Isabel Díaz Malinche
El escandaloso caso de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en su intento de conquista de México. La muy osada se atrevió a pronunciar en México una palabra aparentemente intolerable para ciertos guardianes de la pureza ideológica: amor.
Sí, amor. No expolio, no genocidio, no culpa heredada, no autoflagelación transoceánica, no perdón. Amor.
En su viaje institucional a tierras mexicanas la presidenta asistió a un acto con inversores organizado por la Cámara Española de Comercio en México, al encuentro con estudiantes y a diversos actos. Entre ellos uno con título he de reconocer que llamativo: Celebración por la evangelización y el mestizaje en México: Malinche y Cortés.
Debió de resultar insoportable escuchar en este acto que, más de quinientos años después, quizá tenga más sentido celebrar lo que une a España y México que seguir exigiendo responsabilidades penales a ciudadanos del siglo XXI por actos de Cortés, Moctezuma II y Xicoténcatl.
Así, las luchas entre los pueblos indígenas que habitaban Mesoamérica, como no podía ser de otra manera, eran encuentros de mediación intercultural. Los tributos no eran imposiciones, sino aportaciones voluntarias...
Porque de todos es sabido, que el imperio mexica repartía abrazos, descuentos fiscales y certificados de convivencia. El pueblo tlaxcalteca llevaba décadas resistiéndose a los abrazos y a los besos. Los mexicas, aztecas, no hacían uso de la fuerza, sólo del diálogo y la negociación.
Así, las luchas entre los pueblos indígenas que habitaban Mesoamérica, como no podía ser de otra manera, eran encuentros de mediación intercultural. Los tributos no eran imposiciones, sino aportaciones voluntarias. Y los sacrificios humanos, según la versión soft, un estilo alternativo de la gestión de recursos humanos.
Y fue entonces cuando llegaron unos señores en barco a romper la paz y el respeto entre indígenas. En ese idílico contexto apareció Cortés con unos pocos centenares de españoles y decenas de miles de aliados indígena que, incomprensiblemente, decidieron unirse a él. También una indígena nahua, Malintzin o Malinche. Seguramente por un malentendido lingüístico… o porque no habían leído todavía el argumentario contemporáneo que les explicaba quiénes debían ser en adelante sus opresores.
Lo verdaderamente irritante de las palabras de Ayuso fue sugerir que, pese a lo sucedido en el pasado, de aquel choque nació algo muy grande: el mestizaje. Esa molesta realidad que dio lugar a una cultura compartida, a una lengua común...
Ayuso, recordó además a Isabel la Católica. Algo intolerable. La reina, la católica, la antigua, digo, apoyó las expediciones a las Indias y dejó escrito en su testamento: “...no consientan ni den lugar que los indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes; mas manden que sean bien y justamente tratados...” Esto no encaja en la caricatura que nos tratan de calzar por lo que pido a los lectores que lo olviden.
Lo verdaderamente irritante de las palabras de Ayuso fue sugerir que, pese a lo sucedido en el pasado, de aquel choque nació algo muy grande: el mestizaje. Esa molesta realidad que dio lugar a una cultura compartida, a una lengua común y a una comunidad de cientos de millones de personas a ambos lados del charco.
Amor entendido como reconciliación, memoria y reconocimiento mutuo. Amor como antídoto frente a la tentación de convertir la historia en un tribunal permanente. Amor, en definitiva, como recordatorio de que ninguno de nosotros estuvo en allí en 1520
Porque reconocer que la historia tuvo luces y sombras equivale a una provocación intolerable. Mucho mejor es reducir cinco siglos de relaciones a un titular y sembrar indignación como si fuera patrimonio cultural.
Amor entendido como reconciliación, memoria y reconocimiento mutuo. Amor como antídoto frente a la tentación de convertir la historia en un tribunal permanente. Amor, en definitiva, como recordatorio de que ninguno de nosotros estuvo en allí en 1520, pero todos vivimos hoy las consecuencias de aquel encuentro, y también las riquezas.
Una idea, sin duda, insoportable para quienes prefieren seguir guerreando, cinco siglos después. De quiénes, Claudia Sheinbaum, por ejemplo, exigen el perdón de unos, pero olvidan exigirlo a otros. Porque la historia tiene claros y oscuros, y serán historia mientas no se olviden.