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Carnaval en León

La noche ancestral toma León

Guirrios, toros, madamas, jurrus y castrones se muestran por el centro de León para ahuyentar los malos espíritus, sacudir el invierno y llamar a la fertilidad de la tierra | El sonido metálico de los cencerros marca el ritmo de una tradición que, lejos de diluirse, volvió a convocar a generaciones enteras

Y en el medio de la noche, seres desconocidos se han apoderado de la ciudad. El corazón de León se ha encerrado este miércoles entre personajes míticos, muchos desconcertantes, otros aparentemente amables, algunos con un punto aterrador, pero todos singulares, tradicionales y únicos.

Guirrios, toros, madamas, jurrus y castrones avanzaron entre el público con su particular lenguaje simbólico: ahuyentar los malos espíritus, sacudir el invierno y llamar a la fertilidad de la tierra. El sonido metálico de los cencerros marcó el ritmo de una tradición que, lejos de diluirse, volvió a convocar a generaciones enteras.

Diez pueblos y una misma raíz

Ante la mirada de cientos de leoneses, miles por momentos, el desfile reunió a cerca de medio millar de participantes procedentes de distintos puntos de la provincia, que representaron a diez localidades de comarcas como el Órbigo, La Cabrera, la Montaña y El Bierzo. 

Sobre el asfalto de la capital se dieron cita el Antruido de Riaño; los antruejos de Velilla de la Reina; los Jurrus y Castrones de Alija del Infantado; Cimanes del Tejar; Carrizo y Alcoba de la Ribera; el Entroido de Pombriego; Las Burras y El Toro de Tremor de Arriba y Espina; el carnaval tradicional de Pozos de Cabrera y los Zafarrones de Riello.

Cada grupo aportó su estética, su gesto ritual y su manera de entender el carnaval de invierno, componiendo un mosaico único de tradiciones que raramente coinciden en un mismo espacio.

Un recorrido convertido en escenario

La comitiva, que partió del Palacio de Exposiciones, y avanzó por la avenida Palencia hasta la glorieta de Guzmán, continuando por Ordoño II y la plaza de Santo Domingo. un largo itinerario para concluir en la plaza de San Marcelo, donde, ya con el desfile completado, los grupos ofrecieron una demostración conjunta de sus ritos ante un público que llenaba cada tramo del recorrido.

Las calles se transformaron así en un gran escenario popular, con espectadores apostados en aceras y plazas, muchos de ellos conocedores de las mascaradas, otros descubriéndolas por primera vez.

Tradición viva y compartida

La cita, tradicional y un éxito de principio a fin, permitió a los antruejos leoneses mostrarse ante una ciudad que les recibe año tras año con los brazos abiertos. 

La noche,  ancestral y ritual, dio rienda suelta a la tradición pero al mismo tiempo a la imaginación de todos y cada uno de los espectadores de esta cita única y singular.