Testigo directo | "Mi alcalde vino con plásticos y sacos de arena para salvar la casa"
La crecida del río Tuerto tras el alivio del pantano de Villameca se vivió de forma especialmente tensa en pequeñas localidades de La Cepeda. En Revilla, María Jesús González-Espejo, propietaria de la casa rural La Madrigata, comprobó en primera persona cómo una emergencia real podía desarrollarse sin que existiera una alerta directa para los vecinos. La advertencia no le llegó por canales oficiales, sino tras una búsqueda personal en internet.
González-Espejo explica que ese día había notado el río más alto de lo habitual, aunque sin signos aparentes de peligro inmediato. “Había agua, se notaba que el río venía crecido, pero no parecía una situación extrema”, recuerda. Decidió desplazarse a Astorga y fue allí donde una sensación de inquietud la llevó a consultar información hidrológica en su teléfono móvil.
El pantano en rojo
En la web de la Confederación Hidrográfica del Duero localizó un mapa interactivo que mostraba el estado de los embalses. “Encontré que el pantano de Villameca estaba en alerta roja. Nadie me había avisado, lo descubrí yo sola, por intuición”, señala. Esa información marcó un antes y un después en la jornada.
La primera reacción fue avisar al alcalde de su municipio. “Le escribí un WhatsApp inmediatamente. Me llamó al momento y me confirmó que el riesgo era real”, relata. La respuesta municipal fue rápida y personal.
La reacción vecinal
El alcalde acudió a Revilla acompañado de otros dos vecinos, con plásticos y sacos de arena. Entre todos protegieron la entrada de la vivienda rural. “Gracias a eso el agua no entró en la casa. Estoy profundamente agradecida”, afirma González-Espejo, que subraya el compromiso personal del regidor y de los vecinos.
Sin embargo, matiza que el desenlace positivo no puede ocultar una carencia estructural. “Funcionó gracias a las personas, no gracias al sistema”, resume. A su juicio, la emergencia se resolvió por improvisación y buena voluntad, no por un protocolo eficaz.
El papel del alcalde
La vecina de Revilla insiste en que el alcalde actuó de forma ejemplar, pero rechaza que esa sea la base de un modelo de protección civil. “Un alcalde no puede estar atendiendo los WhatsApps uno a uno en una emergencia. Su función es coordinar, tomar decisiones, gestionar recursos. No puede ser el eslabón que falta en la cadena de información”, advierte.
Desde su experiencia, defiende que la información crítica no puede depender de que un vecino consulte una web concreta ni de que un responsable municipal esté disponible en ese momento.
Un sistema de alertas automáticas
González-Espejo propone un modelo sencillo y directo. “Cuando la Confederación detecta que un embalse entra en nivel de riesgo, esa información debería activar automáticamente un aviso a todos los vecinos río abajo”, explica. Defiende mensajes claros y directos al móvil, mediante SMS, WhatsApp o Telegram, con datos prácticos: nivel de riesgo, previsión de subida del agua, tiempo disponible y medidas recomendadas.
“No sirve una nota de prensa ni una actualización en una web que nadie va a consultar en mitad de una jornada normal”, insiste. A su entender, la tecnología necesaria ya existe y su coste sería mínimo.
Formación antes de la emergencia
El segundo pilar de su reivindicación es la preparación previa de la población. “De nada sirve avisarme si cuando me avisan no sé qué hacer ni tengo los materiales básicos”, señala. Reconoce que el día de la crecida no contaba con plásticos ni sacos de arena y que dependió por completo de la ayuda externa.
Por ello reclama formación práctica para los vecinos de zonas inundables: protocolos claros, recomendaciones sencillas y conocimiento previo de qué elementos conviene tener en casa. “La ayuda institucional debería reservarse para las verdaderas emergencias, no para suplir la falta de información y formación”, resume.
Responsabilidades compartidas
La propietaria de La Madrigata defiende que el sistema debe implicar a todas las administraciones. La Confederación Hidrográfica, como gestora de los datos; las comunidades autónomas, a través de Protección Civil; y los ayuntamientos, como enlace directo con la población. “No es ciencia ficción ni una inversión millonaria. Es coordinación y voluntad”, afirma.
González-Espejo vincula lo vivido con otros episodios recientes, como los incendios forestales del año pasado. “Llegamos tarde a la información y actuamos a remolque. Parece que hay un patrón”, lamenta. En el medio rural, añade, esta carencia es especialmente peligrosa por el envejecimiento de la población, las distancias y las carreteras vulnerables.
Un compromiso con el territorio
Instalada en La Cepeda por decisión propia, González-Espejo recuerda que su proyecto de turismo rural es una apuesta vital. “Este territorio es mi hogar. Elegí quedarme cuando muchos se iban”, explica. El río Tuerto, añade, forma parte del valor paisajístico y emocional del lugar.
“No pido que nos protejan de la naturaleza, eso es imposible”, concluye. “Pido herramientas para convivir con ella con inteligencia, información y dignidad. Los que vivimos aquí lo merecemos igual que cualquier ciudadano”.