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Cuando la cecina se vendía a 6,20 reales

Cecina, memoria escrita de un sabor antiguo | De Columela al Quijote, la carne curada atraviesa siglos de historia y literatura con León como referente
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La cecina no solo forma parte del recetario tradicional del noroeste peninsular; también ha dejado huella en tratados agrícolas, crónicas costumbristas y grandes obras de la literatura universal.

La cecina no solo forma parte del recetario tradicional del noroeste peninsular; también ha dejado huella en tratados agrícolas, crónicas costumbristas y grandes obras de la literatura universal. Desde la Hispania romana hasta el Siglo de Oro, su presencia documentada revela la importancia económica, social y cultural de esta carne curada.

De la Hispania romana a los tratados agronómicos

Uno de los testimonios más antiguos aparece en la obra de Lucio Junio Moderato Columela (4 d.C.–ca. 70 d.C.), nacido en Gades, la actual Cádiz. Considerado el más relevante tratadista agronómico de la Antigüedad romana, Columela sistematizó los conocimientos agropecuarios en De Re Rustica. En el capítulo 55 de su tratado agrícola ya se menciona la preparación y conservación de carnes mediante técnicas de secado y salazón, antecedentes directos de la cecina.

Siglos después, en el Renacimiento, el agrónomo toledano Gabriel Alonso de Herrera incluyó referencias a la cecina y a la salazón en su Tratado de Agricultura General, donde detallaba métodos para conservar distintos tipos de carne, entre ellas la de vacuno.

La cecina en la literatura clásica

La presencia de la cecina no se limita a textos técnicos. En la literatura del Siglo de Oro también aparece como alimento cotidiano. Miguel de Cervantes la incorpora en Don Quijote de la Mancha, considerada una de las obras capitales de la literatura universal y reflejo de la España de comienzos del siglo XVII.

En la misma centuria, la novela picaresca La Pícara Justina recoge la cecina de vacuno entre las viandas ofrecidas en ventas y mesones a arrieros y viajeros. También el fabulista ilustrado Félix María de Samaniego la menciona en su fábula VIII, El ratón de la corte y el campo, como parte de los manjares descritos en el contraste entre ambos mundos.

León y el peso económico de la tradición

La vinculación de la cecina con León se documenta con especial fuerza en el siglo XIX. El escritor romántico Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) dejó constancia en sus relatos de las costumbres y productos característicos de la provincia, entre ellos la producción y el consumo de esta carne curada.

El Diccionario geográfico-estadístico-histórico de Pascual Madoz, publicado en 1847, aporta datos reveladores: en 1835 el kilo de cecina se pagaba a 6,20 reales en la Plaza Mayor de León. Además, el volumen anual citado alcanzaba 972 arrobas por habitante, lo que evidencia su notable presencia en la dieta y su relevancia en la actividad mercantil, con producto procedente de las aldeas que abastecían a la capital.

Un alimento que atraviesa los siglos

Desde los manuales agrícolas romanos hasta las novelas del Siglo de Oro y los registros estadísticos del XIX, la cecina aparece de forma constante como alimento apreciado y mercancía relevante. Más allá de su valor gastronómico, su rastro documental confirma que forma parte de una tradición que ha acompañado la historia económica y cultural de España, con León como uno de sus principales estandartes.