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Presunto n3gro

Es un hecho cierto y comprobado que los cuerpos legislativos de los estados van a remolque de las necesidades y de las inquietudes de los pueblos que representan...

Es un hecho cierto y comprobado que los cuerpos legislativos de los estados van a remolque de las necesidades y de las inquietudes de los pueblos que representan. En buena medida esto se produce por un arrollador empuje de las tecnologías y por las cambiantes circunstancias socioeconómicas que nos rodean. A nuevas vicisitudes, necesario legislar en consecuencia, adaptando el corpus de la ley a la reciente circunstancia. Y eso, normalmente, tras mucho revuelo social y sufriendo la general desconexión de los representantes electos con la realidad de sus representados.

No es solo problema de España, sino bastante generalizado, habiéndose creado un grupo de profesionales de la política, desvinculados de los territorios, y privatizado esta sagrada función pública en forma de partidos políticos. Son estos aparatos, sobre todo en el caso de los mayoritarios, los que manejan el “cotarro” legislativo, lejos de una representatividad real y plural. Incardinados en esta mecánica, diputados, senadores, congresistas, procuradores o como quiera que se llamen en cada país, funcionan como una suerte de funcionariado electivo y poco meritocrático, sujeto a disciplina partidista y, por lo común, cautivo de las “órdenes de arriba”. A cambio, vida muelle, solucionada y con la preocupación máxima diaria y doméstica de con quién me reúno o con quién almuerzo. Normal que haya bofetadas por aparecer en puestos de salida en listas electorales. Y después, perpetuarse o morir. O buscarse la maña en el círculo de influencia creado.

Y toda esta matraca que les doy con el claro mensaje de la desconexión entre legisladores y pueblo, para no otra cosa que recordarles el importante papel de la sociedad civil y de su capacidad para alterar nuestro propio destino.

Y, por supuesto, normal que “trepas”, pretendidos antisistema y vividores de la política como los que integran los nuevos partidos de ultraderecha, traten de exprimir los vicios del sistema en provecho propio. No hay en la esfera política, no ya nacional sino mundial, mayor distancia entre intereses de votantes y verdaderas motivaciones de candidatos y elegidos. Ceguera reforzada a golpe de “meme”, falsedades mil veces repetidas y apelaciones al discurso patriótico por parte de quienes nos venderían por un plato de lentejas, hasta frías.

Y toda esta matraca que les doy con el claro mensaje de la desconexión entre legisladores y pueblo, para no otra cosa que recordarles el importante papel de la sociedad civil y de su capacidad para alterar nuestro propio destino. Debemos seguir siendo reivindicativos y no cejar en la real defensa de nuestros derechos. Y ese “nuestros” abarca también los de esos que han venido a compartir no solo nuestro aparente bienestar, nuestras decentes condiciones de vida (sobre todo si las ponemos en comparación), sino que también están aquí para ser partícipes de un destino común.

Y precisamente en contra de esas personas hemos decidido, por delegación de nuestro Parlamento Europeo, arbitrar una serie de medidas que nos acercan peligrosamente al esquema trumpista de intolerancia y represión migratoria. Una mayoría integrada por “Partido Popular Europeo”, ”Conservadores y Reformistas Europeos”, “Patriotas (¿?) por Europa” y “Europa de las Naciones Soberanas” han votado a favor del Reglamento de Retornos. Esto va a permitir crear en países terceros, con los que se llegue a acuerdo, centros para personas migrantes que deban ser repatriadas, agilizar las deportaciones y endurecer la política migratoria. De la ultraderecha cavernaria anclada en los postulados supremacistas y ultranacionalistas no se esperaba otra cosa, pero de los populares, francamente, al menos algún matiz. El desnortamiento y la pérdida de la parcela electoral por parte de los populares europeos tiene un rango parecido a lo que sufre el partido de Feijóo, incapaces de mantener lo poco que de dignidad nos va quedando en el continente.

Y esto en la misma semana en la que hemos observado esa mezcla de exceso de celo, que acabará diciendo Marlaska como mucho, y la brutalidad en el medio de detención, a ojos vista, sobre el exdiputado Serigne Mbaye.

Deben los migrantes que sean objeto de estas medidas colaborar en todo momento al tránsito de la deportación, entendiéndose cualquier resistencia como motivo más que suficiente para imponerles sanciones o penas de cárcel, retirar prestaciones sociales o permisos de trabajo. La guinda, la posibilidad de detención ante el riesgo de fuga, algo que resulta completamente discrecional, por período de doce meses, prorrogable a otros doce si no hay cooperación por parte del detenido o hubiera dilaciones en la tramitación de documentación. Esto último es una completa arbitrariedad, ya que el proceso administrativo no depende del detenido.

Y no estamos hablando de los migrantes que supongan un riesgo para la seguridad pública, que esos ya eran deportados de manera prioritaria. Aquí una vez más el argumento falaz de la peligrosidad y de la presunción de que cualquier migrante es un delincuente, no ya potencial, sino efectivo.

Y esto en la misma semana en la que hemos observado esa mezcla de exceso de celo, que acabará diciendo Marlaska como mucho, y la brutalidad en el medio de detención, a ojos vista, sobre el exdiputado Serigne Mbaye. El activista antirracista entraba tranquilamente en su casa cuando un grupo de personas, en principio no identificadas, se abalanzó sobre él y otro amigo que le acompañaba, inmovilizándolo de muy mala manera, al punto de necesitar atención médica tras su puesta en libertad. Del hecho hay grabaciones que delatan la conducta de unos y otros y la desmedida contundencia del despliegue policial. Y todo porque en el barrio algún vecino había denunciado la presencia de una pareja de hombres merodeando vehículos con la evidente intención de robar. Que el color de tu piel te haga automáticamente sospechoso es algo a lo que las personas racializadas están, por desgracia, más que acostumbradas, por lo que, si el acercamiento del grupo policial se hubiera desarrollado con normalidad, Mbaye habría respondido como cualquier ciudadano, más él que ha sido representante público.

Sería por mi parte una ligereza juzgar a los policías en su intervención. De juicios de intenciones no deben derivarse consecuencias. Pero sí los creo condicionados por un ambiente laboral tóxico y por unas consignas de la superioridad sobre la necesidad de la ejemplificación. No se explica de otro modo que, si andas por alguna populosa capital de España y no eres blanquito de piel, tengas que pasar por el habitual “reconocimiento aleatorio”. Se corre la especie de que la delincuencia es mayoritariamente extranjera, racializada y violenta. Viendo el censo de la cárcel de Soto del Real creo que merece la pena una reconsideración. Y, si vamos a importes e impunidad, claramente la corbata roba más que la sudadera con capucha. Racismo, aporofobia y miedo al distinto: esa es la ley impuesta.

Hay una gran anomalía democrática en España mientras siga vigente la llamada ley “de patada en la puerta”, curiosamente mantenida por un partido que se dice de izquierdas. Habría que mentarle la hemeroteca a Sánchez en su promesa de abolirla.

Probablemente desde el cómodo calor de nuestros blancos hogares nos cueste empatizar con las circunstancias de esos migrantes que han venido a vivir entre nosotros, que quieren ser uno más y que deben estar ya hartos de que por su color o sus rasgos todos los prejuzguemos. Esforcémonos en ver seres humanos y nada más. Como hicieron, por cierto, los vecinos de Mbaye, blancos, que salieron en su defensa y que también fueron detenidos y que, como el propio exdiputado, también serán multados por, simplemente, pedir explicaciones y evitar un claro abuso.

Hay una gran anomalía democrática en España mientras siga vigente la llamada ley “de patada en la puerta”, curiosamente mantenida por un partido que se dice de izquierdas. Habría que mentarle la hemeroteca a Sánchez en su promesa de abolirla. Podía haber aprovechado esta última minicrisis para dar algo de gusto a esa izquierda a la izquierda, a ese lugar de tantos que no saben a quién seguir, y prescindir de Marlaska. Todo menos Grande.

Y termino, que, como los vecinos de Mbaye, cualquiera puede verse en el actual ordenamiento objeto de una contundencia desmedida y no tener herramientas para defenderse. No estamos tan lejos ninguno de nosotros de convertirnos en presunto n3gro.