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Los maragatos que conquistaron Lugo desde la Puerta de San Pedro

El Museo de los Pueblos Leoneses en Mansilla de las Mulas acoge hasta el 10 de marzo, la historia de la saga Pérez-Carro, comerciantes llegados desde Santa Colomba de Somoza que, tras la tradición arriera entre Galicia y Madrid, sentaron las bases del comercio moderno en Lugo
Carmen Pérez-Carro 1
María del Carmen Pérez-Carro García.

El Museo de los Pueblos de Mansilla de las Mulas, que depende del Instituto Leonés de Cultura de la Diputación Provincial acoge hasta el 10 de marzo ‘Los maragatos de la puerta de San Pedro’, una exposición en torno a una familia maragata de comerciantes asentada en la ciudad de Lugo desde finales del siglo XIX -junto a una de las puertas de su muralla romana- y que acabaron por convertirse en una saga enormemente popular en esa capital.

Trashumancia y vocación comercial

La muestra cuenta la realidad histórica “de unas gentes, los maragatos, que, por necesidad y vocación, se dedicaron a una especial trashumancia entre la costa gallega y Madrid, transportando todo tipo de mercaderías en un tiempo de muy difícil conexión -comentó Julio Giz, presidente del Colectivo Egeria y responsable del proyecto-. Y que, cuando el ferrocarril rompe aquella tradición varias veces secular, muchos acabaron asentándose en los lugares que mejor conocían para dedicarse al comercio de productos básicos y poniendo, al menos en lo que a Galicia se refiere, las bases del moderno comercio”.

Una saga que hizo del trabajo su identidad

Julio Giz, que estuvo presente en la apertura de la muestra junto a Lucas Morán, director del Museo de los Pueblos Leoneses, y a Emilio Gancedo, coordinador de Proyectos del ILC, también explicó que los primeros maragatos de la saga protagonista de la exhibición “venían de Santa Colomba, en el corazón de Maragatería, y se estima que el primero de ellos, Tomás Pérez Carro, llegó a Lugo en 1880 después de licenciarse en el ejército, y allí se dedicó al comercio de jamones, instalándose en la parte exterior de la puerta de San Pedro para no tener que pagar los derechos de ‘fielato’ que eran percibidos por el ayuntamiento a la entrada de las puertas de la muralla”.

Pérez se casó en Santa Colomba en 1883 y su mujer, después, lo acompañó a Lugo. El hijo menor, Tomás Pérez García, incorporó los apellidos de su padre (Tomás Pérez-Carro García) para continuar la tradición familiar y, ya en la tercera generación, la hija menor de Tomás conserva el mismo doble apellido: María del Carmen Pérez-Carro García. Trabajadores por excelencia, conocedores profundos del arte de comerciar, hicieron norma de la afirmación que surgía ante un posible establecimiento.