De los jarrones chinos a los jarrones del chino
Hace unos pocos días, Felipe González, el que fuera Presidente del Gobierno durante varias legislaturas –desde 1982 a 1996- y Secretario General del PSOE durante 23 años, en un desayuno en El Ateneo, al hilo de unas reflexiones acerca de la actual situación política y especialmente la que afecta al partido que lideró, afirmó que en las próximas elecciones generales- que al paso que vamos y si Dios no lo remedia serán en julio 2027 según ha verbalizado Moncloa- no piensa votar a Sánchez si es el candidato, porque no le representa.
Exactamente dijo que "con los candidatos actuales, votaré en blanco, pero no votaré a ningún partido que no sea el PSOE", añadiendo que no piensa abandonar la militancia del que siempre ha sido su partido. “Que lo deje el que lo destroce" aseveró el expresidente, y no le falta razón.
Mucho no ha gustado en Moncloa este arranque de sinceridad de quien ha sido uno de los líderes más consistentes que ha tenido el PSOE en democracia, un partido centenario que en los últimos tiempos se ha convertido en el Partido Sanchista Obrero Español en el que, prietas las filas, no se admite ni una sombra de crítica por parte de nadie al amado líder. Si alguno de los suyos osa salirse del argumentario monclovita, se le condena al ostracismo no sin antes aplicarle una altísima dosis de defenestración política y, peor, personal.
Si hasta la propia Alegría, con cierto sonrojo, le ha dado un buen zasca en redes sociales a este personaje que se inserta en el núcleo duro de Sánchez y que cuando abre la boca estoy segura de que hace replantearse muchas cosas a muchos socialistas
Sin ir más lejos, la ocurrencia de Oscar López esta semana, atribuyendo a Javier Lambán el clamoroso batacazo de Pilar Alegría en las elecciones autonómicas de Aragón en la radio “de todos”, es una clara muestra de ello, donde todo vale y no se respeta ni a los fallecidos. Poco le importa a este impresentable señor faltar a la memoria de una persona cuya trayectoria no merece sino admiración, con tal de justificar lo injustificable y salvar la cara (por no decir otra cosa) de quien nos gobierna y a quien se debe. No está de más recordar, como ha hecho Núñez Feijóo, que Oscar López no le llega a Lambán a la altura del talón, que aprobó una oposición de maestro y no necesitaba comer de la política como “otros”.
Este error craso que lejos de enmendar pidiendo perdón, como le requerían algunos de sus compañeros de partido, lo ha ratificado, enmascarando su sectarismo cerril de “discrepancia política”; si hasta la propia Alegría, con cierto sonrojo, le ha dado un buen zasca en redes sociales a este personaje que se inserta en el núcleo duro de Sánchez y que cuando abre la boca estoy segura de que hace replantearse muchas cosas a muchos socialistas.
En el caso del expresidente Felipe González poco han tardado en salir en tromba algunos de los actuales ministros para desacreditarle y, de paso, para invitarle a salir de este PSOE “renovado” en el que todo vale para apuntalar el liderazgo del que Patxi López ha llamado el “puto amo”; un Patxi López, por cierto, que se arroga el sentir de cualquier buen sanchista y que desde el Congreso soltó la siguiente “perla” aplicada a González: "hace mucho tiempo" dejó de ser "una referencia".
El último mohicano, García Page, salió a enmendarle la plana a este dechado de virtudes, y desde el sentir socialista defendió que el expresidente es "patrimonio colectivo" del PSOE- y del resto de los demócratas- evidenciando el precio que se paga en ese partido por la discrepancia y, de paso, haciendo patente el desprecio de Moncloa a los líderes territoriales (aunque ganen por mayoría absoluta), lo que demuestra la orquestada debacle que se está produciendo y que va a consolidarse en todos los procesos electorales autonómicos que poco le importa a Moncloa si consigue ir salvando los muebles.
El ministro Torres llegó a utilizar una frase del exministro Pérez Rubalcaba que sacada de contexto parece venir al caso, al atribuirle la siguiente afirmación: "cuando tú ves a tu líder de tu partido fajándose con un rival y quieres que pierda el líder de tu partido, piensa qué haces tú en ese partido".
Pese al ejercicio de mano izquierda de la ministra portavoz que redujo las palabras de González a "una opinión más" dentro del PSOE -a lo que debería haber añadido que es una opinión muy cualificada- el ministro Ángel Víctor Torres, y las ministras Isabel Rodríguez y Ana Redondo han entrado a saco contra el exlíder socialista, afeándole su discrepancia y llegando al punto de mandarle el mensaje al expresidente de que ya sabe dónde está la puerta de salida del partido.
El ministro Torres llegó a utilizar una frase del exministro Pérez Rubalcaba que sacada de contexto parece venir al caso, al atribuirle la siguiente afirmación: "cuando tú ves a tu líder de tu partido fajándose con un rival y quieres que pierda el líder de tu partido, piensa qué haces tú en ese partido". Me temo que, tal y como está todo, el que fuera otro claro exponente del “patrimonio colectivo” a la vista de quien procede la crítica igual lo que aconsejaría es prescindir de ese líder.
Y eso por no hablar de la incuestionable y exitosa ministra de Vivienda y Agenda Urbana que le ha pedido al expresidente que "reflexione" sobre su permanencia en el PSOE y le ha tildado de “desconectado” por no conocer bien “la España de hoy, a la sociedad de hoy, la política de hoy". Igual es lo contrario, señora Rodríguez, la conoce demasiado bien, y como nos pasa a muchos de nosotros, sencillamente no le gusta.
A estas burdas imitaciones, sabedoras de que su único engarce con la estantería es la fidelidad enfermiza al líder que corresponda y conscientes de que al que se mueve se le defenestra sin piedad...
He dejado para el final a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, quien, ante la diatriba de Felipe González al actual líder del nuevo PSOE, contestó que "hay jarrones chinos que lamentablemente ya no quedan bien en las estanterías"; una clarísima referencia a la metáfora que el propio Felipe González utilizó para definir a los expresidentes del Gobierno de nuestra democracia, a los que se refirió en su día como "grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños", añadiendo otro razonamiento bien interesante: "se supone que tienen valor y nadie se atreve a tirarlos a la basura, pero en realidad estorban en todas partes”.
En una cosa tiene razón la ministra. Ante una sociedad como la actual, en la que todo se falsifica por un mínimo precio puedes comprar jarrones del Chino -presencial o por Aliexpres- para llenar todos los huecos de las estanterías de los partidos. A estas burdas imitaciones, sabedoras de que su único engarce con la estantería es la fidelidad enfermiza al líder que corresponda y conscientes de que al que se mueve se le defenestra sin piedad y se le repone fácilmente por otra baratija, les estorba todo lo que representa la esencia, lo auténtico, lo valioso, los principios, la coherencia personal, la honestidad…en definitiva, todo lo que debería ser el patrimonio irrenunciable de todos nosotros en democracia. Y así nos va.
Me temo que esta ministra, al igual que el resto del Ejecutivo, son plenamente conscientes de que no pueden aspirar a más de lo que son: jarrones del Chino.