos y antiguos compañeros. La fractura social, la violencia ejercida y hasta la separación de familias hacen que cualquier cosa que me huela a nacionalismo, xenofobia o supremacismo, me hagan poner pies en polvorosa y huyo como gato escaldado. Y en Esquerra, de eso, hay para parar un tren. Mejor, un barco granelero atracado en el “Port de Barcelona”.

En cuanto a lo que parece ser ahora una postura de “partido de estado”, basta recordar un par de momentos no tan lejanos, en los que yo creo que más bien Esquerra jugó un papel bastante villano.

Si quieren, empiezo por lo más reciente, que nos pone en situación de los “lodos” de hoy. De los “polvos” (y qué “polvos”) del pasado, les hablo luego.

El primer balón botando se lo pongo a ustedes en la votación de la llamada Ley de Multirreincidencia, una reforma del código penal que endurece las penas por reincidencia en hurtos de menos de 400€, con penas de hasta tres años lo que antes eran multas que no se cobraban normalmente por insolvencia. Combatir esa sensación de impunidad es, probablemente, necesario, pero la medida, promovida por Junts y refrendada por PP, Vox y PSOE, con la ostensible abstención de Esquerra Republicana, es claramente discriminatoria en la proporción de penas. No quiero hablar de la delincuencia fiscal, que me salen granos defraudatorios. En fin, medida, como mínimo, aporofóbica. Una Esquerra haciéndole el juego a Junts, que de esos hay para aburrir.

En cuanto a lo que parece ser ahora una postura de “partido de estado”, basta recordar un par de momentos no tan lejanos, en los que yo creo que más bien Esquerra jugó un papel bastante villano.

El primero, año 2004, cuando Carod Rovira se entrevistó con miembros de ETA en Perpignan para pactar una tregua en Catalunya… en el resto del Estado, que hicieran lo que quisieran. Esquerra prestaría apoyo al, por ellos llamado, Movimiento de Liberación del País Vasco.

Y en octubre de 2017, el propio Rufián fue el que retó a Puigdemont a que declarase la independencia con la famosa frase “155 monedas de plata”, alguna más que las treinta de Judas, en referencia al artículo de la Constitución que permite la intervención del gobierno central y la suspensión de la autonomía. La verdad es que de aquella el hoy inquilino de “La Casa de la República” en Waterloo estaba más cerca de convocar elecciones que de liar la que lio, pero le pudo lo del “sujétame el cubata” entre gallitos.

Para acabar de arreglar el entuerto, Rufián facilitó el gobierno a un tipo súper simpático, sucesor a la sazón de Puigdemont, llamado Quim Torra, que éste sí que nos tenía simpatía a los españoles, bueno, a todo lo que no fuera catalán desde el Deuteronomio. Supremacista como pocos, nos llamó “bestias” y se quedó tan “pichi”. Habrá que entender, en máximo ejercicio de magnanimidad, la rabia de este sujeto, que no pudo llevar a efecto el mandato de la independencia y que, encima, tenía al teórico legítimo presidente en el exilio, “forrado” a chocolate belga. Todavía sigue por ahí en una oficinilla de Girona ocupado en tan altas labores.

Ahora, si les parece, vamos a la Historia y es cuando ya podemos sacar la barra de pan, que hay salsa, y sangre. Y solo voy a hablarles de tres pájaros de cuenta que vivieron aquellos agitados años treinta a los que algún imbécil nos quiere hacer volver: Josep Dencàs y los hermanos Badía, Miquel y Josep.

Pero es que Esquerra es un auténtico nido de supremacistas, Como Heribert Barrera, que ha pasado buena parte de su vida intentando demostrar como la “raza catalana” es superior física e intelectualmente, u Oriol Jonqueras, diciendo que los catalanes están más cerca de los franceses, como si Catalunya no tuviera mar y pudiera ser más “mora” (turca en el sentido arcaico de la palabra) que Murcia. Me dejo para el final a Pilar Rahola, la omnipresente opinadora, ya algo caduca, a sueldo del sionismo. O sea, Esquerra, ¿izquierda? Me lo van a tener que desarrollar un poquitín bien, que voy algo corto de neurona. Tan de izquierdas que si esa pretendida coalición o plataforma la encabeza Gabriel Rufián, en Catalunya, desde luego, se le bajan en marcha los partidos pretendidos, CUP y Comuns.

Ahora, si les parece, vamos a la Historia y es cuando ya podemos sacar la barra de pan, que hay salsa, y sangre. Y solo voy a hablarles de tres pájaros de cuenta que vivieron aquellos agitados años treinta a los que algún imbécil nos quiere hacer volver: Josep Dencàs y los hermanos Badía, Miquel y Josep.

Entre los tres montaron un tinglado muy al estilo “camisas negras” de Mussolini para enfrentarse al mayor movimiento sindical de la época en Catalunya, no otro que la FAI, sindicato anarquista que tampoco se andaba con chiquitas, desde luego. Miquel Badía, a sueldo de la Generalitat, decidió que había que agitar las calles y controlar al anarquismo por la fuerza, para lo que, secundado por su hermano Josep, organizó las “Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Catalá” (JEREC). Esta fuerza empezó a ser usada como “de seguridad” en los mítines, pero se fue calentando la cosa y acabó siendo usada contra la FAI (Federación Anarquista Ibérica), a la que acusaban de españolista… ya estamos. Para redondear la ecuación llegó Dencàs como jefe de Orden Público, si bien venía de ejercer la vigilancia doméstica y perimetral en oficinas de la Generalitat y de batirse entre los “escamots”, paramilitares de “Estat Catalá”. Por aquel entonces se fundó la Escuela de Policía catalana… no les tengo que decir de dónde se nutrió.

Bueno, alguno me dirá que si la Falange esto, que si Franco aquello, pero vamos al caso de Esquerra, que no se arrepiente de aquella época y aún se marca algún homenaje, no digo a Maciá, que queda claro que no pudo con todo aquello que se le vino encima, y que quizá pagó por voluntarioso.

Dencàs se autodefinía como “nacional socialista”, a la vez que ocupaba puestos importantes en Esquerra Republicana, y contactó con el gobierno del “Duce” en busca de apoyo y cooperación en la época de la proclamación unilateral del Estado Catalán en 1934. Tan lince que en la desbandada del 1936, Gerald Brenan en “El laberinto español” le atribuye contactos con el conservador Gil-Robles. No les aburro con la peripecia del sujeto, pero tuvo hasta suerte y consiguió alcanzar Francia antes de que le dieran “pa’l pelo”, por cierto poco. No así los Badía, que acabaron en un tiroteo con sus amigos anarquistas.

Bueno, alguno me dirá que si la Falange esto, que si Franco aquello, pero vamos al caso de Esquerra, que no se arrepiente de aquella época y aún se marca algún homenaje, no digo a Maciá, que queda claro que no pudo con todo aquello que se le vino encima, y que quizá pagó por voluntarioso. Voy al caso del homenaje al pistolerismo, al que ERC no le hace ascos.

Y entonces va Rufián y dice que lo mismo puede ser él el catalizador de un movimiento de izquierdas en España… en España, con españoles, de izquierdas… me lo va a tener que contar despacito.

Porque tampoco creo que haya montado este tinglado para cederle el paso a nadie… a Delgado el de Más Madrid, con el caso Errejón de perfil. Yo veo a otra gente, pero no voy a dar ideas, que soy anarquista y tampoco estoy para hablar. “Bajona”.