El tiempo

Una parcelina

Ando estos días haciendo sinceros esfuerzos para mantener la presencia de ánimo y no convertirme en un agorero de lo peor...
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Ando estos días haciendo sinceros esfuerzos para mantener la presencia de ánimo y no convertirme en un agorero de lo peor. La realidad, no obstante, es tozuda y me recuerda la gravedad de la situación en noticiarios, cesta de la compra y en la obligada visita semanal al surtidor de gasolina, donde el guarismo exhibido ronda obscenamente los dos euros por litro últimamente. A fe que, sanciones aparte, se le modera a uno el pie derecho y aquilata los recorridos en coche.

Tienen la capacidad de acuerdo y decisión para manejar los precios a su antojo, quedando muy lejos una auténtica competencia y un respeto ético a márgenes industriales de explotación

En, creo, vano intento por parte del gobierno de Sánchez por paliar los efectos de la subida de los combustibles, se anuncia bajada del tipo de IVA para los mismos del normal 21 al reducido 10. Otra vez cogiendo el rábano por las hojas y mirando, presbicia “habemus”, el efecto inmediato en los bolsillos de los consumidores, sin atacar la evidente raíz del mal, que no es otra que la naturaleza de oligopolio que el mercado de carburantes tiene en nuestro país. Repsol, Cepsa y British Petroleum son las cabezas tractoras del refino y la distribución, copando el 83 %, secundadas por otras compañías con una presencia residual en el mercado. Entre todas, se ha visto claramente, tienen la capacidad de acuerdo y decisión para manejar los precios a su antojo, quedando muy lejos una auténtica competencia y un respeto ético a márgenes industriales de explotación. Caía el primer misil en Teherán y el gasóleo para diésel subía cuarenta céntimos en minutos. Y eso, con unas reservas estratégicas supuestas para tres meses. Queda claro que lo de la reserva no es solo previsión ante la escasez, sino herramienta para la especulación salvaje.

Reducir la carga impositiva es una medida cortoplacista que no va a redundar en beneficio de los consumidores, y añadirá enteros a un déficit galopante que no estamos sabiendo controlar. Urge aquí, y no es la primera vez que se pide, un impuesto especial al beneficio de las petroleras o un control a las mismas, en tanto explotan recursos finitos de naturaleza pública y emplean también para la distribución medios colectivos. Ya sé que pido peras al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, que lo mismo habría que hacer con las eléctricas, y les estamos regalando el país a pellizcos de monte, de terrenos de labor y de olivos arrancados. Se bajará el IVA, pero los precios no bajarán, que ahí están los contables de las compañías para añadir dígitos a su cuenta de resultados.

No comemos gracias a él, sino que, gracias a nosotros, él es millonario.

Como Juan Roig, dueño y factótum de Mercadona, por cuyas cajas registradoras pasa más del 30 % del consumo doméstico de los hogares españoles en alimentación, droguería y otros básicos. También se despacha con la petición de un IVA cero. Seguro que bajaba los precios, él, que se ha permitido una subida media de alrededor del 30 % en los últimos cuatro años, mejorando el beneficio empresarial en márgenes del 20 % año a año. Se conoce que lo social lo entiende este señor por colectivizar las pérdidas e individualizar los beneficios. Lo de siempre: “nos asan a impuestos”, precisamente Mercadona, que goza de un convenio especial con la Seguridad Social para no cotizar por contingencias comunes por sus trabajadores. A ver de dónde se cree Roig que sale la pasta para “arreglar” una pieza de su engranaje cuando la “avería” no se produce en horario laboral. De ahí mismo, no del IVA, pero sí de la contribución colectiva. Lo menos que le pido es que, ya que entre todos lo hemos puesto ahí, tenga la delicadeza de estarse calladito. Y que recuerde que no comemos gracias a él, sino que, gracias a nosotros, él es millonario. Y como Roig, los “garamendis” de turno, que pisan alfombras tejidas con sudor ajeno. El éxito es posible sin dejar cadáveres.

Es ya un evidente gigante con pies de barro que no tiene más remedio que morir matando.

Después de este repaso doméstico no me quedan muchas ganas de asomarme al exterior y ver cómo el “trumpismo” se ha metido en un callejón sin salida por buscar exactamente lo mismo: energía a bajo coste, perpetuación del actual sistema extractivo y mantenimiento del estatus hegemónico de Estados Unidos, indiscutido, aunque muy discutible. Es ya un evidente gigante con pies de barro que no tiene más remedio que morir matando. Hasta ahora, al “Tío Sam” le valía con pelear la posición del dólar como moneda de intercambio comercial mundial, herramienta poderosísima, para lo que también solía emplear su soberbia capacidad militar, apabullante, basada en la anomalía histórica que ha sido la “Guerra Fría”, lo que le ha permitido disponer de más de 120 bases militares en aproximadamente 50 países del Mundo. En el contexto actual queda bien claro la total chaladura que supone este despliegue estratégico consentido, cuando las políticas de alianza se resquebrajan y Estados Unidos no es, decididamente, un aliado fiable de prácticamente nadie que no sea el sionismo.

Se dice pronto, pero los Estados Unidos, en sus 250 años de historia, solo han estado fuera de algún conflicto armado unos 18 años.

Pero no hay banqueta buena sin tres patas, de modo que la tercera fuerza, aparte economía y potencia militar, era la generación de energía. Durante años han gozado de una fuente que entendieron inagotable y que les ha permitido su hegemonía, muy cara y que han malgastado a lo largo de toda su historia. Se dice pronto, pero los Estados Unidos, en sus 250 años de historia, solo han estado fuera de algún conflicto armado unos 18 años. No me digan ustedes que no es un país conflictivo y un vecino poco deseable. Solamente Israel, en sus cortos 75 años de historia, le echa el pie, que no ha habido año de existencia en que no estén “a pildorazos”. Casi nunca, o nunca, han sido acciones defensivas. Lo de ahora ya es criminal de lesa humanidad, que, sin comerlo ni beberlo, tras la demolición de Gaza, van a por Líbano y Cisjordania, y ya saben a por qué: petróleo, gas y agua.

Estados Unidos siempre se ha apañado para vestir de lucha contra el terrorismo y libertad para la población sometida todas sus acciones. Es un hecho cierto que Gadaffi y Saddam no eran ningunos santos, que habría que haberse desecho de ellos antes. Antes de contar con ellos, me refiero, como aliados, que en esto los estadounidenses son auténticos maestros: me promocionan un líder megalómano y asesino para combatir a otro o para derrocar un régimen legítimo, y luego me dejan el país hecho unos zorros cuando toca destronarlo. Lo de Gadaffi y Saddam tiene otra lectura, ya que habían decidido dejar de negociar en petrodólares. Será casualidad. Ahora mismo tenemos el ejemplo sirio, donde se ha promovido a Al-Julani, antiguo socio de Al Qaeda, a la presidencia del país. Qué más da, si la propia Al Qaeda fue en tiempos filial de la CIA.

Es posible que se sintieran “hermanos” de egipcios o gazatíes, pero han estado bastante de perfil a la hora de la reivindicación de sus parientes pobres.

Pero Irán es otro rollo. El régimen de los “ayatolás”, execrable, desde luego, y de corte mafioso como se ha visto en el mecanismo de sucesión en la presidencia, no le debe nada a los Estados Unidos. Es el enemigo histórico y competidor de los emiratos del Golfo, aliados de los estadounidenses desde el final de la Segunda Guerra Mundial, siempre en difícil equilibrio con Israel. No tanto por ser enemigos directos, sino por el expansionismo sionista sobre el panarabismo egipcio, jordano y palestino. Arabia Saudí y el resto de emiratos han jugado siempre con las cartas marcadas de los petrodólares. Es posible que se sintieran “hermanos” de egipcios o gazatíes, pero han estado bastante de perfil a la hora de la reivindicación de sus parientes pobres. Mandaban el desarrollismo y la pasta. Qatar o Dubai se han construido con sangre musulmana esclava. Hermanos, pero no primos. Fariseos al fin.

Fariseismo por doquier, que Mojtaba Jamenei, el “electo” presidente de Irán ha heredado también la responsabilidad de manejar el imperio de la “Setad” (en traducción libre algo así como la oficina de ejecución de órdenes del Imán), un organismo fundado con fines altruistas por Jomeini allá por los años ochenta (la idea era traer a gente del exilio y reponer sus bienes), pero que hoy es un holding inmobiliario y de inversiones al que se le calcula una capitalización entre inmuebles y fondos de unos 100000 millones de dólares. Todo, como se imaginarán, de lo más transparente. No es Irán, desde luego, enemigo pequeño ni cándido. Todo eso, tras la imagen de ascetismo de los ayatolás y la capacidad de su población para la entrega al sacrificio, más después de la muerte de “papá” Jamenei y de ¿se acuerdan? Mahmud Ahmadineyad en el mismo bombardeo.

Trump va contra el reloj. Ha pedido más dinero porque “es muy caro matar a los malos”. Ha decidido, y no es de ahora, que Europa le sobra. Y no es de ahora, ya les digo, que el dejarnos a solas con Rusia era estrategia premeditada. Como también es premeditado el sesgo casi religioso que le está dando a sus causas. Poner a Pete Hegseth, que tiene más de telepredicador que de técnico en defensa, como Secretario de Guerra ya lo dice todo. Están con el “In God we trust” a carta cabal, apelando a ser “una unidad de destino en lo universal”, cuando lo que son es un ogro ávido de sangre combustible para perpetuar su maquinaria.

No voy más allá. Solo hay dos opciones en esta guerra y ninguna es ventajosa para ustedes o para mí. Una victoria estadounidense nos pone a los pies de los caballos en posición de desventaja estratégica como meros peones, y gracias que no somos acreedores a la conquista, que no tenemos ni gas ni petróleo. La derrota estadounidense alteraría el orden cambista mundial con un retroceso del dólar y una nueva hegemonía asiática con Irán como trampolín y nueva potencia en la zona. Si me dan a elegir, me quedo sin ninguna, más con nuestras políticas energéticas erráticas.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz nos está demostrando cómo el dominio de unos pocos kilómetros de territorio puede desestabilizar el orden mundial.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz nos está demostrando cómo el dominio de unos pocos kilómetros de territorio puede desestabilizar el orden mundial. Se avecinan, más pronto que tarde, carestías de combustibles y fertilizantes. La mayor parte de los compuestos con nitrógeno, potasio y fósforo pasan por ese estrecho cuello de botella. Pero no solo esos, sino también el azufre, básica en la fabricación de esas armas que piden Trump y Hegseth para continuar la guerra. Paradojas del cortoplacismo.

Se vienen tiesas. La agricultura extensiva y la ganadería intensiva industrializada van a sufrir consecuencias previsibles en cuanto a su naturaleza, pero incalculables en su dimensión. Si no tienen una “parcelina” de terreno, háganse con ella. ¡Ah! Y que deje de ofenderles el olor a estiércol. Piensen en lo buenas que van a estar esas patatinas. En esto último creo que tampoco exagero.