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León despide el Carnaval con la quema de la sardina de trencadís inspirada en Gaudí

El Entierro de la Sardina concluye con la viuda del boquerón ardiendo ante cientos de leoneses en una ceremonia cargada de sátira, fuego y simbolismo

León puso esta anoche el broche final al Carnaval con la celebración del tradicional Entierro de la Sardina, un rito festivo que ha vuelto a reunir a cientos de personas en el centro de la capital. 

El acto culminó con la quema de la sardina carnavalesca —este año convertida en una vistosa pieza de trencadís— y con la simbólica viuda del boquerón ardiendo en la hoguera, sellando el paso del desenfreno carnavalero al recogimiento de la Cuaresma.

El fuego purificador marcó así el final de las fiestas, en un ambiente entre lo solemne y lo burlón, fiel al espíritu satírico que define esta tradición.

Una sardina de trencadís como guiño a Gaudí

La gran protagonista del desfile fue una sardina muy especial. Lejos de los modelos convencionales, la figura estaba elaborada en trencadís, la técnica del mosaico fragmentado, como homenaje al arquitecto Antonio Gaudí, coincidiendo con el centenario de su fallecimiento.

Durante el recorrido, no faltaron los habituales obispos satíricos, monaguillos y viudas carnavalescas, cuyos lamentos exagerados y gestos teatrales arrancaron sonrisas entre los asistentes mientras acompañaban el “cadáver” de la sardina hasta su destino final.

Sátira, coplas y crítica social

El cortejo fúnebre atravesó las calles del casco histórico hasta llegar a la Plaza de San Marcelo, donde se procedió a la lectura del tradicional testamento de la sardina. 

En sus coplas no faltaron las alusiones irónicas a la actualidad local y política, manteniendo viva la función crítica y reivindicativa que caracteriza al Carnaval leonés.

Entre risas, abucheos cómplices y aplausos, el público asistió a la representación de este “funeral” festivo que, año tras año, convierte la despedida de la fiesta en un espectáculo colectivo.

El fuego purificador y el inicio de la Cuaresma

El acto concluyó con la quema de la sardina y de la viuda del boquerón, rodeadas por una multitud que presenció en silencio y con expectación cómo las llamas consumían los últimos restos del Carnaval. Con el fuego se simbolizó, una vez más, la purificación y el abandono de los excesos para dar paso al tiempo de reflexión del Miércoles de Ceniza.

Tras la hoguera, muchos asistentes compartieron las tradicionales viandas —pan, vino y sardinas— como último gesto festivo antes de la llegada de la Cuaresma, cerrando así un Entierro de la Sardina que se impuso al frío reinante.