'Gaudí y el valor educativo de su obra'
Pequeños burgueses de época, ferroviarios, poesías para Gaudí, cocineros, camareros, sirvientas, sufragistas que se manifiestan en defensa de los derechos de la mujer, la firma de los planos de Casa Botines, una cápsula del tiempo, enfermeras, doctores, fotógrafos, banda de música modernista...y repartidores de periódicos. Pero no cualquier periódico: 'El Heraldo de León'.
Todo esto fue lo que vimos el pasado jueves a las puertas de Casa Botines, y no en un año cualquiera: 2026, centenario de la muerte de Antonio Gaudí. Los chicos y chicas del CEIP Anejas de León, en su modernista Semana Cultural, protagonizaron un pasacalles entre colegio y museo que se queda para siempre en la memoria de Casa Botines y en el corazón de quienes pudimos presenciarlo. Lo más parecido a una edición de la Feria Modernista en versión infantil con muchas horas de preparación y rostros de sorpresa entre los asistentes.
El caso es que esta entrañable representación nos ha llevado a reflexionar sobre el valor educativo que contiene la obra del más grande arquitecto de todos los tiempos. ¿Qué vínculos existen entre Gaudí y los más pequeños? Si echamos la vista atrás para investigar, nos encontramos con sorprendentes guiños.
Escuela urbana y del bosque
Tras la Semana Trágica de Barcelona en 1909, Antonio Gaudí construyó las escuelas provisionales de la Sagrada Familia en el espacio que es hoy la Fachada de la Gloria, con el fin de escolarizar a los niños del barrio obrero y a los hijos de los trabajadores del templo. Con algo menos de 9.000 pesetas, en un ejercicio de belleza estructural y funcionalidad, Gaudí diseñó una escuela que “reúne las ventajas de una escuela urbana y una escuela del bosque”, tal y como la describirían en el anuario de la asociación de Arquitectos de Cataluña de 1913. Aunque se trataba de un edificio provisional, Gaudí concibe el espacio arquitectónico de esta escuela desde un compromiso social por la educación de los más jóvenes y, al mismo tiempo, alineado en su diseño con las nuevas corrientes pedagógicas del momento.
Gaudí diseñó ingeniosos espacios para impartir aulas al aire libre, con techumbres hechas de boj que ofrecían un espacio de sombra sin aislar del entorno; un jardín que rodeaba la escuela, donde los niños podían cultivar especies vegetales; y el llamado “estanque de la geografía”, una balsa circular con arena donde los niños modelaban las formas del relieve terrestre e introducían agua para imitar los ríos y océanos.
Respeto por la infancia
Varias biografías y testimonios recogen algunas escenas de las visitas que Gaudí preparaba con esmero para los niños de esta escuela a las obras del templo. Sin duda, tenía una relación de profundo respeto por la infancia y su vínculo con los niños, se forjaba semanalmente, visita tras visita.
Durante estas visitas, Gaudí les explicaba las imágenes del templo, les mostraba el taller de los artesanos, les enseñaba su propio estudio y les invitaba a tocar y observar desde diferentes ángulos las maquetas funiculares: modelos experimentales en los que ponía a prueba la estabilidad de sus nuevas estructuras frente a la fuerza de la gravedad. Según describe la investigadora y experta en Gaudí, Chiara Curti, un detalle que muestra la importancia que tenían estas visitas, subyace en el hecho de que el arquitecto llegó a regular los andamios para que fueran transitables por los niños y pudiesen observar mejor el avance de las obras. Con este recorrido, los más pequeños podían descubrir, de primera mano, el método de investigación y el trabajo creativo de Gaudí. Les mostraba que su forma de diseñar era un proceso experimental donde exploraba soluciones innovadoras a través del ensayo y el error. De este modo, los pequeños comprendían que el conocimiento no se transmite de manera pasiva, sino que aprendemos haciendo, explorando e interactuando con el entorno y con los demás. Este enfoque les transmitía una filosofía de vida en la que equivocarse era parte esencial del aprendizaje.
En esta aproximación, la escuela se había extendido y había desbordado sus propios límites convirtiendo el templo de la Sagrada Familia en escuela. Hoy, el Museo Casa Botines Gaudí prolonga esta visión, y se erige como un espacio vivo para el aprendizaje, laboratorio de experimentación conectado con la comunidad, la cultura y el entorno.
Porque Antonio Gaudí no solo construyó edificios sostenibles y duraderos para el futuro. También aportó una visión de futuro, dedicando su esfuerzo a quienes sabía que lo harían posible.
Nadia Teixeira, responsable de Educación del Museo Casa Botines Gaudí
