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La colonización de la Región Leonesa por Valladolid

Por razones que no vienen al caso, obra en mi poder un volumen del Diccionario Geográfico Universal editado en 1834 en Barcelona...

Por razones que no vienen al caso, obra en mi poder un volumen del Diccionario Geográfico Universal editado en 1834 en Barcelona. Esta obra es una colección de diez tomos en la que se hace un exhaustivo compendio de los pueblos de España y las entonces ya sus escasas colonias, además de lugares de otros países, haciendo honor a su encabezamiento de diccionario, geográfico y universal.

La gracia de esta publicación estriba, dejando de lado las ciudades extranjeras, en que pormenoriza detalles asombrosos de la época, como población, géneros que se producen en cada localidad, distancias o pertenencia a la provincia correspondiente, clima, disponibilidad de agua, etc. Francamente ameno, es una mirada curiosa a la primera mitad del siglo XIX en España. Ni que decir tiene que a este pobre escribidor lo que más le interesa de esta obra es la parte que corresponde a las leonesas tierras, su gente, sus medios de subsistencia y su vida.

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Sumergirse en sus páginas es bucear en datos que resultan asombrosos a la luz de lo que hoy sabemos de León, de la gente que vivía en él por aquel entonces y hasta de su paisaje, sus cultivos o de lo que producía. Por ejemplo, en la zona del Páramo leonés es casi una constante de aquel momento la producción de aceite de linaza y de oliva. Sí, al parecer, y aunque ya ni los más mayores tengan memoria de ello, el Páramo tenía que estar cubierto de fincas de lino y de olivos. Yo recuerdo de mi infancia los tejados decorados con grandes tinajas rematando las cumbreras sin que nadie acertará muy bien a saber porque estaban allí. Hoy de aquellas tinajas ya sólo queda un triste recuerdo y alguna superviviente arrinconada.

Mencionada esta curiosidad, hay otras muchas, algunas de ellas alucinantes, pongamos por caso Villahibiera o Valdepolo que pertenecían a la provincia de Valladolid, mientras que la localidad de Villamizar o Villaverde la Chiquita, pertenecían a León. Como se ve, y para sofoco de los grandes panegiristas del Reino de León, Pucela ya nos ponía el pie en el cuello hace un par de siglos. Los enclaves de la Dehesa de Llorente en el sureste de León o el enclave de Roales y Quintanilla, no muy lejos del anterior, en este caso en la provincia de Zamora, son dos buenos ejemplos de lo dicho y de cómo se dejan perpetuar ciertos anacronismos.

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Pero si esto puede resultar impactante no pierda nadie de vista dos detalles más. Por mi mala cabeza, he extraviado, que no perdido, unas fotocopias en las que figuraban varios enclaves vallisoletanos dentro de la provincia de Orense y que debieron desaparecer con la provincialización de Javier de Burgos en 1833. Como soy consciente de que esto suena a ocurrencia de un día de resaca, ahí va la segunda: según este texto decimonónico, Valladolid contaba entonces con quince partidos, entre los que se encontraban Rueda del Almirante y Mansilla de las Mulas, hoy pertenecientes a León. Y también los partidos de Benavente y Puebla de Sanabria, hoy pertenecientes a Zamora, por extraño que resulte.

Consciente de que esto parece salido de la cabeza de una persona ebria, adjuntamos fotos acreditativas de cuanto aquí se ha vertido y extractado escrupulosamente de las páginas del libro en cuestión. Algunas localidades figuran con la adscripción y datos que tienen en la actualidad, lo que contribuye a darle mayor credibilidad. Dicho todo lo cual, y superada la vertiente de las curiosidades del pasado, conviene ahora hacer algunas consideraciones, es decir, extraer conclusiones que nos pueden resultar interesantes a los que seguimos suspirando por un León autogobernado, sin muletas castellanas.

Una opinión muy particular es que ya que somos súbditos de los intereses pucelanos, que no castellanoleoneses –lo escribo junto como Carlos Martínez, porque yo no soy ni me siento castellanoleonés, soy leonés, y entonces la denominación me da igual– si la casta política leonesa de veras quisiera hacer algo por su patria chica, debería remover Roma con Santiago hasta hacer desaparecer la pertenencia de la Dehesa Llorente y el enclave de Roales y Quintanilla a Valladolid. Si no lo hacen estarán mostrando las costuras y el fraude continuado al que nos vienen sometiendo desde la década de los ochenta del siglo pasado.

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Otrosí digo, el único partido de corte leonesista con representación parlamentaria, tiene aquí una ocasión de oro para encabezar una pacífica revuelta popular que nos lleve a la reversión de unos territorios que nuestros antepasados consiguieron para León con sangre, sudor y lágrimas. Me consta que antes dejarían perder un diente que encabezar una propuesta semejante. A los partidos estatales, ocioso sería sugerirles tal cosa, así pues, sigan siendo oficinas de colocación, úteros para gestar tránsfugas y criaderos de panzas. León les es ajeno.

Este tomo de la obra recoge las instituciones que albergaba Valladolid en aquel momento. Curiosamente era residencia de la Capitanía General de toda Castilla la Vieja con su estado mayor, juzgado y secretaría militar además del acantonamiento del 5º Departamento de artillería, la Real Audiencia y Chancillería y el Archivo General de Simancas. Mi librito que se deshace en elogios para la provincia y su capital homónima, menciona alguna otra particularidad como el Palacio Real y el Campo Grande, un vergel en medio de un secarral que para sí quisiera la ciudad de León.

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Y ahora añado yo de mi cosecha. En Valladolid nacieron personajes como Isabel la Católica, una reina desequilibrada como su madre o su hija. El fanático rey Felipe II, Enrique I, Enrique IV o Sancho IV de Castilla. Personajes siniestros como Onésimo Redondo o Queipo de Llano, republicano golpista primero y golpista faccioso después. Tampoco debemos olvidar que fue sede regia durante cinco años, cuando el inefable especulador mobiliario, el también vallisoletano Duque de Lerma, trasladó la corte de Felipe III desde Madrid a Valladolid en 1601.

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Y por no alargarme, quisiera acabar con unas preguntas en voz alta. ¿Ha hecho valer Valladolid su pasado regio para apropiarse de toda Castilla y León o acaso no lo necesita? ¿No habrá que reconocer el patriotismo y la habilidad entre los políticos pucelanos, cualidades que a los políticos leoneses les parecen vedadas? ¿Queda algún leonés bienintencionado que crea que con los personajes citados y la voracidad vallisoletana puede ir León a alguna parte? Saque ahora cada cual sus conclusiones, pero, por favor, no se engañe ni se deje engañar nadie.