"Trabajo en la música, el bar y el campo: he cerrado muchos conciertos subido en el tractor"
Seguramente usted no lo sepa, pero si en algún momento de su vida ha pasado por el Espacio Vías para asistir a un concierto de su banda favorita, es más que probable que deba darle las gracias a Álvaro Ferrero. Este leonés, de Pobladura de Pelayo García afincado en Santa María del Páramo, que creció entre los bafles y los platos del pub Alba que regentaban sus padres (ahora sigue tras la barra del bar Ferrero en Pobladura) y que comparte la pasión por la música con su trabajo en el campo, es uno de los grandes promotores musicales de la provincia de León y a él se debe el paso por los escenarios de la ciudad y la provincia de algunas de las grandes bandas de rock del panorama estatal e internacional.
Este verano, además, se cumplirán 30 años del primer Pobladura Rock, el pionero festival que puede presumir de ser uno de los más longevos de España y que comenzó bajo la batuta de un entonces imberbe Ferrero. Y aunque ya no está al frente de la organización, ahora en manos de la comisión de fiestas, parece que cuenta con dignos sucesores: apunten la fecha, 5 de junio, porque para celebrar la efeméride llegará hasta el Páramo leonés una de las bandas más importantes de la historia del rock patrio, los incombustibles sevillanos Reincidentes, que estarán acompañados por los leoneses Lionsway.
Pobladura Rock: 30 años de un festival pionero
“Con un amiguete del pueblo dijimos, ya está bien de solo vaquillas en las fiestas (del Corpus), hay que meter otras cosas… y ahí sigue el Pobladura Rock 30 años después; no creo que haya otro pueblo en España de ese tamaño que tenga un festival estable y profesional desde hace tanto tiempo”, explica Ferrero quien recuerda que en aquel entonces “contrataba lo que más me gustaba a mí y lo que estaba a mano”. Así fue como Versículo III, mítica banda de hard-rock formada en la vecina Hospital de Órbigo a finales de los 80, inauguró el escenario del festival de Pobladura. “Nacho Madrid, el bajista, era del pueblo”, rememora para apostillar que “ahora sigue tocando con sus hijos y es una pasada lo que hacen”.
Las primeras anécdotas de la enciclopedia del rock que es Ferrero nacen precisamente en su pueblo natal al calor de este festival. Tras el inusitado éxito de aquella primera experiencia, para el segundo año buscaron una gran banda, que finalmente fue Sex Museum, aunque para el inquieto promotor ese año siempre será recordado como el “año en que casi viene Dover”.
'El año en que casi viene Dover'
La historia, según la recuerda, fue algo así. Ferrero tenía un amigo que trabajaba en la discográfica Subterfuge, que acababa de lanzar el (hoy imprescindible) ‘Devil came to me’ de los madrileños, todavía desconocidos para el gran público, pero cuyo sonido ya había “volado la cabeza” de los más audaces promotores. “Lo recuerdo perfectamente, nos costaba 225.000 pesetas (lo que hoy serían poco más de mil euros) traerlos. Fuimos al Ayuntamiento y le propusimos Dover, Sex Museum o The Viboras. Le pusimos el disco de Dover al concejal y dijo que todo bien pero que no les conocía nadie, así que prefirió a los Sex Museum”.
Desde entonces una pléyade de bandas han ido pasado por este pequeño pueblo leonés. El año pasado, pese “a que fue poquita gente”, subieron al escenario No Konforme y Alas de Mosca. Y Ferrero recuerda con especial cariño a bandas como Sober, Sexy Sadie o Los Coronas. Con estos último pasó algo “gracioso” también. Ferrero tenía amistad con la banda y ya había cerrado su paso por el pueblo, pero tenían otro bolo cerrado y la promotora no estaba por la labor de hacer doblete, así que “se cambiaron el nombre por Refresh Drink para poder venir a tocar a Pobladura”. Cosas del rock. “Así fuimos empezando. De aquella ya montar un solo concierto al año era titánico, las cosas funcionaban con un fax y las bandas te enviaban los riders por carta en cassette, era una locura”.
De "sufrir" con The Charlatans a la amistad con La M.O.D.A.
La trayectoria de Ferrero como promotor musical es larga y sería casi imposible enlistar a todas las bandas con las que ha trabajado. También los festivales que ha liderado o en los que ha tenido voz como director artístico. Desde el gran Purple Weekend (donde recuerda “sufrir” con el tour manager de The Charlatans), hasta el Mundo Ético en León con Ocean Colour Scene, o el Supersónica en Valencia de Don Juan con el último concierto que se recuerda de El Columpio Asesino por estos lares, por citar solo algunos.
Recuerda perfectamente cuando dio el “salto” a León y se atrincheró en el Espacio Vías. Primero con otros socios, luego en solitario. A los burgaleses de La M.O.D.A., que hoy llenan estadios y con quien les une una vieja amistad, ya los trajo Ferrero a León en 2014. Así fue como, junto a Ester Calzado, el ya promotor profesional se “soltó el pelo” y llegó incluso a traer a los antes mencionados Ocean Color Scene, emblemática banda del mejor brit-pop, generó en el que militó mucho años Ferrero pese a su enorme y ecléctico abanico de gustos musicales.
En mayo, al campo
Pero no todo es música. Los conciertos que programa tienen “temporadas” porque “en mayo me voy al campo y vuelvo a septiembre a León”. “Tengo una pequeña explotación 20 hectáreas que trabajo con mi hermano, así que paso buena parte del año con el tractor”. De hecho, “he cerrado muchos conciertos subido en el tractor”, reconoce entre risas. También regenta el bar 'Ferrero' de Pobladura, que sus padres abrieron "curiosamente el 6 del 6 del 66", toda una inesperada declaración de intenciones.
También es “crítico” con muchos de los movimientos de la ‘gran industria’ actual, convertida en “un conglomerado de grandes agencias con mucha pasta y fondos de dudosa legalidad que dominando los festivales, que ya de por sí son lo peor para la música, porque la música es para las salas y el circuito de invierno se está desmoronando por culpa de esta gente: ahora hay más festivales que pueblos y días de verano”.
Los festivales
No obstante, en este punto no duda en asegurar que “El Bierzo ha pasado a León por la derecha y por la izquierda” en cuanto a festivales, salvando el Monoloco que “va por otro lado”, y observa que “aunque pueden ser lo peor” también “pueden funcionar muy bien”, aunque es difícil en una provincia con la leonesa, con la galopante despoblación que “vacía” la ciudad en época estival. “Aquí los festivales funcionan con la gente que viene de fuera”.
Por suerte, dice, en León tenemos salas como Espacio Vías, “donde Ester Calzado es un motor incansable para que eso no sea una nave con tres funcionarios aburridos”; o El Gran Café con el “increíble Guiller, le besos los pies”, o el Babylon, donde “Iván hace un trabajazo”. “En León hay mucho, muchísimo, incluso a veces pienso que demasiado”, reconoce este entusiasta que echa en falta “más apoyo institucional” para el circuito de salas de toda la provincia, que reivindica con el fervor de un melómano.
Las espinitas
¿Y qué espinita tiene un grande como Ferrero? ¿A quién le gustaría traer? “Más que espinitas, tengo algún cuchillo de cocina”, bromea: “A León Benavente, que me gusta mucho, les traje una vez y luego me dijeron que no en el último momento, y por ir un poco más allá, a Paul Weller (The Jam)”.
Sea como fuere, para el próximo concierto al que vayan, sigan el consejo del promotor: “La música en directo es para disfrutar del momento. El que vaya a hablar a un concierto es un parguela”. Larga vida al rock.